Pandemia incrementa los riesgos de abusos para los niños de Jamaica

Un grupo de escolares recibe clases de una maestra en una comunidad de bajos recursos de Kingston, la capital de Jamaica. Para ello, la docente improvisó pizarrones en las paredes para que sus alumnos sigan instruyéndose pese al cierre de las escuelas por la pandemia de covid. Foto: Kate Chappell
Un grupo de escolares recibe clases de una maestra en una comunidad de bajos recursos de Kingston, la capital de Jamaica. Para ello, la docente improvisó pizarrones en las paredes para que sus alumnos sigan instruyéndose pese al cierre de las escuelas por la pandemia de covid. Foto: Kate Chappell

En las escuelas de Jamaica, los patios están desiertos, no se escuchan los habituales gritos de juegos y alegría, las pizarras permanecen limpias y los uniformes cuelgan sin arrugas en los armarios. Cuando se detectó el primer caso de covid a principios de marzo, el gobierno cerró las escuelas primarias y secundarias y más de 500 000 niños y adolescentes pasaron al aprendizaje a distancia.

La mayoría de las escuelas de este país del Caribe insular sigue sin reanudar las clases presenciales desde el 10 de marzo.

En todo el mundo, 1600 millones de escolares están fuera de sus centros educativos como resultado de la pandemia, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Es esta ausencia masiva la que los expertos señalan como una de las principales explicaciones del aumento de casos de abuso físico, psicológico y sexual de menores. Los expertos aseguran que incluso cuando los niños no están directamente en peligro por parte de sus cuidadores o personas en su comunidad, están sufriendo los efectos de la pandemia.

Casi un año después de que estallara la crisis mundial por el coronavirus, han muerto en el mundo a causa de la pandemia más de un millón 665 000 personas, según datos de la estadounidense Universidad John Hopkins de este viernes 18, y más de 75 millones de personas se han contagiado.

En medio, los efectos en los niños de la pandemia, apenas comienzan a ser descubiertos. Sin embargo, lo que ya está claro es que los niños, especialmente los que viven en la pobreza, están sufriendo en muchos niveles y, a menudo, no hay a dónde acudir.

“Lo que hemos escuchado de nuestros asociados es que, aunque no hay datos concretos en este momento, los trabajadores sociales y los trabajadores comunitarios están viendo un aumento en los incidentes de abuso y de violencia” en la población infantil, dijo  Janet Cupidon Quallo, especialista en protección infantil de  Unicef Jamaica.

“Lo que es aún más preocupante es que algunos de los niños están experimentando estas cosas, no pueden acceder a las personas que, en circunstancias normales, habrían ido a presentar una denuncia o un informe para ayudarlos en una situación », añadió.

La falta de un punto de contacto es uno de los desafíos, dijo Quallo. “Nos damos cuenta del alcance y la importancia de que la escuela proporcione ese ancla en términos de los aspectos psicosociales de su vida”, analizó.

Para los niños que sufrían algún tipo de abuso, antes de la pandemia, estaban bajo la atenta mirada de un orientador, un maestro o incluso alguien de la comunidad. Ahora, los niños están aislados y no pueden comunicarse tan libremente como podían hacerlo antes de la pandemia.

Están muy cerca de sus maltratadores y abusadores, a menudo sin supervisión. O, si los cuidadores son conscientes del abuso, es posible que no quieran correr el riesgo de salir de su entorno y contraer la enfermedad para denunciar a la policía o alguna persona con autoridad para ayudarles.

Las posibilidades de ser maltratados, acosados y abusados ​​también aumentan a medida que los padres y los cuidadores experimentan un mayor estrés económico y emocional por la pérdida de ingresos o trabajo, y muchos lo descargan con los niños.

Además, con más tiempo dedicado a los dispositivos electrónicos, los niños están en línea durante más horas, lo que los pone en riesgo de acoso cibernético o de ser atacados por depredadores.

En medio de todos estos grandes riesgos, hay menos o incluso ningún lugar para que los niños informen lo que les está sucediendo.

Las escuelas son un espacio seguro para los niños vulnerables, asegura Diana Thorburn, directora de investigación del Instituto Caribeño de Investigación Política (Capri, en inglés), acaba de finalizar un informe sobre el efecto socioeconómico de la pandemia en los niños, encargado por Unicef.

“Pasar más tiempo en casa pone a los niños en mayor riesgo de ser abusados ​​por un familiar o cuidador », destaca, y agrega que a eso se une que las escuelas suelen ser una fuente de alimentación  y también de información sobre el cuidado personal.

Diahann Gordon Harrison, defensora de la Infancia de Jamaica, una oficina que se creó en 2006 como una comisión del Parlamento destinada a proteger los derechos de la niñez, probablemente estaría de acuerdo con esta conclusión.

“Existe el problema de tener niños que viven en entornos desagradados, que pueden vivir con su agresor si son víctimas de abuso », dijo.

Detalló que en esos casos los niños “están casi atrapados, sin una salida para divulgar su caso”.

De hecho, Harrison informa que durante el período de mayo de 2019 a mayo de 2020, hubo una disminución de 76 por ciento en las denuncias a su oficina. También señala que los informes de enero y febrero de 2020 los informes sobre abuso infantil tendían a mostrar un incremento sobre el mismo periodo del año precedente.

En este país antillano de 2,7 millones de habitantes, la gubernamental Agencia de Servicios Familiares y de Protección Infantil recibe 15 000 denuncias de abuso al año en promedio.

A nivel mundial, otro estudio de Unicef ​​confirma la realidad de que los niños carecen de un mecanismo para denunciar casos de abuso.

La agencia de las Naciones Unidas Encontró que 1800 millones de niños viven en los 104 países donde los servicios de prevención y respuesta a la violencia se han visto interrumpidos debido a la covid.

Es posible que los niños no puedan denunciar el abuso porque no tienen acceso a un teléfono, o no quieran que  padres o cuidadores los escuchen o no tengan crédito telefónico.

Betty-Ann Blaine, fundadora de la organización jamaiquina Hear the Children Cry (Escuchar a los niños llorar), que se centra en los niños desaparecidos, dice que su organización nunca ha visto tan baja la cantidad de informes sobre situaciones de desapariciones infantiles.

Antes del estallido de la pandemia, contó, su organización recibía hasta 150 informes de niños desaparecidos por mes, pero “desde que comenzó la covid, los números se han reducido a la mitad. Nunca habíamos visto una cifra tan baja desde que comenzamos a rastrear el problema”.

“Cuando escuchamos que las escuelas iban a cerrar en todo el país, comenzamos a preocuparnos porque por los muchos años de experiencia sabemos que cuando los niños no asisten a la escuela, se vuelven más vulnerables a ciertos tipos de peligros », dijo Blaine, quien preciso que entre esos peligros están el abuso físico y sexual.

“El otro gran problema que nos preocupa es la falta de acceso a la educación formal”, planteó.

Blaine puntualizó en ese sentido que de los niños escolarizados “hasta 60 por ciento no ha tenido ninguna educación formal desde el cierre de las escuelas”.

Ello obedece, en parte, detalló, a que “las clases pobres y trabajadoras principalmente no tienen acceso a dispositivos (electrónicos), no tienen tampoco acceso a conectividad ni conexión inalámbrica, y algunos viven en comunidades sin siquiera banda ancha”.

Harrison, la defensora de la Infancia, consideró por su parte que además del obvio abuso, los impactos negativos de la pandemia sobre los niños son multifacéticos.

Los resultados de las pruebas educativas preliminares realizadas desde que comenzó la pandemia son negativas, dijo.

Además, añadió, algunos niños están viendo congelados aspectos básicos para su desarrollo, como los controles médicos de rutina, ya que sus padres no pueden pagarlos tras quedar desempleados.

Eso, por no hablar del daño emocional, debido a factores de estrés propios y de su entorno por el brusco cambio de vida. “Hay muchos adultos y padres sobrepasados, y los niños lo sienten y se alimentan de ese frenesí”, dijo Harrison.

Las estadísticas compiladas por Capri para el informe de Unicef muestran que la pobreza ha sido una amplificadora insidiosa de los impactos negativos de la pandemia.

En Jamaica, ocho de cada 10 hogares con niños experimentaron una reducción en los ingresos, cifra aún mayor para los hogares encabezados por mujeres, aquellos en áreas rurales y en aquellos con un estatus socioeconómico más bajo.

El estudio también encontró que debido a las restricciones de la pandemia, poco menos de 45 % de los hogares han experimentado escasez de alimentos.

Esos segmentos son los que más han sido impactados por una caída de la economía este año de 10 por ciento.

“Me preocupa que los niños se sientan abandonados, indefensos, impotentes, porque ¿a quién llaman? ¿Cómo se va a hacer esto? Hay más preguntas que respuestas”, dijo Blaine.

T: MF. RV: EG

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