Morir en el parto es una tendencia en Zimbabwe

Zimbabwe lucha por frenar las muertes por maternidad. Crédito: Jeffrey Moyo/IPS
Zimbabwe lucha por frenar las muertes por maternidad. Crédito: Jeffrey Moyo/IPS

El traslado en carretilla de sus tres esposas embarazadas para que den a luz en una clínica local se convirtió en una rutina a lo largo de los años para Albert Mangwendere, de 47 años y habitante de Mutoko, una localidad 143 kilómetros al este de Harare, la capital de Zimbabwe.

Pero esta rutina no siempre es una fuente de alegría.

«En los últimos 20 años he trasladado a mis esposas embarazadas en carretilla porque no tengo una carreta grande. En total perdimos a 12 bebés durante los viajes a la clínica», informó Mangwendere a IPS.[pullquote]3[/pullquote]

Su caso representa la creciente crisis de maternidad que padece este país de África austral de 13,5 millones de habitantes.

Se calcula que 3.000 mujeres mueren cada año en este país durante el parto y que al menos 1,23 por ciento del producto interno bruto se pierde anualmente debido a complicaciones en la salud materna, según el estudio La mortalidad materna en Zimbabwe, publicado por la representación local de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 2013.

El estudio añade que las muertes maternas aumentaron 28 por ciento entre 1990 y 2010, principalmente debido a infecciones bacterianas, rotura uterina, insuficiencia renal y cardíaca, así como hiperémesis gravídica, una condición caracterizada por náuseas, vómitos y pérdida de peso durante el embarazo.

Este año, el gobierno destinó 301 millones de dólares al sector de la salud, informó el diario Newsday.

«Eso significa que el gobierno tiene la intención de gastar en promedio poco más de 22 dólares por persona este año. Compare esto con los 650 dólares de Sudáfrica, los 390 dólares de Botswana y los 200 dólares de Angola», añadió el medio.

Además del insuficiente sistema de transporte público, también está el problema de las tarifas que les cobran a las embarazadas los centros de salud, afirman organizaciones activistas.

«En 2012, el gobierno elaboró y adoptó una política para eliminar las tarifas de los servicios por maternidad”, explicó a IPS la directora de la Red de Acción Diálogo de la Juventud, Catherine Mukwapati.

«Pero a pesar de esta política, algunos centros siguen cobrando tarifas por servicios indirectos, lo cual ahuyenta a muchas embarazadas de los hospitales y clínicas y las deja en manos de las parteras de menor calificación”, señaló.

«Las clínicas… no tienen más remedio que cobrar 25 dólares” por los servicios de “maternidad ya que no han recibido dinero del gobierno», aseguró el director de los servicios sanitarios de Harare, Stanley Mungofa.

Chipo Shumba, de 28 años, con su única hija. La joven perdió a seis más al dar a luz. Crédito: Jeffrey Moyo/IPS
Chipo Shumba, de 28 años, con su única hija. La joven perdió a seis más al dar a luz. Crédito: Jeffrey Moyo/IPS

El costo real de la prestación de los servicios de maternidad en las clínicas asciende a 152 dólares, precisó el funcionario. En los hospitales públicos, como el de Parirenyatwa en Harare, el costo de un parto normal es de 150 dólares, mientras que la cesárea cuesta hasta 450 dólares.

En un intento por reducir los altos costos de maternidad de los hospitales y clínicas públicas, un grupo de donantes prometió 435 millones de dólares para el sistema de salud en el período 2011-2015. El denominado Fondo de Transición de la Salud fue dirigido por el Ministerio de Salud y administrado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

El Fondo ayuda a retener al personal calificado al aumentar los salarios más bajos. Los médicos mal remunerados constituyen una gran parte de la «fuga de cerebros» del país, que en la actualidad solo cuenta con 1,6 médicos cada 10.000 personas.

En el ámbito rural, donde viven Mangwendere y sus esposas, no se aplican tarifas, pero hay otros obstáculos que resultan insuperables para obtener atención. Las clínicas y los hospitales suelen estar lejos de quienes necesitan asistencia, una de las principales causas de las muertes por maternidad.

Por último, la corrupción sistémica también afecta a los sistemas de atención sanitaria. La organización no gubernamental Transparencia Internacional, con sede en Berlín, denunció que un hospital de Zimbabwe cobraba a las futuras madres cinco dólares cada vez que gritaban al dar a luz.

Un 62 por ciento de los zimbabuenses informaron que habían pagado un soborno en el año anterior, señaló la organización en su informe de 2013 sobre la corrupción mundial.

El sector de la salud de Zimbabwe fue uno de los mejores de África subsahariana en la década de los 80, pero casi se derrumbó cuando la crisis económica provocó una hiperinflación de más de 230 millones por ciento en 2008. En los años siguientes, la subinversión crónica agravó la situación.

La mortandad materna crece a pesar de que el quinto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)  estipuló que para fines de este año,  los países debían reducir sus tasas de mortalidad materna en 75 por ciento, con respecto a los niveles de 1990.[related_articles]

Un informe de 2012 sobre la situación del cumplimiento de los ODM en Zimbabwe evidenció que es poco probable que el país alcance su meta de reducir la tasa de muertes maternas a 174 por cada 100.000 nacidos vivos.

En la investigación llevada a cabo en 2013 para abordar los motivos de las muertes maternas, el Ministerio de Salud y Cuidado Infantil señaló que las principales causas son el sangrado excesivo después del parto y los abortos inseguros, aunque no proporcionó la información correspondiente.

«Las estadísticas sobre las muertes maternas suelen excluir la triste realidad de muertes similares en zonas remotas inaccesibles donde las embarazadas y los niños mueren a diario sin que estos casos se registren en alguna parte”, denunció Helen Watungwa, una partera en una clínica de Gweru, la capital de la provincia de Midlands, a 222 kilómetros de Harare.

«En cualquier caso, con los limitados recursos que tenemos como enfermeras, estamos haciendo todo lo posible para salvar las vidas de las madres y los bebés», aseguró a IPS.

«Es realmente un milagro que podamos sobrevivir a una serie de embarazos mientras luchamos para dar a luz, con frecuencia en camino a la clínica, sangrando abundantemente y sin ninguna persona experta que nos asista, solo con nuestro esposo que nos lleva… en una carretilla», exclamó Mavis Handa, de 28 años y una de las esposas de Mangwendere.

Edición de Lisa Vives y Phil Harris / Traducción de Álvaro Queiruga

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