Éxodo de refugiados pone en riesgo metas de desarrollo en India

En el campamento de refugiados Serfanguri, en Kokrajar, las carpas no alcanzan para albergar a las 2.000 personas que llegaron el 23 de diciembre. Esta aloja a 25 mujeres y niños. Crédito: Priyanka Borpujari/IPS
En el campamento de refugiados Serfanguri, en Kokrajar, las carpas no alcanzan para albergar a las 2.000 personas que llegaron el 23 de diciembre. Esta aloja a 25 mujeres y niños. Crédito: Priyanka Borpujari/IPS

La lona, estirada y atada a postes de bambú, alcanza la extensión de una camioneta grande. Sin embargo, cerca de 25 mujeres, niños y niñas duermen al abrigo de estos refugios improvisados en varios campamentos de refugiados en esta localidad del estado de Assam, en el noreste de India.

Los aproximadamente 240.000 refugiados en 118 campamentos, dispersos en tres distritos de Assam, huyeron de sus viviendas después de que un ataque mató a 81 personas.

Se trata de una crisis humanitaria de grandes proporciones, denuncia el Centro Asiático para los Derechos Humanos, ya que constituye uno de los mayores desplazamientos derivados de conflictos armados en este país.

La situación refleja la incapacidad de India para alcanzar este año los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y sugiere que la violencia que afecta al país será un obstáculo para satisfacer las necesidades básicas de sus más de 1.200 millones de habitantes.

Situación atroz

El 23 de diciembre, la facción armada del Frente Democrático Nacional de Bodoland, Songbijit, que lucha por la independencia del pueblo bodo en Assam, atacó a varios pueblos habitados por la comunidad adivasi.

Los ataques tuvieron lugar en zonas delimitadas como Distritos de la Autoridad Territorial de Bodoland, que se rigen por el Consejo Territorial de Bodoland.

La comunidad adivasi que reside aquí está integrada por varios grupos indígenas que llegaron a Assam de India central, en el año 150 de nuestra era, y centenares más fueron llevados por la fuerza al estado por los colonos británicos para trabajar en las plantaciones de té.

Este niño, residente del campamento Serfanguri, padece una infección de la piel. Su madre dice que aún no ha recibido medicamentos de la Misión Nacional de Salud Rural. Crédito: Priyanka Borpujari/IPS
Este niño, residente del campamento Serfanguri, padece una infección de la piel. Su madre dice que aún no ha recibido medicamentos de la Misión Nacional de Salud Rural. Crédito: Priyanka Borpujari/IPS

Los enfrentamientos entre las comunidades de adivasis y bodos en 1996 y 1998, en el que habrían muerto entre 100 y 200 personas, todavía les generan pesadillas a los sobrevivientes.

Eso explica por qué la mayoría de los refugiados en los 118 campamentos se niegan a regresar a sus hogares.

Aunque las tiendas de campaña parecen la opción más segura a corto plazo, las condiciones de vida aquí son deplorables y el gobierno pretende reubicar a los refugiados a un lugar más permanente.

El campamento en la aldea Serfanguri, en Kokrajar, carece de todos los servicios básicos de agua y saneamiento necesarios para la supervivencia. Cada una de las tiendas de campaña llega a alojar a 25 mujeres y niños.

«Los hombres duermen en otra carpa o se mantienen despiertos por la noche, para protegernos. Solo a causa del frío podemos, de alguna manera, pasar toda la noche en un espacio tan atestado», explica Maino Soren, del pueblo de Ulghutu, donde los habitantes huyeron con lo puesto luego de un ataque en el que resultaron quemadas cuatro casas.

Ahora hay una grave escasez de artículos de primera necesidad, como mantas, para ayudar a pasar el invierno, indicó a IPS.

La violencia interrumpió la educación de cientos de niños y niñas refugiados. Crédito: Priyanka Borpujari/IPS
La violencia interrumpió la educación de cientos de niños y niñas refugiados. Crédito: Priyanka Borpujari/IPS

Metas incumplidas de los ODM

En este país con 17 por ciento de la población mundial, la violencia recurrente y el posterior desplazamiento generan una enorme presión en las arcas del Estado.

Una y otra vez, los gobiernos deben lidiar con poblaciones de refugiados que sacan a relucir grandes lagunas en el historial de desarrollo de India.

Fuera de sus tiendas improvisadas en Kokrajar, niños con bajo peso y visiblemente desnutridos intercambian galletas por bolas de azúcar de palma y arroz.

Niñas de apenas siete años cargan ollas con agua sobre sus cabezas desde los pozos de agua hasta el campamento, tambaleándose bajo el peso de los recipientes. Otras ayudan a sus madres a lavar ollas y sartenes.

Es poco probable que India alcance el ODM que la obliga a reducir a 26 por ciento la cantidad de niños y niñas con peso bajo para ese año. Según las últimas estadísticas, del período 2005-2006, la cifra real asciende a 40 por ciento de la población infantil.

Del mismo modo, cuando los datos del Sistema de Información sobre Educación en los Distritos muestran que el país alcanzó casi 100 por ciento de la enseñanza primaria de sus niños y niñas de seis a 10 años, hechos como los de Assam impiden que muchos niños continúen su formación, aunque puedan estar inscritos en las escuelas.

«Los niños de los campamentos están autorizados a ser admitidos en las escuelas públicas cercanas, pero no existe ninguna disposición para alimentar las bocas adicionales durante las comidas del mediodía. Así que los niños abandonan las aulas y su educación se ve afectada», explicó Anjuman Ara Begum, una activista social que estudió la situación de campos de refugiados por todo el país y contribuyó con los informes del oficial Centro de Monitoreo del Desplazamiento Interno.

Además, en los pueblos de Balagaon y Jolaisuri, donde se instalaron campamentos para alojar a adivasis y bodos, respectivamente, se informó de varios casos de muertes de bebés.[related_articles]

Muchos atribuyen esas muertes al frío, pero tras la visita a los campos quedó en evidencia que estos no ofrecían atención nutricional especial a las madres lactantes ni a las mujeres embarazadas.

Pronóstico sombrío para salud materno-infantil

Este panorama no es exclusivo de Assam. En toda India, la violencia y los conflictos armados comprometen seriamente la salud materno-infantil, algo que también priorizan los ODM.

Solo en el centro y este del país, unos 22 millones de mujeres viven en zonas propensas a los conflictos, donde el acceso a los centros de salud se ve limitado por la presencia de grupos armados y el personal de seguridad.

Esto a su vez complica los esfuerzos de India por reducir la tasa de mortalidad materna de 230 a 100 muertes cada 100.000 nacidos vivos.

También significa que, con toda probabilidad, el país no podrá cumplir este año el objetivo de reducir la tasa de mortalidad de los bebés en 13 puntos porcentuales, y la de  tasa de mortalidad de los menores de cinco años en cinco puntos.

Edición de Kanya D’Almeida / Traducción de Álvaro Queiruga

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