AFGANISTÁN: Atrayendo a la paz

Reunión de la shura (concejo) local de la aldea de Zarshay, en el valle de Kesht en la provincia Rayab. Crédito: Giuliano Battiston/IPS
Reunión de la shura (concejo) local de la aldea de Zarshay, en el valle de Kesht en la provincia Rayab. Crédito: Giuliano Battiston/IPS

Más de una década después de expulsado el movimiento islamista Talibán de Kabul, Afganistán sigue sumido en una guerra irregular. Es difícil negociar la paz, porque nadie sabe con quién hacerlo.

El asunto cobra relevancia en el marco de la reunión de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre cultura de paz, que se realizará el viernes 14 de este mes.

Mientras las autoridades hablan, la sociedad civil trabaja en el terreno.

Dirigentes políticos renovaron los esfuerzos de diálogo con grupos insurgentes, motivados por el vencimiento del plazo para el traspaso de la seguridad a manos de las autoridades afganas en 2014, cuando la mayoría de las fuerzas internacionales se retirarán del país.

Pero muchos activistas consideran que esos esfuerzos son infructuosos.
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"No soy optimista sobre la paz", dijo a IPS la presidenta de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Afganistán, Sima Samar.

"Hay una competencia negativa sobre la cuestión de la negociación, con demasiados actores tratando de cumplir su propia agenda y sin un mecanismo claro respecto de quién debe hablar con quién, sobre qué y para qué", apuntó.

"Creo que perdemos el tiempo, a menos que explicitemos los mecanismos mediante los cuales vamos a instalar la paz en el país y comprendamos quiénes son nuestros enemigos y quiénes, nuestros amigos", arguyó.

"Además, debemos hacer frente al conflicto no solo como un asunto político, sino también social. De lo contrario, corremos el riesgo de llegar a un acuerdo de corto plazo pero no a un proceso de reconciliación real y duradero", añadió.

"El clamor retórico de conversaciones sobre conversaciones llevó a una cantidad de iniciativas desesperadas y peligrosas del gobierno afgano y de sus aliados internacionales para atraer a los presuntos líderes insurgentes a la mesa de negociaciones", señaló Robert Templer, director de programa del Grupo Internacional de Crisis.

Los comentarios de Templer fueron realizados en marzo, cuando el ICG presentó el informe "Hablando de hablar: hacia una solución política en Afganistán".

Hay un lado internacional en esas iniciativas, según analistas, que responde a los intentos de las potencias regionales e internacionales de obtener cierta "soberanía" política sobre Afganistán, y otro interno, vinculado al legado de la guerra, que sigue incidiendo en la inestabilidad.

"En lo que respecta a los factores externos, es decir a la interferencia de potencias como Pakistán, Irán, Estados Unidos y otras, creo que la guerra afgana ya se volvió suya", dijo a IPS el director del Centro de Desarrollo y Sociedad Civil de Kabul, Mohammad Saeed Niazi.

"En cuanto a los factores internos, necesitamos paz social en vez de acuerdos políticos", arguyó.

"En las últimas décadas, la cultura de guerra penetró en lo profundo de nuestra mente. Necesitamos atraer la paz hacia nosotros, nuestras familias, nuestros grupos y comunidades locales. La falta de confianza mutua erosionó los lazos sociales, y necesitamos recuperar esa confianza y esos lazos", añadió.

Varias organizaciones afganas se concentran en proyectos para consolidar la paz a escala local.

"Si quieres paz y reconciliación debes comenzar movilizando a las comunidades, haciéndolas proactivas y dispuestas a formar parte de la construcción de un futuro compartido", dijo a IPS el director del no gubernamental Centro por la Paz y la Unidad (CPAU), Idrees Zaman.

"En nuestras investigaciones de campo observamos un vínculo entre los conflictos locales y nacionales, los primeros suelen estar instrumentados y politizados, y lentamente se vuelven fuente de conflictos mayores y más radicales", apuntó.

"Por eso organizamos una materia sobre educación para la paz en la escuela y proyectos de construcción de paz en las comunidades locales", añadió.

Hay otras organizaciones también trabajando para plantar semillas de paz con herramientas sociales.

"Los insurgentes arguyen tener capacidad para resolver y mediar en conflictos, y cuando obtienen la confianza de la gente, inevitablemente hay un cambio de poder y de autoridad hacia ellos, con consecuencias negativas", dijo a IPS el gerente de proyecto de The Liaison Office (TLO), Asif Karimi.

"Pero cuando las comunidades se vuelven capaces de resolver sus propios problemas, sin depender de autoridades externas, automáticamente eliminan las posibilidades para que los insurgentes fortalezcan su poder", añadió.

"De esa forma no solo se mitigan conflictos actuales, sino que se reducen las posibilidades de aparezcan otros en el futuro. Ese es nuestro objetivo cuando trabajamos con las comunidades", explicó Karimi

TLO trabaja en cuatro áreas: investigación, construcción de paz, justicia y creación de sustento.

Raz Mohammad Dalili, director general de Sanayee Development Organisation (SDO), dijo a IPS: "Decidimos concentrarnos en la construcción de la paz comunitaria en vez de atender cuestiones políticas de forma directa porque nuestra experiencia es que cuando autoridades, comandantes y diplomáticos suscriben acuerdos de paz sin un proceso consultivo y transparente, no duran".

Dalili añadió que esos pactos "causan más víctimas y abusos, y crean nuevas razones para enfrentarse una y otra vez".

Su organización, que fue creada en 1990 y es una de las más viejas de Afganistán, promueve la paz en las aulas.

"Hace poco comenzamos un proyecto de resolución de conflictos en las madrasas, escuelas religiosas, para trabajar con jóvenes estudiosos del Islam, quienes hasta ahora habían quedado aislados y marginados", contó Dalili.

"Estoy convencido de que la educación para la paz es un antibiótico para la sociedad. Ahora necesitamos esta medicina, cuyo principal ingrediente es la disposición a escuchar a la gente: una de las fuentes de conflicto es la enorme brecha entre el gobierno y la gente, y el origen de ese vacío es la falta de escucha y de herramientas para la mutua comunicación", dijo a IPS.

"Espero que llenamos ese vacío", añadió Dalili.

Ali Wardak, profesor ajunto de criminología de la Universidad de Glamorgan en Gran Bretaña, pero de origen afgano, suele viajar a su país a hacer investigación. El especialista señaló que pueden utilizarse herramientas sociales y culturales para lidiar con el Talibán.

"Los afganos que luchan son personas que sufrieron, que fueron marginadas o tienen quejas importantes, pero carecen de canales para ser escuchados", explicó.

"La guerra las radicaliza. El Talibán puede ser ‘reformado’. Un proceso de reforma lleva mucho tiempo, quizá 20 años, pero es hora de cambiar de estrategia", añadió.

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