América Central toca la puerta del desarrollo sustentable

América Central, un istmo entre los océanos Pacífico y Atlántico, soportó 259 eventos extremos de gran porte asociados al clima entre 1930 y 2009. Otros muchos, de menor escala, ni siquiera se han evaluado en sus efectos acumulativos.

Con la marca Utz'Ki (bueno y sabroso, en maya tz'utujil) campesinos de Guatemala venden productos orgánicos como miel, jaleas y champú Crédito: Danilo Valladares/IPS
Con la marca Utz'Ki (bueno y sabroso, en maya tz'utujil) campesinos de Guatemala venden productos orgánicos como miel, jaleas y champú Crédito: Danilo Valladares/IPS
Los desastres crecen cinco por ciento anual desde hace tres décadas, indican datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La propia economía, basada en monocultivos y movida a combustibles fósiles, está concebida para exacerbar estos embates y los encaja cada vez peor.

Golpeados por sequías, inundaciones y huracanes, que el cambio climático exacerba, los siete países de América Central, con una población de 47 millones de personas, se ven obligados a probar algo diferente y trasponer el umbral del desarrollo sustentable.

"Tenemos un aserradero, una finca agroforestal y desarrollamos proyectos productivos como crianza de peces y de gallinas ponedoras", relató a IPS la guatemalteca Nubia Sosa, gerenta de la Asociación Integral Forestal de San Andrés Petén, en el norte del país.
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Desde 1999, esta asociación posee una concesión del gubernamental Consejo Nacional de Aéreas Protegidas para el manejo de 51.939 hectáreas de bosque en la Reserva de la Biosfera Maya, que les permitió un medio de subsistencia sostenible.

"Es muy importante tener alternativas que se asocien económica y ambientalmente", dijo Sosa. Su asociación ganó el Premio Sasakawa 2011 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), por conservar la biodiversidad y combatir la pobreza.

El istmo forma parte de la región del Gran Caribe –conformada por los estados, territorios e islas bañados por este mar– y tiene en común con ella una especial vulnerabilidad natural, agravada por el calentamiento.

El último desastre que asoló la región fue la depresión tropical 12E, que afectó a cerca de 2,6 millones de personas en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua en octubre de 2011.

Los daños en la infraestructura y los cultivos fueron de 1.968 millones de dólares, concluyó la Cepal.

Esto sin contar que la región aún no se recupera de los estragos de los ciclones Mitch, en 1998, Stan, en 2005, y Agatha, en 2010. Además, fue afectada por una persistente sequía en 2009, sobre todo en Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala.

La carestía de los granos básicos y hortalizas, los daños a la infraestructura productiva y los elevados precios de los combustibles fósiles, entre otras consecuencias, obligan a buscar alternativas sostenibles.

"Para enfrentar esta crisis global es fundamental la integración del desarrollo económico responsable, la gestión ambiental de los productores y empresarios con el uso de herramientas de producción más limpia y ecoeficiencia", dijo Mauricio Chacón, del Programa Desarrollo Económico Sostenible en Centroamérica, a IPS.

Esta iniciativa, financiada por la Agencia de Cooperación Alemana, elaboró un catálogo centroamericano de "negocios verdes" que será alojado en Internet para facilitar a las empresas información sobre nuevos mercados, negocios, créditos y otros aspectos vinculados.

Estos negocios son una fuente "importante" para la producción relacionada con la protección del ambiente en rubros como alimentos orgánicos, energías renovables y turismo sostenible, según el especialista.

Una de los rubros de mayor empuje es la energía, con la apertura de distintos proyectos eólicos, solares e hidráulicos, mediante alianzas de capitales públicos y privados y la cooperación internacional.

En Guatemala, el Banco Centroamericano de Integración Económica firmó en febrero un contrato con un banco privado para administrar una línea de crédito por 30 millones de dólares, destinada a financiar proyectos de desarrollo y generación de energías renovables.

En el istmo, los países también hacen marchar iniciativas para proteger la producción agrícola, como el Programa Regional de Investigación e Innovación por Cadenas de Valor, que trabaja en la producción de tomate, yuca, papa y aguacate.

Su propósito es aumentar la disponibilidad de esos alimentos, disminuida por los eventos climáticos y porque la alimentación en la zona rural, donde se concentra la pobreza, está basada en el monocultivo de maíz.

Esta iniciativa está a cargo del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, y es financiada por la Unión Europea, con 7,6 millones de dólares.

Si la región no busca alternativas de producción, el futuro "será de crisis alimentaria, social y económica", dijo Mario Ardón, de la Asociación de Consejeros para una Agricultura Sostenible, Ecológica y Humana de Honduras.

Y es que el horizonte centroamericano es todo menos alentador.

Si el mundo mantiene la tendencia actual de emisiones de gases invernadero crecientes, en 2100, el costo acumulado de los daños del cambio climático en la región sería de 73.000 millones de dólares, equivalentes a 54 por ciento del producto interno bruto de América Central en 2008, plantea el estudio "La economía del cambio climático en Centroamérica", publicado por la Cepal en 2011.

En ese escenario, la temperatura subiría entre 3,6 y 4,7 grados, con variaciones en cada país, y las lluvias decaerían, en promedio, 28 por ciento.

"Por eso, nuestra estrategia pone sus ojos en la agricultura familiar campesina, mediante la cual es posible generar alimentos en diferentes momentos del año, biomasa, y conservar humedad lo cual se convierte en la alternativa básica frente al cambio climático", explicó Ardón.

Las grandes industrias hacen lo propio.

Daniel García, de la Cámara de Industria de Guatemala, dijo a IPS que se trabaja en dos fases: el cumplimiento del régimen ambiental y el desarrollo de auditorías energéticas, eficiencia energética y una política de producción más limpia.

Además, los empresarios están sondeando la energía renovable. "Lo que se pretende es hacer a las industrias más competitivas y menos dependientes de combustibles fósiles", explicó.

"Somos tan dependientes de nuestra materia energética y de una agricultura de monocultivos que tenemos que combatir este cambio climático", concluyó.

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