COLOMBIA: Abandono infantil, un fenómeno con género

Tiene 20 años y no sabe quiénes son sus padres ni si tiene hermanos. A los tres años, Mariana fue entregada en Colombia a una familia campesina de la que escapó a los 14. Deambuló por una semana, hasta que la policía la remitió a un centro de protección del Estado.

Abandono en una céntrica calle de Bogotá. Crédito: Helda Martínez/IPS
Abandono en una céntrica calle de Bogotá. Crédito: Helda Martínez/IPS
Ahora, mayor de edad, asiste a terapia sicológica, trabaja y estudia la carrera de Administración "porque a futuro crearé una institución de protección a niños y niñas abandonadas y abusadas", aseguró convencida a IPS.

Mariana, el nombre ficticio que la joven pidió usar para preservar su identidad, sabe bien de todo ello, porque fue víctima de abuso cuando niña. "Tenía como siete años. Yo le contaba a la señora que me cuidaba, pero nunca me creyó", contó.

Según le dijeron, fue abandonada por la pobreza de sus padres, naturales del oriental departamento de Boyacá y que la dejaron en una población rural cercana a Bogotá.

Esa suele ser la causa común del abandono infantil, al que se suman la ignorancia o la falta de conciencia sobre planificación familiar y sobre la responsabilidad que representan los hijos, la cultura machista y la violencia en sus múltiples expresiones.
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Siglos en guerra y casi cinco décadas del actual conflicto interno afectan además de manera especial a la sociedad colombiana, víctima de desplazamientos forzados y de la consecuente desmembración familiar, de muertes violentas o de reclutamiento por los diferentes grupos armados.

En el caso de las mujeres, se une su utilización como arma y botín de guerra, lo que las lleva a ser violentadas por miembros de todos los grupos partícipes en el conflicto.

Una situación que ha motivado en las últimas dos décadas pronunciamientos de la Corte Constitucional colombiana, seguimientos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y decisiones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Detrás del mapa de abandono hay una cifra aportada por la organización no gubernamental Educación para la Salud Reproductiva con base en un estudio de 2007: en Colombia 56 por ciento de los embarazos son no deseados.

A ella se atan otras dos: en 2009 había en el país 61.000 menores de ambos sexos acogidos por el estatal Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, que calculó que además había otros 30.000 niños y niñas desamparados en las calles, en un país con 45,6 millones de habitantes, 37 por ciento de ellos con menos de 18 años, según cifras oficiales.

A esos dos grupos, hay que sumar entre 6.000 y 11.000 menores de ambos sexos reclutados ilegalmente, de acuerdo a cifras que varían según las fuentes.

"Es una realidad que nos convierte en uno de los pueblos más rabiosos del mundo", dijo a IPS el psiquiatra Francisco Cobos, autor de dos obras que se han convertido en un referente sobre el fenómeno, "Estrategia para una lucha contra el abandono: modelo de atención integral al niño de la calle" y "Psiquiatría del niño, el adolescente y la familia".

"¿Por qué?, porque la rabia es un sentimiento que corresponde a la pérdida de algo que nos es importante. El abandono es pérdida; causa rabia, distanciamientos y nuevos abandonos, en un círculo que no se rompe. Que se sostiene en la falta de afecto", agregó el especialista.

Esa situación actual se entronca para algunos estudiosos con la época anterior a la llegada de Cristóbal Colón y los españoles a América. "Las sociedades indígenas dieron más valor a los niños, futuros guerreros", plantea el pediatra y profesor de antropología médica Hugo Sotomayor.

Recuerda en ese sentido que en la etapa precolombina entre los pueblos asentados en el actual territorio colombiano había "prácticas como el infanticidio de niñas hasta el nacimiento de un varón".

"Al confrontar el valor que los indígenas daban al nacimiento de varones, con las prácticas y creencias españolas, hay semejanzas evidentes", afirma Sotomayor en publicaciones de la Academia Nacional de Medicina.

"La Casa de Niños Expósitos de Santa Fe de Bogotá da cuenta de que (ya en 1642) se abandonaron más niñas", afirma el pediatra.

Se trata de una historia de siglos de vejámenes en contra de las mujeres que habría empezado a romperse de modo paulatino y silencioso desde mediados del siglo XX, afirmó Cobos. "Es una revolución que avanza casi sin darnos cuenta", sentenció.

"En medio de las dificultades que siguen enfrentando, las mujeres se apoderan del mundo de una manera real, por su naturaleza y manejo de sentimientos que nosotros no logramos", dijo.

Es la razón, a juicio de Cobos, de que, "si bien el maltrato deja en ellas secuelas, miedos y dificultades de relación, también las superan con más facilidad que los hombres en situaciones difíciles".

Sustentó su apreciación en lo que no dudó en definir como "la vulnerabilidad masculina", ahora escondida en expresiones machistas, que dejan profundas soledades. "Seres distantes, niños adultos con padres ausentes", afirmó.

Explicó a modo de ejemplo que "si un joven pierde un ojo en una riña, tiene más dificultad de superar el trauma que una mujer frente a una complejidad". "Él siente la derrota, que mermó su hombría", analizó Cobos.

Conjunto de realidades frente a las cuales, enfatizó, sólo la educación a los adultos para promover cambios de fondo en sus comportamientos con menores, rompería los círculos de abandono y abuso, evidentes en todos los segmentos sociales y que tienen muchas expresiones, incluida la de "los padres que trabajan demasiado y dejan a sus hijos solos".

El psiquiatra subraya también que "la legislación por sí sola no sirve" y que "los organismos estatales de protección, que tienen sobre todo carácter político, no motivan cambios reales".

Las opiniones de Cobos explican por qué Mariana se plantea la creación de una fundación como su principal proyecto, logra calificaciones altas en la universidad y tiene la certeza de sentirse "una mujer nueva" como resultado de la terapia psicológica.

Está convencida de que las niñas sufren más el abandono que los niños, aunque los especialistas como Cobos sostengan que "en la primera infancia niños o niñas igual se afectan", aunque más adelante lo procesen de manera diferenciada.

Después de lo que ha visto y lo que ha vivido, Mariana cree en cambio que "nosotras somos más delicadas". Y añadió como para sí misma: "es triste no tener una mamá que nos enseñe qué hacer cuando llega la menstruación, o cómo protegernos de hombres abusadores".

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