La panacea de los asesinatos por control remoto

Cuando un pakistaní se confesó culpable este mes de un fallido intento de detonar explosivos en el centro de Nueva York, admitió que había elegido el muy concurrido vecindario de Times Square para «herir y matar» a tanta gente como fuera posible.

La jueza a cargo del caso, Miriam Goldman Cedarbaum, preguntó al acusado, Faisal Shahzad, de 30 años, si era consciente de que habría asesinado a decenas de civiles, incluso mujeres y niños.

"Bueno, los ataques de aviones no tripulados (de Estados Unidos) en Afganistán no ven a los niños, no ven a nadie. Matan mujeres, matan niños. Matan a todos. Y es una guerra", respondió Shahzad en su comparecencia ante el tribunal.

Tras describirse como un "soldado musulmán", Shahzad también dijo que una de las razones del fallido acto terrorista fue su rabia por la temeridad con la que los militares estadounidenses usan estos vehículos para segar las vidas de muchos civiles inocentes, junto a supuestos insurgentes, en Iraq, Afganistán, Somalia, Yemen y en las áreas tribales de Pakistán.

Para Washington, las muertes de civiles en estas circunstancias son un "daño colateral", mientras los críticos las califican de "asesinato colateral".
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En un artículo del diario The New York Times, el destituido jefe militar estadounidense en Afganistán, Stanley McChrystal, fue citado explicando la "matemática insurgente": por cada inocente asesinado, Estados Unidos hace 10 enemigos.

Pero, más allá de si matan o no a civiles, estos aviones operados a control remoto y guiados por computadoras situadas tan lejos como la sede de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Virginia, Estados Unidos, son las armas del futuro, afirman analistas militares.

Puesto que no son tripulados, los militares los pueden desplegar para matar sin ningún riesgo para sus propias tropas.

Estos aviones, conocidos por sus siglas en inglés UAV (vehículos aéreos no tripulados) se emplean cada vez más para vigilar la frontera del sureño estado de Texas con México en el combate del tráfico de drogas y el ingreso de inmigrantes no autorizados.

Más y más países están adquiriéndolos, de fabricantes nacionales o extranjeros, dijo a IPS el investigador Siemon Wezeman, del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés).

"En la última década apareció un mercado con un crecimiento importante, que se mantendrá en los próximos años", dijo Wezeman, quien investigó los UAV para un informe presentado ante el Parlamento Europeo en 2007 y 2008.

Un documento publicado en mayo por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) criticó el uso de aviones no tripulados para asesinatos selectivos por parte de fuerzas estadounidenses y mencionó que más de 40 países ya los están usando.

El informe sostiene que el principal atractivo de estos aviones en asesinatos selectivos en territorios hostiles es la ausencia de riesgo para las fuerzas atacantes: no hay piloto ni ningún otro personal cerca de la zona de hostilidades, no hay que dar explicaciones sobre muertes de tropas propias, ni riesgosos rescates ni embarazosas capturas de los asesinos.

Un segundo atractivo, que el informe de la ONU no menciona, es que uno puede apelar a un desmentido plausible, dijo Wezeman.

Si todo marcha según lo previsto, hay muy pocas evidencias de quién efectuó el ataque: no hay trámites migratorios, no hay huellas digitales, no hay imágenes de televisión, al contrario de lo que pasó con el asesinato del líder del movimiento palestino Hamás, Mahmoud al-Mahboub, cometido por un escuadrón del Mossad israelí que fue captado por las cámaras de seguridad del hotel de Dubai donde se perpetró el crimen.

"Y si las cosas van mal, lo peor que puede hacer el ‘enemigo’ es mostrar los restos del UAV, cuya propiedad puede ser negada por el autor del crimen, pues no hay un piloto capturado o muerto para exhibir como prueba", dijo Wezeman.

Por último, no se necesita una logística ni un entrenamiento, costosos ambos, para llevar a cabo asesinatos de gran alcance en territorios hostiles, ni se precisa organizar, explicar (u ocultar) a fuerzas especiales que hacen trabajo sucio.

La empresa de consultoría estratégica Oxford Analytica, que cuenta con una red de más de 1.000 académicos de centros de estudios como la Universidad de Oxford, sostiene que el mercado de aviones no tripulados "nació en la última década gracias a éxitos operativos en Iraq y Afganistán y al amplio uso que les dio Israel".

Se estima que el mercado mundial de estos sistemas alcanzaría un valor de 55.000 millones de dólares en 2020.

La ONU advierte que más de 40 países poseen estos sistemas o cuentan con la tecnología para fabricarlos. Entre ellos están, además de Estados Unidos, China, Francia, Gran Bretaña, India, Irán, Israel, Turquía y Rusia.

Escrito por el relator especial sobre Ejecuciones Extrajudiciales, Philip Alston, el reporte sostiene que el primer "informe confiable" de un asesinato de la CIA con este sistema se produjo en noviembre de 2002, cuando un UAV Predator lanzó un misil contra un automóvil en Yemen.

El ataque mató a Ali Qaed Senyan al-Harithi, un líder de la red extremista Al Qaeda, acusado de la explosión del buque de guerra estadounidense "Cole" en aguas yemeníes.

Desde entonces, dice el informe, se han reportado más de 120 de estos ataques, "si bien no es posible verificar esta cifra".

La ONU indica que los UAV fueron desarrollados para labores de inteligencia, vigilancia y reconocimiento. Pero su uso para asesinatos selectivos ha generado polémica.

"Algunos sugieren que constituyen armamento prohibido por el derecho humanitario internacional, porque causan o pueden causar muertes de civiles forzosamente indiscriminadas, como las personas que se encuentran en la cercanía del blanco", sostiene el informe.

También es concebible que grupos armados los obtengan y utilicen.

Wezeman dijo a IPS que la milicia libanesa Hezbolá (Partido de Dios) ha usado UAV contra Israel.

Se supone, sin embargo, que su empleo en asesinatos selectivos no debería elevar la cantidad de muertes civiles, sino al contrario.

Tomar como blanco a los dirigentes del enemigo nunca fue una política preferida entre estados en guerra, posiblemente por el temor a represalias y la sensación de que "eso no se hace", argumentó Wezeman.

Pero los méritos de ganar la batalla y reducir los costos de la misma son obvios. Por tanto, el potencial de esos ataques contra quienes lideran a la fuerza enemiga podría ser algo positivo, argumentó.

Hasta ahora, esos blancos han sido calificados como "terroristas" y las acciones para ejecutarlos puestas en el contexto de una "guerra" y por lo tanto defendibles hasta cierto punto.

Sin embargo, uno podría imaginar ataques similares contra capos del narcotráfico u otros delincuentes que no es posible aprehender. El problema aquí, desde luego, es que la orden de ejecutarlos puede no proceder de un tribunal que ha arribado a una sentencia luego de un juicio justo, agregó.

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