SALUD: Luces y sombras de la ciudad

Dado que desde hace tres años el grueso de la población mundial se asienta en ciudades, las políticas globales de salud pública deben centrarse en los problemas derivados de esas aglomeraciones y en enfermedades potenciadas por el hacinamiento, advirtieron expertos de la OMS.

El futuro es un apartamento. Centro de la ciudad brasileña de Recife Crédito: Alejandro Arigón/IPS
El futuro es un apartamento. Centro de la ciudad brasileña de Recife Crédito: Alejandro Arigón/IPS
Las estadísticas confirman que la supremacía secular de la población rural terminó en 2007 y prevén que esa tendencia continuará hasta determinar que, en 2030, alrededor de 60 por ciento de la humanidad habite en ciudades.

En 2050, la relación será de siete habitantes urbanos por cada tres rurales. En comparación, hace 30 años sólo vivían en las ciudades cuatro de cada 10 personas.

Este fenómeno ya había sido anticipado por el crecimiento en las últimas décadas de las áreas urbanas en países de bajos ingresos a un ritmo cuatro veces superior a las mismas zonas el mundo rico.

Londres necesitó 130 años para pasar de un millón de habitantes a ocho millones, pero el mismo crecimiento demandó sólo 45 años a Bangkok y apenas 25 a Seúl.
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En general, las poblaciones urbanas salen adelante mejor que las rurales, señaló Margaret Chan, directora general de la OMS (Organización Mundial de la Salud).

En las ciudades, las personas disponen de mayor acceso a los servicios sociales y de salud. Además, sus esperanzas de vida son más prolongadas.

Pero no todo es color de rosa. Las ciudades afrontan también amenazas como la falta de saneamiento, problemas en la recolección de residuos, contaminación del aire, los accidentes callejeros, las epidemias de enfermedades infecciosas y los hábitos cotidianos nocivos para la salud.

Las enfermedades infecciosas proliferan por la concentración poblacional y los males crónicos no transmisibles, como diabetes, distintas formas de cáncer y enfermedades cardiovasculares, aumentan por el consumo de tabaco y de alcohol, la mala alimentación, la vida sedentaria, los accidentes de circulación y la violencia y el delito.

Si a todo ello se le suma una urbanización acelerada y sin planificación, las consecuencias negativas para la salud y la seguridad de los habitantes de las ciudades pueden ser aún mayores.

Por eso, en las áreas urbanas son imprescindibles las políticas y las medidas de coordinación entre autoridades y actores de diferentes áreas, como el transporte, la educación, los parques, la recreación, el urbanismo y quienes cuidan del ambiente, apuntó Alan Alwan, subdirector general de la OMS para enfermedades no transmisibles y salud mental.

La orientación debe tender a la promoción de planes de urbanismo, al mejoramiento de las condiciones de vida, al gobierno participativo y la construcción de ciudades abiertas y accesibles a todas las personas, sin olvidar la edificación resistente a catástrofes y a otras situaciones de urgencia.

La OMS asume el giro emprendido hacia un mundo cada vez más urbanizado y sus consecuencias para la salud, tanto beneficiosas como perjudiciales.

Sin embargo, las autoridades sanitarias se apresuran a augurar que la adopción de medidas apropiadas puede asegurar una expansión urbana en un mundo con poblaciones más sanas.

Un aspecto que subrayan los expertos es que los pobres constituyen la mayoría de los protagonistas del crecimiento, de origen natural o migratorio, de las urbes.

Más de 1.000 millones de personas, que equivalen a un tercio de la población urbana mundial, habitan barriadas precarias, tugurios y asentamientos irregulares, en condiciones insalubres.

Si las ciudades fracasan en asegurar oportunidades económicas a los pobres, grandes masas de jóvenes desempleados pueden amenazar la estabilidad social, la seguridad y, en consecuencia, la salud de las comunidades, subrayó Chan.

Los especialistas pronostican que en especial, en los países de bajos ingresos, las disparidades aumentarán si la combinación de migraciones internas, crecimiento natural y escasez de recursos determina el fracaso de las ciudades en el suministro de los servicios necesarios.

La OMS dedicó el Día Mundial de la Salud, celebrado este miércoles, a dirigir un llamado a distintos grupos, autoridades municipales, sector privado, ciudadanos comprometidos, organizaciones no gubernamentales y defensores de una vida sana.

La agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas les demanda que se ocupen de las desigualdades en el terreno de la salud que se presentan en las ciudades y que adopten las acciones pertinentes.

A cambio, la OMS se compromete a hacer más, en el presente y en el futuro, para respaldar esos esfuerzos, aseguró Chan al lanzar una campaña mundial en favor de la salud urbana.

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