MIGRACIONES-EEUU: Celular para cruzar la frontera

Un nuevo teléfono celular busca ayudar a los inmigrantes latinoamericanos que intentan ingresar a Estados Unidos. Lo desarrolla un equipo de la Universidad de California, en esta ciudad, liderado por el investigador Ricardo Domínguez.

En el futuro, estos celulares de bajo costo podrán ser puestos en manos de inmigrantes. Domínguez espera distribuirlos el próximo verano boreal entre grupos religiosos y activistas que trabajan con indocumentados a lo largo de la frontera.

El nombre del teléfono es Transborder Immigrant Tool (herramienta para inmigrantes transfronterizos). Se trata de una aplicación específicamente diseñada para los latinoamericanos que intentan realizar el peligroso viaje hacia el norte e ingresar a Estados Unidos.

Comúnmente conocidos como "apps" (abreviación inglesa de la palabra "aplicación"), estos adminículos se están volviendo muy útiles. Los celulares constituyen ricas herramientas para manejar información, enviar mensajes de texto, utilizar el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) y cámaras digitales en un solo aparato manual.

Domínguez dijo que el objetivo principal "es ofrecer a las personas que cruzan (la frontera) una manera de no morir". Él calcula que esta herramienta aumenta dos por ciento las probabilidades de supervivencia para inmigrantes perdidos en el desierto.
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El desarrollo de la herramienta lo asumió CalLit2Lab, organización de expertos en distintas disciplinas que impulsa experimentos tecnológicos.

Domínguez, artista visual, se llama a sí mismo "artivista" —en parte artista, en parte activista político—, en la tradición del movimiento Dadá (1916-1924), que desafió las nociones convencionales sobre la función del arte y su proceso.

A fines de los años 90, Domínguez co-fundó el Electronic Disturbance Theatre (Teatro de Perturbación Electrónica), un grupo de activistas políticos que organizaron acciones contra los gobiernos de Estados Unidos y México por su presunta persecución a los insurgentes zapatistas y a los indígenas del sureño estado mexicano de Chiapas.

Domínguez pretende distribuir el aparato cuando las temperaturas son particularmente elevadas. El propósito es brindar información en tiempo real sobre la ubicación de tanques de agua dispuestos especialmente en puntos remotos del desierto. También se usará para transmitir poemas que intentarán brindar aliento a los inmigrantes.

"El teléfono es como una Estatua de la Libertad virtual", dijo Domínguez.

Cada año, legiones de inmigrantes intentan abrirse paso a través del escarpado terreno que separa a San Diego, en el occidental estado estadounidense de California, del condado de Imperial, en la frontera septentrional de México. Durante el día soportan un calor abrasador, y durante la noche temperaturas congelantes. No cuentan con agua potable a una distancia accesible.

Como investigador principal, Domínguez y sus colegas están probando el "app" en el condado de San Diego, donde la valla fronteriza se extiende a 22 kilómetros de la costa del océano Pacífico, atravesando un territorio montañoso.

Según Domínguez, este novedoso celular se inspiró en una obra de no ficción: "El camino del diablo", del escritor mexicano Luis Alberto Urrea. Se trata de un relato sobre inmigrantes perdidos que en 2001 murieron por deshidratación en el desierto de Sonora. La ruta que da nombre al libro conectaba la frontera norteña de México con la actual Arizona.

Pero entregar este teléfono móvil puede acarrear un juicio en el marco de la ley federal, por "ayudar e inducir" a los inmigrantes a ingresar a Estados Unidos, en violación del Código de Estados Unidos, que data de 1825.

"Es como si alguien me dijera que va a cruzar la frontera de modo ilegal y yo le diera agua y una linterna o, más acertadamente, un mapa con una línea roja dibujada en él", explicó Mark Rasch, ex abogado del Departamento de Justicia y experto en seguridad.

Meses antes de su implementación, el celular con GPS ya demuestra ser polémico. Se ha convertido en el centro de un acalorado debate entre actores vinculados a la ley y el orden, académicos y activistas por los derechos humanos.

En los últimos años se deterioraron las condiciones a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, a medida que se salió de control la violencia del narcotráfico en ciudades como Tijuana y Ciudad Juárez, afectando a pueblos limítrofes en el sudoccidente estadounidense.

Las operaciones de seguridad y vigilancia dirigidas a frenar la actividad ilegal en la frontera obligaron a traficantes e inmigrantes a adentrarse más en el desierto y apartarse de centros poblados estadounidenses como San Diego, Tucson (en el sudoccidental estado de Arizona) y Las Cruces (en el meridional Nuevo México), con consecuencias mortales.

Un informe difundido por la Unión para las Libertades Civiles de Estados Unidos (ACLU) estima que en los 15 años transcurridos desde el lanzamiento de la Operación Guardián, de vigilancia fronteriza, murieron entre 5.000 y 6.000 inmigrantes intentando cruzar la frontera.

"Si esto salva una vida, habrá valido la pena", escribió Enrique Morones, fundador de Border Angels ("ángeles fronterizos"), la organización con sede en San Diego que ubica tanques de agua y otros suministros en puntos remotos de las regiones desérticas.

Daryl Reed, portavoz de la patrulla fronteriza de Estados Unidos, destacó que, durante años, los traficantes han usado celulares para controlar los movimientos policiales.

Sin embargo, manifestó que le preocupa que el nuevo celular pueda crear una falsa sensación de seguridad, causando una adicional pérdida de vidas. "No todos pueden hacer ese viaje", dijo.

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