MUJERES-ARGENTINA: Escritoras que saltan del corral

La primera novela de una escritora argentina, narrada desde un personaje que escapa al estereotipo de literatura femenina, despertó las más virulentas descalificaciones sexistas en ámbitos a priori insospechados de esos prejuicios, como la crítica literaria y los lectores instruidos.

La escritora Pola Oloixarac Crédito: Carolina Camps/IPS
La escritora Pola Oloixarac Crédito: Carolina Camps/IPS
El ensañamiento que provocó "Las teorías salvajes", "es una muestra de que en Argentina no existe el más mínimo dejo de corrección política cuando se trata de mujeres, ni siquiera en el ámbito cultural", denunció a IPS la joven autora de la novela, Pola Oloixarac.

"El libro genera violencia verbal y agitación sexista justamente porque no lidia con temas asociados con la ‘literatura femenina’, sino que hace crítica sociológica con erudición e ironía, que son valores supuestamente masculinos", concluyó.

El "caso Pola" es emblemático pero no único. La profesora de letras de la Universidad de Buenos Aires, Elsa Drucaroff, autora de ensayos y novelas y crítica de la producción de jóvenes escritores argentinos, explicó a IPS que el escándalo emerge cuando una autora "sale del corral".

El estereotipo dicta que "la escritora habla de sí misma y de sus amores", ironizó.
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En ese esquema, también hay una literatura de mujeres independientes. Es la versión "chick lit" (literatura de chicas), que muestra a mujeres glamorosas y autónomas, con su paradigma de mercado en la serie estadounidense "Sex and the City".

Pero si las autoras escapan de este nicho en cualquiera de sus versiones, empiezan las descalificaciones. "A la literatura femenina no se la toma en serio", afirmó Drucaroff, "cuando es buena, dicen que parece escrita por un hombre".

Para la experta, los prejuicios sexistas en el ámbito literario son ahora vergonzantes y se ocultan detrás de cierta crítica literaria, pero tienen una larga tradición.

Recordó que en 1939 el autor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) escribió que con las "doblemente bellas letras femeninas" sucedía algo curioso. "Antes las mujeres se dedicaban casi exclusivamente a la poesía. Cantaban al amante, a Dios, a los árboles, a los recién nacidos", citó.

"Cada comarca tenía su poetisa oficial y todos muy contentos", recordaba Onetti con nostalgia, cuando descubrió a mujeres que "no se conforman" con sonetos y escriben "sobre Cristo, Marx, el Cosmos o la técnica del autor del Bisonte de Altamira".

Para Drucaroff, estos prejuicios siguen manifestándose, aunque menos libremente. Ahora se encasilla a la literatura de mujeres, desde la industria y desde la crítica, y el castigo recae sobre quienes se resisten al corsé.

Es el caso de la novela de Oloixarac. Pero también el de Samanta Schweblin, Alejandra Laurencich o Cecilia Szperling, por mencionar algunos nombres de la nueva narrativa argentina.

Schweblin, galardonada con el Premio Casa de las Américas 2008 por su libro de cuentos "Pájaros en la boca", recibió en abril una crítica sexista de su compatriota y escritor Patricio Prom, desde la revista peruana Etiqueta Negra.

Al comentar la visita de la escritora a España, Prom escribió: "Schweblin abría los ojos y no decía nada. Parecían los ojos de un venado que ve cómo la noche se parte en los haces de luz de un camión que se dirige hacia él y no puede moverse. Quizás comprende que allí se acaba lo que se daba".

Para Drucaroff, los cuentos de Schweblin son "de lo mejor de la nueva narrativa". En su ficción, escapa del estereotipo. Pero Prom no lo pondera así. "Samanta ya estaba entre lo mejor que hubiera escrito una mujer en Argentina en los últimos 10 años, lo que no era exactamente mérito suyo sino culpa de sus colegas", opinó.

La novela de Oloixarac, publicada por una pequeña editorial a fines de 2008, agotó la tirada en dos meses, pero a la vez inspiró críticas furibundas. La mayoría de los críticos, según Drucaroff, confunde a la narradora con la escritora, y ataca a esta última por los desvaríos de la primera.

"Decir que Oloixarac es una escritora de derecha sería erróneo. No es escritora", sentenciaron dos críticos de la revista Planta pese a que dedican al primer libro de esta "no-escritora" unas 300 líneas. "Es una novela sin amor", le reclamaron.

Oloixarac explica por qué cree que la novela despierta rechazo. "Es deliberadamente política, tiene una relación fuerte con el saber, juega partidas simultáneas con distintas disciplinas y reconstruye las imposturas de la izquierda cultural", dijo.

Pero su descargo no satisface a todos. En el diario Crítica, el comentarista de su libro fue demoledor. "Pobre Pola. Es bonita, virtuosa, pero sigue escribiendo para los profesores", afirmó.

Otros, que valoraron su trabajo, no pudieron evitar entrever a un hombre escondido en su literatura. "Una Fogwill con polleras (faldas)", la definió uno, en alusión al innovador escritor argentino Rodolfo Fogwill.

Pero es en los blogs de lectores eruditos, escritores y estudiantes de letras donde se da rienda suelta a los comentarios más revulsivos, que se potencian ante las imágenes de una escritora que además de inteligente es bonita y no lo oculta.

En uno donde se publica su foto hay decenas de exabruptos. Uno de los menos violentos anunció desde el anonimato: "a ésta (la escritora) le hago un plan canje: 10 segundos de goce por una eternidad de silencio".

"Lo que asombra es que una mujer haya podido alcanzar ese nivel de violencia verbal, que domine el registro de la ironía con esa libertad. Yo sospecho que hubo una importante mano correctora detrás", arriesgó otro lector, seducido a su pesar.

"No es que una mujer no pueda ser irónica, es que no creo que Pola haya podido serlo sin que alguien le pase letra", siguió. "Generalmente, si hay una 'minita' (mujercita en sentido despectivo) díscola en la Facultad de Filosofía y Letras, el propio sistema académico le baja los humos y la mina se va, o se ablanda".

Si deja la facultad, siguió el lector, la espera la "la intrascendencia", y si se queda "no tiene más opción que callar muchas cosas para no perder su lugar".

Finalmente, están quienes hacen un particular "reconocimiento" a Oloixarac. "Se construyó un personaje de putona, esnob, intelectual y con eso tuvo mucho éxito", dijo uno. Otro planteó: "si es verdad que todo eso lo hizo ella, hay que admirarla por su instinto de trepadora".

Los prejuicios que hacen creer que "escribe como un hombre" la mujer que hace literatura a secas cayeron también sobre Cecilia Szperling, autora de "Selección natural", que acaba de publicarse en Londres. Un crítico elogió allí la novela y concluyó que parecía escrita por un hombre, contó la autora a IPS.

"En el mundo de la literatura son pocas las ‘papisas’, mujeres fuertes, excepcionales, que alcanzan el reconocimiento de un hombre", explicó. "El sistema de consagración es hegemónico, está dominado por hombres y es difícil que dejen entrar allí a una mujer", sostuvo.

"Como en otros ámbitos, en la literatura hay muy pocas mujeres que sin marca de ‘literatura femenina’ logran reconocimiento", dijo. "Para el mismo mérito se requieren muchos más esfuerzos", aseguró.

Szperling reivindicó a otras autoras argentinas que en el pasado rompieron esquemas, como Silvina Ocampo o Alfonsina Storni, y fueron ignoradas o resistidas. Drucaroff sumó a Ana María Shua, cuya novela "Los amores de Laurita" provocó, ya en los 70, la confusión narradora-autora que afecta a las mujeres.

Shua brindó a IPS otro ángulo de la evolución de los temas de las escritoras. "Las mujeres hemos tenido, quizás hasta mi generación, una cierta limitación temática en función de la limitación de nuestra experiencia del mundo", analizó.

"Hemos sido, sobre todo, escritoras de puertas adentro. La infancia, el amor, el erotismo, las relaciones familiares: esa fue durante siglos nuestra experiencia del mundo y por lo tanto también nuestro tema", dijo la premiada autora.

Las escritoras de la nueva guardia intentan romper con la invisibilidad de las que escapan al canon establecido. Se apoyan para eso en editoriales pequeñas que se animan a publicar lo nuevo, en blogs y en otros canales alternativos de difusión.

Pero la batalla se anticipa ardua. "La crítica nos acorrala, y la corrección política hacia las mujeres parece no haber llegado a la literatura", definió Szperling.

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