AMBIENTE-BRASIL: Lluvias caen en un mar de imprevisión

Las lluvias que ya afectan a casi un millón de personas en más de 10 estados de Brasil exponen un problema que sólo es noticia cuando ocurren tragedias: la ausencia de inversiones públicas para prevenir desastres de consecuencias dramáticas, alertan técnicos.

Más de 44 muertos, 300.000 personas sin techo y evacuadas —según informes del lunes— grandes pérdidas en el agro, destrucción de viviendas, de puentes y caminos es el recuento parcial de daños.

Los números difieren de un cuadro a otro cada vez que se presenta un fenómeno climático cuyas consecuencias, según la geógrafa especializada en climatología Ercilia Torres, podrían evitarse con planificación y obras de infraestructura.

Las intensas lluvias que caen desde abril han causado desmoronamientos de casas, desbordes de ríos y pérdidas de cosechas en 320 municipios.

Las imágenes de televisión y las fotografías muestran techos de viviendas bajo el agua, la población movilizándose en botes por ríos que hasta hace poco eran calles y refugios hacinados. Escenas muy parecidas a las del año pasado, cuando las lluvias causaron la misma tragedia en el sureño estado de Santa Catarina.
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"Lo importante es planificar. Los aspectos climáticos tienen que ser tenidos en cuenta para que haya una planificación territorial", dijo Torres, del Departamento de Geografía de la Universidad de Brasilia.

La especialista mencionó la planificación en programas de vivienda popular, por ejemplo para evitar construir casas en áreas con riesgo de deslizamiento de tierras y desborde de ríos, así como represas y canales de desagüe.

Esas "obras son caras, pero pueden evitar tragedias mayores", agregó Torres en entrevista con IPS.

Según un cálculo de la Organización de las Naciones Unidas, cada dólar invertido en prevención de desastres naturales evita el gasto de 10 dólares en la solución de sus consecuencias.

Aunque admitió esa necesidad, el titular de la Secretaría de Defensa Civil, Roberto Guimarães, sostuvo que Brasil, por tradición "cultural", toma medidas después y no antes de los desastres.

La Defensa Civil actúa en estos casos distribuyendo ayuda alimentaria, medicamentos y abrigo, entre otras acciones de emergencia, como la desobstrucción de carreteras, la remoción de víctimas y la evacuación de población hacia áreas seguras.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, tras sobrevolar las áreas afectadas, culpó a los gobiernos provinciales y municipales por no ejecutar acciones preventivas, como evitar la construcción de viviendas a orillas de los ríos. Pero informaciones de prensa posteriores destacaron que muchas de las casas cubiertas de agua habían sido financiadas por el banco estatal Caja Económica Federal.

A su vez, las autoridades locales se quejan de la demora del gobierno central en liberar recursos para financiar obras de infraestructura y de prevención de desastres.

Se trata de la combinación de dos factores, evaluó Torres. Por un lado, "una cuestión burocrática" a la hora de liberar recursos y, por el otro, "la falta de voluntad política".

"Sólo se llama la atención sobre la necesidad de esos recursos cuando la desgracia tiene lugar, después se olvidan", agregó.

Lula dijo que enviará al Congreso legislativo una medida provisoria para destinar recursos a la recuperación de los estados afectados. Según cálculos preliminares, los perjuicios económicos rondan los 500 millones de dólares, sin contar las pérdidas en el sector agropecuario.

"Las lluvias no nos tomaron de sorpresa. Los informes meteorológicos ya las anticipaban", subrayó la geógrafa.

En febrero, el ministro de Ambiente, Carlos Minc, advertía que las lluvias, que ya afectaban el noroccidente, podían agravarse hasta junio, mes en que los ríos de la selva amazónica llegarían a su máximo nivel. La capital del noroccidental estado de Amazonas, Manaus, enfrentaría la peor inundación de su historia desde 1953, con la elevación en más de tres metros del nivel del río Negro, dijo Minc basado en informes meteorológicos.

"No queremos hacer catastrofismo, pero por el andar del carruaje la situación es muy preocupante", había advertido el ministro en esa oportunidad, agregando que "esta vez no pueden decir que fue por falta de aviso, avisamos con 60 días de anticipación".

La lluvia llegó a Amazonas así como a otros estados del norte. Los más afectados son Maranhão, Ceará, Piauí y Paraíba. Pero también se han visto castigados Rio Grande do Norte, Bahia, Pernambuco y Alagoas, todos en el noreste, y la zona atlántica de Santa Catarina, en el sur, entre otros.

Isimar de Azevedo Santos, del Departamento de Meteorología de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), dijo a IPS que ya en enero, dos institutos nacionales habían advertido sobre la intensidad de las lluvias.

Las causas son la incidencia simultánea de La Niña, fenómeno climático periódico que enfría las aguas superficiales del océano Pacífico, y de la Zona de Convergencia Intertropical, un cinturón de baja presión en la zona ecuatorial en el que confluyen corrientes de aire cálido y húmedo desde el sur y el norte del Ecuador.

Con los elementos meteorológicos disponibles, los pequeños agricultores del noroccidente, que perdieron sus cosechas de maíz y frijoles destinadas a la subsistencia, podrían haber adelantado la siembra, ilustró Azevedo.

Según el meteorólogo, la alternancia de sequías y precipitaciones intensas son comunes en esa región. "Pero ellos prefieren a la información oficial sobre clima, utilizar su propia vivencia", agregó.

"Plantaron en la época que estaban acostumbrados, pero si hubiesen usado la información disponible habrían plantado poco antes, para que las lluvias no obstaculizaran la floración, que fue lo que causó mayores pérdidas en el agro en el norte, porque esa época requiere menos agua", ejemplificó.

La agroindustria, en cambio, "que no produce cereales sino frutas, no se perjudicó porque supo procesar las informaciones", comparó el especialista.

En lo que no acertaron los pronósticos fue en el grado de intensidad de las lluvias. Preveían que en la región amazónica serían superiores al promedio normal, "pero fuimos sorprendidos por el volumen pluviométrico que no esperábamos", según Azevedo.

El agua caída en el noroccidente superó las precipitaciones habituales en más de 50 por ciento. En Amazonas, el aumento fue de entre 30 y 40 por ciento y en algunas localidades de más de 100 por ciento respecto del promedio histórico, dijo el especialista de la UFRJ.

Pero Azevedo no se atrevió a atribuir esa irregularidad a la incidencia del calentamiento global, aunque admitió que no se observaban precipitaciones tan intensas en el noroeste desde hace 10 años.

El meteorólogo Carlos Nobre, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales, dijo en entrevistas con la prensa local que si bien ha habido sequías y lluvias intensas en el norte, los "fenómenos son más intensos que los que ocurrían en el pasado".

"Ése es un cuadro muy característico de un planeta que está calentándose", según Nobre.

Dionísio Neto, de la Red Ambiental de Piauí, no descarta que la expansión desordenada de monocultivos como la soja influya en la elevación del nivel de aguas en la cuenca hidrográfica del río Paraíba, que baña Piauí y gran parte de Maranhão.

"Es el reflejo de la destrucción del bioma y de la inundación histórica de este año", observó Neto.

Por otro lado, Azevedo atribuyó la sequía que simultáneamente afecta a Rio Grande do Sul y a partes de Santa Catarina —cuya zona atlántica soporta fuertes precipitaciones— a una "respuesta del sistema atmosférico a las lluvias del norte y noroccidente, una especie de balanza, como una compensación", explicó.

Como Torres, Azevedo insistió en la necesidad de "la máxima de interacción posible entre órganos responsables, como defensa civil, el gobierno, ministerios y autoridades locales". "Llama la atención que el público confía cada vez más en los pronósticos, tiene la percepción de que la meteorología ha mejorado sus previsiones", apuntó.

"Tal vez sea un buen momento para que haya más información entre los órganos responsables de defensa civil y de producción de alimentos con los institutos de meteorología para no causar mayores perjuicios", sugirió.

La sequía prolongada afecta a un millón de personas en el sur, donde 96 municipios decretaron estado de emergencia ante los daños a cultivos de soja, maíz, frijol y, ahora, a las pasturas para el ganado y el abastecimiento normal de agua para consumo humano y animal.

El Ministerio de Agricultura considera que la falta de lluvias en el sur es la principal causa para que se esperen menores cosechas, por ejemplo en el trigo. La sequía retrasó la siembra de trigo en algunas regiones de Santa Catarina y Rio Grande do Sul y en partes de Paraná, lo que podrá perjudicar la cosecha de invierno, según el ministro de Agricultura, Reinhold Stephanes. En la cosecha pasada, la producción trigueña nacional fue de seis millones de toneladas, el mejor resultado desde 2004. La estimación oficial para la temporada 2008-2009 es de 5,5 millones de toneladas, con una reducción de nueve por ciento.

Si bien en algunas regiones las inundaciones impiden evaluar el volumen real de pérdidas, las lluvias también causaron perjuicios a la ganadería. Los continuos traslados de miles de cabezas de ganado de un lugar a otro en busca de terrenos secos y mejores pastos, causaron pérdidas de 50 por ciento en Ceará.

La productividad también es menor en el sector lechero, con una caída de hasta 40 por ciento en la producción de leche en algunas regiones.

La falta o exceso de lluvias se suma a otro fenómeno, la llegada de la gripe porcina, que puede agravar aún más las condiciones de salud de muchas regiones, que soportan habitualmente enfermedades como leptospirosis, una infección transmitida por las ratas.

Lula llamó la atención a las autoridades sanitarias sobre la necesidad de redoblar esfuerzos para evitar mayores contagios de la gripe A/H1N1. Hasta el lunes, este país sudamericano de 189 millones de habitantes tenía confirmados ocho casos de personas infectadas en la región sudeste.

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