AGRICULTURA: No hay otro camino que producir más

El apoyo de los donantes permitirá al Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) asistir a unos 70 millones de agricultores pobres a elevar su productividad y sus ingresos en el próximo lustro, dijo a IPS el nuevo presidente de la entidad, Kanayo F. Nwanze.

Este esfuerzo comprende 3.700 millones de dólares para apoyar proyectos y programas agrícolas, explicó.

Nwanze fue elegido por aclamación en marzo para liderar el FIDA, una institución financiera internacional y agencia especializada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuya misión es "asistir a la población rural pobre para que supere la pobreza".

Antes vicepresidente del FIDA, Nwanze tiene 30 años de experiencia en temas de desarrollo, 10 de ellos en India. Fue director general del Centro de Arroz de África para el occidente africano donde promovió el desarrollo de la premiada Nerica, una variedad arrocera de alto rendimiento, muy proteica y resistente a sequías y pestes.

En entrevista con IPS, Nwanze dijo que las prioridades inmediatas del FIDA son el empoderamiento de las mujeres y el microcrédito para pequeños cultivadores.
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IPS: El último abastecimiento de fondos del FIDA fue el mayor de su historia. ¿Por qué esa generosidad en momentos de recesión e incertidumbre sobre la asistencia oficial al desarrollo?

KANAYO NWANZE: Con 15 por ciento de la población mundial desnutrida, en 2008 casi 1.000 millones de personas no tuvieron suficiente para comer. La crisis financiera y económica mundial está golpeando duramente a esta gente.

Además, la seguridad alimentaria en muchos países no es menos precaria hoy que en 2008, cuando se dispararon los precios de los alimentos. El nuevo riesgo es la volatilidad de los precios. Ahora los líderes mundiales saben que impulsar la agricultura no es una opción sino un imperativo para garantizar la seguridad alimentaria y el crecimiento económico en los países en desarrollo.

Los estudios muestran que el crecimiento generado por la agricultura es hasta cuatro veces más efectivo en abatir la pobreza que el crecimiento de otros sectores.

El suministro histórico de fondos del FIDA —un aumento sin precedentes, de 67 por ciento en relación al anterior— es un reconocimiento de nuestra efectividad. Veo este apoyo no sólo como un acto de generosidad, sino como un paso valiente de los países donantes para revertir la alarmante tendencia de que la gente de áreas rurales se hunda cada vez más en la pobreza.

IPS: ¿Cuáles son las prioridades del FIDA para los próximos cuatro años?

KN: Las crisis alimentaria y financiera son un llamado a despertar. En el FIDA debemos decidir cómo lograr el mayor impacto en el menor tiempo.

Nos centramos en la población rural pobre, marginada y vulnerable. Son minifundistas, campesinos sin tierra, peones, pastores, pescadores artesanales y pequeños empresarios que dependen de la agricultura y de actividades relacionadas para sobrevivir.

El empoderamiento de las mujeres —que representan una cantidad desproporcionada de los muy pobres del mundo— es una prioridad del FIDA, como lo es aumentar el acceso de la población rural pobre a los servicios financieros y al crédito. Reconocemos las necesidades particulares de los pueblos indígenas y las minorías étnicas, especialmente en América Latina y Asia.

En todos nuestros esfuerzos, no podemos olvidar cómo impacta el cambio climático sobre los agricultores minifundistas. Tampoco deberíamos pasar por alto su papel potencial en abatir el cambio climático. Por lo tanto, para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza es vital que haya nuevos enfoques sobre el manejo de los riesgos climáticos y nuevas formas de asistencia.

IPS: ¿Hasta qué punto puede influir el FIDA en cuestiones como el cambio climático, las prácticas de comercio justo, el precio de las materias primas y la urbanización, que pueden impactar sobre el sustento de los pequeños agricultores de los países pobres?

KN: Promover el manejo sustentable de los recursos naturales es parte de la actividad central del FIDA, y se vuelve aún más urgente con el cambio climático, que afecta las vidas y el sustento de la gente pobre del campo.

Aunque adaptarse a los efectos del cambio climático es vital, las prácticas agrícolas sanas también pueden hacer mucho para contribuir a la mitigación de ese fenómeno. Los agricultores pueden contribuir con planes para absorber carbono y limitar las emisiones plantando y manteniendo bosques, manejando tierras de pastoreo y cultivo de arroz, así como protegiendo cuencas para reducir la deforestación y la erosión del suelo.

Los incentivos financieros para la mitigación del cambio climático también deben incluir a los cultivadores minifundistas. Junto con nuestros principales socios en el desarrollo agrícola, exigimos la inclusión de la agricultura como componente clave en las negociaciones sobre cambio climático que tendrán lugar en diciembre en Copenhague.

El FIDA también organiza el Mecanismo Mundial de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. Si invertimos en los habitantes de las áreas rurales y les permitimos tener vidas decentes, habrá menos éxodo hacia las áreas urbanas, donde muchos terminan viviendo en tugurios.

En relación al comercio justo, el FIDA está invirtiendo cada vez más en potenciar la acción de los pequeños agricultores para crear cadenas de valor y acceso al mercado. También está ayudando a organizaciones campesinas a fortalecer su capacidad de negociar mejores precios para sus productos y una mejor política de regulación del mercado.

IPS: Las cuestiones de género, entre ellas la falta de poder femenino y la desigualdad de oportunidades, han sido identificadas como obstáculos al progreso rural en algunos países en desarrollo. ¿Cómo puede el FIDA ayudar a superar estos obstáculos?

KN: El empoderamiento económico, la toma de decisiones y el bienestar son los tres pilares del trabajo del FIDA en materia de igualdad de género. Afrontamos los obstáculos garantizando que la dimensión de género se incluya en nuestros proyectos desde su concepción.

En muchos países en desarrollo las mujeres son jefas de hogar, agricultoras, empresarias y madres. Alrededor de 30 por ciento de los pequeños establecimientos agrícolas son manejados por mujeres. En África, las mujeres producen entre 60 y 80 por ciento de todos los alimentos.

Los proyectos apoyados por el FIDA permiten que las mujeres tengan voz y mejoren su acceso a los recursos naturales, bienes y microfinanzas. El desafío es darles esa voz, ampliar su papel en las decisiones que se toman sobre los asuntos comunitarios y las instituciones locales.

Las mujeres rurales tienen como prioridad los servicios de salud, el agua, la educación y la infraestructura.

IPS: Como vicepresidente que pasó a ser presidente del FIDA ¿ve la necesidad de cambios en de la entidad, más allá de las reformas en marcha para que sea más efectiva?

KN: No creo en el cambio por sí mismo. Si no está roto, no hay necesidad de arreglarlo. El FIDA continuará construyendo su reputación como organización basada en resultados. En los próximos años, seguiremos profundizando el cambio y el proceso de reforma que ya está en curso en el FIDA, centrándonos en el manejo de recursos humanos.

Nuestro personal es el principal valor del FIDA, y la inversión en capacitación es fundamental para que den lo mejor en todas las circunstancias, pero particularmente en estos tiempos de desafíos.

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