R.D. CONGO: Delicados hilos para tejer una paz

Pocos en la República Democrática del Congo (RDC) creen que la paz en la oriental provincia de Kivu del Norte dependa sólo del líder rebelde Laurent Nkunda. La clave está en la economía y en la geopolítica, ambas muy influenciadas por los intereses occidentales.

Tampoco parece que haya retorno político para Nkunda, líder del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (CNPD), aun cuando regrese la paz a la RDC.

Antes de los cambios en el gabinete el mes pasado, el entonces ministro de Defensa Nacional, Tshikez Diemu, desestimó la declaración de Nkunda sobre un cese del fuego unilateral, así como su llamado a negociaciones políticas, tildándolo de "balbuceos infantiles". Tshikez no forma parte del nuevo gobierno.

Desde entonces, el CNPD ha avanzado de modo constante en Kivu del Norte, desplazando a más decenas de miles de civiles.

Un diputado congoleño, miembro de la Alianza para una Mayoría Presidencial (AMP, por sus siglas en francés), señaló que pese al significado político de una reunión entre los presidentes Joseph Kabila, de la RDC y Paul Kagame, de Ruanda, en el marco de la cumbre del 7 de este mes en Nairobi, "el tema central fue la economía".
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El líder rebelde funciona "como una especie de chantaje o coacción contra Kinshasa por no proteger los intereses de los inversores occidentales en la RDC, especialmente en la minería", dijo el diputado, que habló a condición de no revelar su identidad.

En 2006, este país de África central recibió una sustancial asistencia técnica, logística y financiera de Occidente para organizar elecciones luego de la guerra civil (1998-2002) que causó unos cuatro millones de muertes.

Pero pocos meses después de su elección, el gobierno de Kabila firmó una serie de contratos mineros con conglomerados chinos, entregando una amplia gama de derechos mineros en Congo, incluyendo sitios que todavía tienen que ser explorados.

Los contratos fueron valuados en casi 10.000 millones de dólares, y se extenderán por aproximadamente 30 años.

Pero varios contratos mineros habían sido firmados con inversores de Occidente durante el gobierno de transición de la RDC (2003-2006). Sin embargo, desde entonces estos contratos fueron presentados para una reevaluación y renegociación con el fin de "equilibrar los intereses de las partes", dado que los inversores recibieron la mejor parte de las ganancias, según Victor Kasongo Shomari, viceministro de Minería.

La presencia de combatientes hutu en Kivu del Norte, buscados por su presunta participación en el genocidio de 1994 en Ruanda, funciona como excusa para que Kagame intervenga en la RDC "para proteger las fronteras congoleñas de Ruanda".

La paz regional también depende de la sinceridad política de Kinshasa, de un esfuerzo diplomático comprometido de su parte y de la credibilidad de las Fuerzas Armadas de la RDC, según analistas.

Los líderes del Cuadro de Concertación de Notables de Kivu (CCNK), una organización de importantes políticos, economistas y otros miembros de la sociedad civil, sospechan que los funcionarios de Kinshasa enlodaron deliberadamente las aguas en materia militar y de seguridad, específicamente armando a los rebeldes.

En septiembre, dos parlamentarios de la gobernante AMP se unieron a la rebelión, confiriéndole cierto grado de legitimidad política. Sus sospechas se vieron fortalecidas por el hecho de que un ex miembro de la cúpula del Unión Congoleña para la Democracia-Goma (RCD-Goma), Déo Rugwiza, se encarga de administrar las fronteras de la RDC.

Rugwiza era cercano a Nkunda cuando el RCD-Goma todavía era una fuerza armada, durante la guerra civil previa.

Haciéndose eco de los sentimientos de varios parlamentarios, el CCNK dijo que las negociaciones entre Kinshasa y los rebeldes ahora serían "inoportunas".

En el plano militar, las fuerzas armadas no están ni adecuadamente equipadas ni prontas para combatir. Los soldados no recibieron sus salarios como debían durante varios meses y sus familias viven casi en la pobreza. Las consecuencias inmediatas de la falta de ánimo fueron que los efectivos huyeron del enemigo y saquearon bienes de la población civil.

Según algunos analistas, la capacidad de las fuerzas armadas de recuperar fortaleza en materia de combate depende de su actual liderazgo.

Gabriel Amisis, el jefe de las fuerzas terrestres, comúnmente conocido como Tango Fort, es otro ex funcionario de alto nivel del RCD-Goma. Él también luchó con Nkunda en la rebelión contra el régimen de Laurent-Désiré Kabila (1997-2001), y luego contra el de su hijo, hasta el diálogo intercongoleño de 2003, que tuvo como resultado la creación de un gobierno de transición.

Tango Fort, que es la voz clave en asuntos de armamento y tropas, es acusado de no poder combatir contra Nkunda, su ex hermano de armas. Pero además, las autoridades no tienen ningún control sobre el desfalco sistemático de los salarios militares.

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