CARIBE: ¿Divulgar o no divulgar pronósticos de huracanes?

Cuba decidió no emitir pronósticos públicos de la temporada ciclónica porque tienen poca importancia para la vida práctica de las personas y suelen crear falsas expectativas, dijo José Rubiera, considerado el mayor experto en huracanes de este país caribeño.

En declaraciones a IPS, Rubiera, jefe del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología admitió que esas previsiones tienen un basamento científico, y en ellas se encuentran correlaciones de importancia para los investigadores.

El organismo estatal abandonó en 2007 la rutina de muchos años de publicar sus pronósticos para la cuenca del océano Atlántico, región que comprende el mar Caribe y el Golfo de México, en la que suelen formarse, en promedio, unas 10 tormentas tropicales por cada temporada, y seis de ellas pueden llegar a huracanes, uno de gran intensidad.

"Decidimos no emitir pronósticos públicos de la temporada ciclónica, no porque fuera, o tuviera que ser un secreto, ni nada parecido, sino que fue una decisión tomada en el mejor interés de nuestro público", justificó Rubiera.

En su opinión, mientras no se sepa dónde y cuándo azotará un huracán en cada temporada, "poco importa cuántos sean". No hay que alarmar a la gente, sino "estar siempre bien preparados, sistemáticamente preparados", insistió el experto, con más de tres décadas en el seguimiento de ciclones tropicales en Cuba y el resto del Caribe.
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El público en general no entiende bien los pronósticos, ni les encuentra el significado preciso que tienen, alegó. "Al contrario, se crean muchas veces falsas expectativas, que se 'desinflan' cuando termina la temporada y ningún huracán afectó el área donde reside una persona determinada", precisó.

La utilidad de estos pronósticos es objeto de controversias, especialmente en Estados Unidos, donde hoteleros del sudoriental estado de Florida entablaron una demanda judicial contra el profesor de ciencias atmosféricas William Gray, de la Universidad del Estado de Colorado, por sus previsiones del año pasado.

En su tercer pronóstico de la temporada 2007 en el Atlántico, publicado el 3 de agosto, Gray y su colega Philip Klotzbach estimaron la formación de aproximadamente 15 ciclones con nombre, de los cuales siete serían tormentas tropicales, cuatro huracanes moderados (categorías 1 o 2 en la escala de Saffir-Simpson) y cuatro intensos (categorías 3, 4 o 5).

Los medios de prensa difundieron ampliamente ese pronóstico, y muchas personas optaron por no viajar a Florida, que finalmente no sufrió ese año el paso de ningún huracán, pero sí pérdidas para la industria turística, lo que explica la reacción de los empresarios, según Rubiera.

Por ello, "no se debe especular, sino que cuando exista en la vecindad un ciclón tropical con ciertas posibilidades de azotarnos, pronosticarlo al detalle, decir cuáles son los elementos peligrosos de los que hay que protegerse y, sin sensacionalismo, mantener al pueblo muy bien informado", insistió.

Según Rubiera, la experiencia de Cuba en materia de prevención ayuda a que sea el país con menos muertos por ciclones tropicales en toda el área del Atlántico, aventajando incluso a países desarrollados, "gracias al carácter integral del sistema de protección que ha implantado".

En los 11 años posteriores a 1995, la etapa más activa conocida en el área atlántica, esta nación caribeña fue azotada por 11 ciclones, tres con categoría de tormenta tropical y ocho huracanes, de ellos cuatro de gran intensidad.

"Sin embargo, sólo hubo 34 fallecidos en todo ese período, un promedio de tres decesos por año", indicó. Esto se debe a que los residentes en zonas vulnerables a las inundaciones, derrumbes de viviendas y otros riesgos son siempre trasladados a lugares seguros con la debida antelación.

La protección está a cargo de la Defensa Civil, dependiente del Ministerio de las Fuerzas Armadas, bajo cuya batuta se activa el sistema de prevención en cuanto se avizora la formación de una depresión tropical en el área.

El Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología emite avisos sobre ciclones tropicales de cualquier clasificación y categoría que se encuentren en la zona, que se difunden con mayor frecuencia a medida que se aproximan al país.

En caso de indicios de un peligro potencial en plazos más o menos largos, el Centro de Pronósticos encabezado por Rubiera divulga, además, avisos de alerta temprana, que permiten a las autoridades tomar decisiones con tiempo suficiente para reducir riesgos.

El seguimiento y pronóstico de la trayectoria e intensidad futura de un ciclón es una tarea operativa ardua y compleja, señala Rubiera, revestida también de una gran responsabilidad por las decisiones a tomar en un tiempo relativamente breve, con impacto directo en la población y la economía.

En 2007, la cuenca atlántica sufrió el embate de seis huracanes, dos de ellos de categoría cinco: Dean, que penetró en tierra por la Península de Yucatán, y Félix, que ingresó en el noreste de Nicaragua, causando más de 100 muertos, cientos de desaparecidos y enormes pérdidas económicas. Otros dos, Noel y Olga, resultaron extremadamente lluviosos.

Esos fenómenos, junto a varias tormentas tropicales, ocasionaron cuantiosos daños materiales y 370 muertes, sobre todo en países caribeños, según un análisis de esa temporada difundido por el Instituto de Meteorología, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Cuba fue afectada por Noel en su fase de tormenta tropical, con intensas y persistentes lluvias en la región oriental, que causaron una muerte y cuantiosos daños materiales. En su avance sobre el Caribe, el huracán Dean produjo inundaciones costeras en zonas bajas del litoral sur de este país.

Una tormenta tropical se convierte en huracán cuando sus vientos máximos sostenidos alcanzan una velocidad igual o superior a 118 kilómetros por hora.

Desde 1959, el peor desastre de este tipo en Cuba ocurrió en octubre de 1963, cuando el ciclón Flora mató a 1.200 personas.

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