SALUD-ARGENTINA: La pesadilla de la hamburguesa jugosa

Famoso por ser uno de los principales productores de carne vacuna del mundo, Argentina ostenta el triste récord de ser el país con mayor incidencia del síndrome urémico hemolítico (SUH), una enfermedad infecto-contagiosa causada por una bacteria presente en alimentos mal cocidos como hamburguesas.

Al llegar el verano comienza el terror de los padres. Los niños y niñas adoran las hamburguesas, pero periódicamente los medios de comunicación cuentan el drama de una familia cuyo pequeño se debate entre la vida y la muerte por haber consumido un alimento contaminado, casi siempre hecho en base a carne picada insuficientemente cocinada.

La enfermedad afecta principalmente a menores de cinco años y se manifiesta con diarrea acuosa con sangre, vómitos, palidez, irritabilidad, dificultades para orinar y en algunos casos convulsiones. Puede ser letal o dejar secuelas como la insuficiencia renal crónica, problemas neurológicos.

La bacteria causante de la enfermedad es la Escherichia coli enterohemorrágica, que puede presentarse en la carne cruda, en leches no pasteurizadas y en agua contaminada. Pero los expertos coinciden en que en Argentina, donde el SUH es endémico, la causa principal de contagio es por vía de la carne vacuna mal cocida.

"No está completamente dilucidado por qué Argentina presenta tasas de incidencia mayores a las de otros países", dijo a IPS la doctora Marta Rivas, jefa del Servicio de Fisiopatogenia del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas. No obstante, identificó como factor de riesgo "el hábito de comer carne insuficientemente cocida".

Lo cierto es que el SUH es la primera causa de insuficiencia renal aguda en Argentina y la segunda razón de la insuficiencia renal crónica. "Un número considerable de niños, niñas y adolescentes deben ser sometido a trasplante renal" por esta causa, sostuvo la profesional.

Rivas considera importante realizar campañas con mensajes claros para disminuir los riesgos de infección, instando a la población a lavarse las manos después de manipular carne cruda. También recomienda "implementar controles a toda la cadena agroalimentaria, particularmente a la industria cárnica".

Argentina produce más de tres millones de toneladas de carne bovina por año, 480.000 de las cuales se exportan, sometidas a fuerte control. El dato la ubica entre los primeros cinco exportadores mundiales de este producto junto con Brasil, Australia, India y Canadá. Pero a nivel doméstico, los controles sanitarios caen. Un estudio de la doctora Graciela Vallejo, jefa de Nefrología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, indica que en Argentina hay alrededor de 460 casos por año de SUH. Se trata de casi 14 pacientes por cada 100.000 menores de cinco años. Y la mortalidad llega al promedio de 3,4 por ciento de los afectados.

El problema parece acotado para 38 millones de habitantes como los que tiene Argentina. Pero es alarmante si se compara la tasa de incidencia con la de otros países. En Canadá, Estados Unidos y Francia, el índice de contagio va de 3,5 a 4,2 por cada 100.000 menores de cinco.

"Argentina es el primer país en frecuencia de casos registrados en el mundo", señala Vallejo, quien considera que este mal debería ser considerado un problema de salud pública. En algunas provincias, la incidencia es mucho más baja que el promedio, pero en otras se dispara muy por encima.

Por ejemplo en Chaco, una provincia de las más pobres de Argentina, la incidencia registrada es de apenas 0,9 por cada 100.000 y en cambio en La Pampa, de fuerte desarrollo agropecuario, llega a 34,4 por cada 100.000 niños.

En diálogo con IPS, Gabriel Lores, de la organización Lusuh (Lucha contra el Síndrome Urémico Hemolítico) consideró que "el Estado debería ejercer un mejor control sobre la cadena de faenamiento y comercialización de la carne", pero advirtió que en esa actividad "hay muchos intereses que no se quieren tocar".

"Nos consta que la carne que se exporta está libre de la bacteria, en cambio parece que para el mercado interno se la puede aceptar contaminada", denunció Lores, padre de un niño que sobrevivió al contagio pero que debe ser controlado cada año, sin que puedan descartar aún el riesgo de una secuela a largo plazo.

"El Estado hace campañas de prevención, pero no hace nada para evitar la contaminación, y eso no es justo porque se deja toda la responsabilidad al consumidor", protestó.

El hijo de Lores, Matías, tuvo los primeros síntomas del SUH en 2004, cuando tenía cinco años. "No había comido hamburguesas, (por eso) no sabemos cómo se contagió", recuerda su padre. Lo cierto es que el pequeño estuvo un mes internado en estado grave. "Fue una pesadilla, creíamos que lo perdíamos", narró..

El niño llegó a requerir diálisis y tuvo alucinaciones, pero lentamente se recuperó. Los médicos aseguran que una vez que la bacteria está en el organismo no hay mucho para hacer. Ahora Matías debe ir cada año al nefrólogo, hacerse ecografía de riñón y otros análisis, aunque está fuera de peligro.

Es que las secuelas pueden aparecer más tarde. Así le ocurrió al hijo del presidente de Lusuh, Carlos Seijo. Esteban se contagió con seis meses de vida en 1974, cuando el mal era prácticamente desconocido. Superó la crisis aguda, pero en la adolescencia se le detectó por casualidad una insuficiencia renal crónica.

La solución llegó sólo en 2004, cuando Esteban ya tenía 30 años y recibió un transplante de riñón, que le donó su padre.

+ Lucha contra el Síndrome Urémico Hemolítico (http://www.lusuh.org.ar) + Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (http://www.anlis.gov.ar/INEI.htm)

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