MUJERES: Mamá, ¿un hombre puede ser presidente?

«¿Crees que un hombre podrá ser presidente alguna vez?», le pregunta a su madre un niño que en toda su vida sólo vio mujeres como jefas de Estado en su país, Irlanda.

Crédito: Presidencia de Chile
Crédito: Presidencia de Chile
En diciembre próximo entran en la edad adulta irlandeses que pasaron toda su vida bajo presidentas. Mary Robinson, la antecesora de Mary McAleese, asumió el cargo el 3 de diciembre de 1990. McAleese la sucedió el 10 de noviembre de 1997.

La subdirectora ejecutiva de programas del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), Joanne Sandler, relata esta anécdota para ilustrar cómo, en algunos países, el liderazgo femenino puede convertirse en una rutina.

"En lugares como Irlanda y Finlandia es cada vez menos extraordinario ver a una mujer en el poder", dijo Sandler. Y, según ella, a causa de esa presencia podría aumentar la proporción de puestos de liderazgo en manos femeninas.

"Cuando uno ve mujeres en posiciones de poder, cambia la imagen que las niñas tienen de sí mismas. Ellas se ven en esos lugares. El cambio llevará mucho tiempo, aunque ya ha comenzado", explicó.
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Esos avances no necesariamente se corresponden con el desarrollo económico de una nación.

Italia se ubica en el puesto 84 del último Índice de Brecha de Género divulgado por del Foro Económico Mundial. Por lo tanto, una de las principales economías del mundo se encuentra en peor situación que países en desarrollo como Bolivia (en el lugar 80), Perú (75) y Armenia (70).

A la cabeza de la lista de 128 países analizados figura Suecia. Panamá ocupa el lugar 38. Sri Lanka, en el 15, Estados Unidos en el 31, Argentina en el 33, Mongolia en el 62, Indonesia en el 81, Nicaragua en el 90 y Bangladesh, en el 100.

Filipinas, otro país en desarrollo, logra un desempeño extraordinario: figura en el puesto número seis, detrás de cinco naciones ricas como Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia y Nueva Zelanda. Los países con la brecha de género más profunda son Pakistán, en el lugar 126, Yemen (128) y Chad (127).

Con la riqueza personal pasa algo similar que con la de los países: no es un requisito esencial para el avance de una mujer.

"Más dinero no equivale a menos discriminación de género. El dinero y el poder tienen influencia en el caso de las mujeres que ascienden. Pero, por sí solo, el dinero no explica" el fenómeno, dijo Sandler. El ejemplo de Liberia es significativo.

"Una mujer educada, ex funcionaria del Banco Mundial y de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con un currículum impresionante, compite contra un jugador de fútbol que no pasó por la escuela secundaria", explicó, en alusión a la presidenta Ellen Johnson-Sirleaf y al candidato al que derrotó en las elecciones de 2005, George Weah.

"Imaginemos lo opuesto: ¿una mujer con las credenciales de Weah sería una contendiente seria ante un hombre con los de Johnson-Sirleaf? Para ingresar en la carrera política de alto nivel, las mujeres necesitan lo mismo que los hombres, pero también muchas cualidades extra", señaló.

"El dinero es, por cierto, un igualador en términos de acceso a la educación, al capital, a la propiedad y a las oportunidades", evaluó, por su parte, Ayesha Kajee, investigadora del Instituto Sudafricano de Asuntos Internacionales e integrante del consejo del capítulo sudafricano de Transparencia Internacional.

"Pero incluso en las elites ricas, los hombres tienden a ejercer más poder que las mujeres", acotó. "De ahí que la riqueza no garantice la igualdad entre sexos."

Sociedades supuestamente desarrolladas que mantienen estructuras familiares y de liderazgo patriarcales y autoritarias pueden, por otro lado, "instituir políticas que resulten en una antipatía institucional y social hacia el afianzamiento de las mujeres", destacó Kajee.

"En esas sociedades, ellas mismas son, a menudo, tácitamente cómplices, pues han sido socializadas para pensar que el acceso al poder es indeseable, poco femenino o antirreligioso", agregó.

Hay, según Kajee, un vínculo entre género y desarrollo, "pero el cambio ocurre por muchas razones diferentes".

La experta recordó que UNIFEM constató en 2002 que, si "se da poder a las mujeres se puede, por ejemplo, legislar una cuota" de representación parlamentaria femenina mínima "sin mucho esfuerzo".

"Todos los países que han logrado o sobrepasado la representación parlamentaria femenina de 30 por ciento tienen alguna clase de acción positiva. No es un asunto Norte-Sur o de nivel de desarrollo, sino de voluntad política, y puede ser independiente del desarrollo humano", añadió.

Eso explicaría por qué países como Filipinas se ubican en lugares tan elevados según el Índice de Brecha de Género: algunos sistemas electorales favorecen las políticas de género más que otros, dijo Kajee.

La representación proporcional para la asignación de escaños parlamentarios "ha sido mucho más exitosa que los sistemas de mayoría simple de votos" por circunscripción electoral "a la hora de alentar y abrir el acceso a la participación política de las mujeres", explicó.

"Los países económicamente subdesarrollados que priorizan la educación de las niñas o el acceso de las mujeres a las oportunidades de mercado, o cuyas leyes o normas tradicionales las alientan a aprovechar esas oportunidades, cosechan los beneficios de tales políticas en un creciente liderazgo político y empresarial", dijo Kajee.

Muchos otros factores inciden en que las mujeres aprovechen o no esas oportunidades para transformar sus sociedades.

"Con más mujeres en la política, ahora se percibe la complejidad de la intersección del género con la clase social, la familia, el poder y el dinero. Cuantas más hay, mayor es el rol del género", dijo a IPS Charlotte Bunch, directora ejecutiva del Centro para el Liderazgo Global de las Mujeres de la estadounidense Universidad de Rutgers.

Pero para que la presencia femenina permita introducir ese rol entre las prioridades políticas, las mujeres deben superar un umbral que Bunch y Sandler ubican entre 10 y 35 por ciento de los escaños parlamentarios.

En enero de 2007, según la Unión Interparlamentaria (UIP), hubo más mujeres que nunca antes presidiendo cuerpos legislativos: 35 de un total de 262. Éstas fueron elegidas por primera vez en Gambia, Israel, Swazilandia, Turkmenistán y Estados Unidos.

"Cuatro países mantuvieron o sobrepasaron una masa crítica de 30 por ciento de representación legislativa femenina luego de las elecciones de 2006", señala el informe de la UIP, organización integrada por los parlamentos de más de 140 países.

"Suecia eligió para el parlamento la cantidad más alta de mujeres de su historia: ahora ocupan 47,3 por ciento de sus escaños, el segundo porcentaje más elevado del mundo luego de Ruanda", añade el reporte. En el país africano, esa proporción se eleva a 48,8 por ciento de la cámara baja.

En términos de participación política, esto significa más mujeres candidatas y más votantes, destacó Sandler.

"Uno de los principales obstáculos es la violencia que enfrentan las candidatas. No sólo violencia física, sino también cómo es abordada, cómo se la reporta, qué emana de la discriminación de género. Y eso no se confina a África", agregó.

En ese sentido, explicó, las líderes están bajo un escrutinio más intenso que el soportado por los hombres.

"Ellas todavía son una novedad, porque son muy inusuales. Pero hay una gran expectativa ante Johnson-Sirleaf y la presidenta chilena Michelle Bachelet. ¿Se las escruta más a ellas que a los hombres? ¿Acaso eso es justo?", se preguntó.

* Éste es el segundo de una serie de tres informes sobre mujeres y liderazgo político a cargo de la editora jefa de IPS, Miren Gutiérrez.

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