AMARTYA SEN: Si no es para todos, no es globalización

La «guerra contra el terror» no debe considerarse una manifestación del proceso de globalización, según el premio Nobel de Economía Amartya Sen, quien tampoco cree adecuado reducir el problema del radicalismo religioso a la acción de grupos islamistas.

Sen, de nacionalidad india, dijo a IPS que la expresión "choque de civilizaciones" está "totalmente equivocada", pues no refleja la complejidad del vínculo entre los seres humanos.

Este economista fue entrevistado luego de presentar el informe "Caminos civilizados hacia la paz", elaborado por la Comisión sobre Respeto y Entendimiento de la Mancomunidad Británica de Naciones (Commonwealth).

Sen presidió el grupo de expertos y entregó sus conclusiones a la dirección de la Commonwealth en vísperas de la cumbre del grupo, que se celebrará en Kampala entre este viernes y el sábado.

Este informe responde a un pedido de una cumbre anterior, que dispuso analizar los orígenes de los conflictos, la violencia y el extremismo en los 53 países del bloque, integrado por Gran Bretaña y países que en el pasado fueron colonia suya.
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AMARTYA SEN: Así como la Primera Guerra Mundial (1914-1918) se alimentó de divisiones nacionales, la furia y las llamas se alimentan ahora de las divisiones religiosas, algo que realmente nos preocupa. Para acabar con eso debemos prestar atención a la riqueza de las relaciones humanas.

El asunto es complejo. A menos que libremos una batalla por la mente de las personas, no habrá manera de derrotar la violencia y el terrorismo en el mundo. No lo podemos lograr sólo con medios militares.

No compartimos la idea de que la acción militar nunca puede cambiar nada, pero, por cierto, la iniciativa civil, el compromiso civil y varios instrumentos de comunicación, educativos y políticos pueden hacer una diferencia.

— Es usual que se hable en general de los problemas religiosos, pero mucha gente los restringe, en principio, a fenómenos vinculados con el Islam.

— No creo que se pueda atribuir esos conflictos a un mero problema religioso. Quiero decir, no soy religioso, pero puedo percibir que para quienes sí lo son la fe tiene un rol enriquecedor en sus vidas. Eso es muy diferente a usar las divisiones religiosas con propósitos sectarios o para perpetrar la violencia contra los de otra fe.

Y esto no se restringe a lo islámico, a lo que se suele denominar "terrorismo islámico". Se trata de un muy pequeño grupo de musulmanes que tienen una visión particular. Creo que la gran mayoría de los musulmanes no la comparten.

Además, este tipo de violencia se ve también en otras comunidades. En los disturbios de Gujarat, en India, fueron hindúes los agresores. Los budistas sectarios hicieron lo suyo en Sri Lanka. Por lo tanto, creo que hay una confusión entre el rol enriquecedor de la religión, que es un mecanismo de identificación entre una plétora de mecanismos de identificación humana.

— Pero lo que se denomina guerra mundial contra el terror es, en realidad, contra la violencia islamista.

— Bueno, eso de "guerra mundial contra el terror" no lo decimos nosotros, por supuesto. Muchos dentro de la Comisión coinciden en que la invasión a Afganistán fue más correcta en lo militar que la de Iraq, pero no importa lo que pensemos sobre las iniciativas militares.

Tampoco nuestras diferencias al respecto: todos estamos de acuerdo en que la base filosófica que subyace a la "guerra contra el terror" es demasiado, demasiado limitada. No se compromete suficientemente en la batalla por la mente de las personas.

Concentrarnos en un tipo particular de causa de violencia implica una lectura del mundo en que el choque de civilizaciones, en particular entre la denominada civilización occidental y la denominada civilización islámica, tiene una gran incidencia.

Pero el mundo no se divide así. Dentro de cada pueblo, musulmanes, cristianos, judíos, hindues o sijs pueden participar en las mismas actividades económicas, en las mismas manifestaciones de la literatura, disfrutar el mismo tipo de música… Hay muchos caminos que los unen.

— ¿El concepto de choque de civilizaciones es erróneo?

— Es una expresión totalmente equivocada.

En primer lugar, la división de civilizaciones que traza se basa sobre la religión, y la identidad de la gente no se limita a lo religioso. Mi origen es hindú, y cuando hablo con mi amigo musulmán no se manifiesta en esa charla una relación entre una civilización hindú y una civilización musulmana. No importa que conversemos en India, en Pakistán, en Bangladesh, en Egipto o en Gran Bretaña. Podría ser una charla entre dos indios, entre dos personas de Asia meridional o entre dos personas de países en desarrollo.

Las afinidades comunes se manifiestan de muchas maneras. La división en civilizaciones es un modo muy empobrecido de entender a los seres humanos. De hecho, clasificar la población mundial en civilizaciones es un modo rápido y eficiente de malinterpretar absolutamente todo.

En segundo lugar, a medida que las civilizaciones crecen, se desarrollan grandes conexiones entre ellas. La cocina india usa ají al influjo de los conquistadores portugueses. La cocina británica está muy inspirada por la india. Las matemáticas, las ciencias y la arquitectura viajan entre regiones. También la literatura. Por lo tanto, las civilizaciones no crecen en pequeñas cajitas, en compartimientos estancos.

El tercer error es presumir que, de algún modo, todos estamos peleados con todos. Y las civilizaciones son, apenas, una división entre muchas. Existen otras: hay hombres y hay mujeres, una división de género. Ahora bien, que eso conduzca a una hostilidad recíproca es una cosa diferente. Debemos descubrir qué tipo de retórica lo hizo posible. Y si hay injusticias contra las mujeres, hombres y mujeres deben unirse en un compromiso para superarlas.

— La Commonwealth es retratada con frecuencia como un microcosmos de diversidad. ¿Qué puede hacer, simbólicamente o en la práctica?

— No tratamos de llegar a una posición política o económica única. Tenemos gran variedad de posiciones. Pero también tenemos intereses comunes, un compromiso compartido con la paz, la prosperidad y la calidad de vida. Ésas son las metas que queremos cumplir, y pueden alcanzarse sin acabar con todas nuestras diferencias.

— ¿Qué es la globalización? ¿Acaso es la globalización occidental? ¿La globalización de bienes, de mercados? ¿De personas, de ideas?

— La globalización de las ideas ha sido una de las vías más importantes hacia el progreso humano. Los pueblos han aprendido técnicas científicas de alguna otra parte, técnicas matemáticas de otra. El mundo no occidental puede aprender mucho de los avances en Occidente en materia de ciencia e ingeniería.

En tiempos del Renacimiento, y luego en el periodo de la Ilustración, hubo una enorme contribución de la ciencia china a Europa. Las matemáticas de India y Arabia transformaron a todo el mundo en los siglos XI, XII y XIII. El mundo árabe también ha dejado un legado de compromiso con el diálogo interactivo desde los tiempos en que tenía mucho poder político.

Con frecuencia se olvida que Aristóteles y Platón fueron dejados de lado en las "eras oscuras" (la baja Edad Media), y sólo sobrevivieron a través de sus traducciones árabes, cuando sus obras fueron retraducidas al latín. La globalización de las ideas ha sido muy constructiva.

La globalización de las relaciones económicas también podría serlo. La cuestión no es estar en contra de la globalización, sino asegurarnos de que diferentes comunidades, diferentes partes del mundo puedan beneficiarse del proceso, y no que los beneficios sean compartidos de manera desigual.

Lo que buscamos es compartir, es evitar la inequidad. No es cuestión de estar contra la globalización, ni de quién es la globalización. La globalización es tal si es de todos, no sólo de una parte del globo.

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