NICARAGUA-IRÁN: Un acercamiento inquietante

La cada vez más estrecha relación entre los presidentes Daniel Ortega, de Nicaragua, y Mahmoud Ahmadinejad, de Irán, molesta a académicos, religiosos, ex diplomáticos, políticos y empresarios, quienes temen que esa alianza afecte las posibilidades de desarrollo económico.

Las manifestaciones de rechazo a esta alianza se escucharon luego de que Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional, aprovechó esta semana su participación en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para arreciar con sus críticas a Estados Unidos y defender los programas nucleares de Corea del Norte e Irán.

"En momentos en que el país necesita ayuda internacional para reparar los daños causados por el huracán Félix, meterse gratuitamente en un conflicto internacional no le hará bien al desarrollo que buscamos", dijo a IPS el ex embajador nicaragüense en Estados Unidos, el conservador Carlos Tunnermann.

El paso por Nicaragua de Félix, ya en máxima categoría cinco de la escala Saffir-Simpson, destruyó el 4 de septiembre gran parte de la costera Región Autónoma del Atlántico Norte. Los daños ascienden a 350 millones de dólares, según la oficina local de la ONU. Las consecuencias ambientales y sociales son también cuantiosas.

El canciller de Nicaragua, Samuel Santos, había anunciado que Ortega utilizaría su discurso en la ONU para pedir ayuda, pero el presidente izquierdista minimizó ese aspecto y dedicó la mayor parte de su intervención a criticar a Estados Unidos y a otros países ricos. También defendió a Cuba, Irán, Venezuela, además de Corea del Norte, con el cual estrechó lazos en mayo pasado.
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"Es muy decepcionante observar que el esquema de pensamiento del presidente Ortega aparentemente no ha cambiado", señaló el embajador de Washington en Managua, Paul Trivelli.

Organizaciones no gubernamentales, de derechos humanos y dirigentes empresarios locales también lamentaron que Ortega haya dejado pasar la oportunidad de pedir auxilio para los damnificados por el huracán, que superan las 200.000 personas.

Fuera del gobierno son pocos los que aprobaron el discurso de Ortega. Incluso el vicepresidente, Jaime Morales Carazo, dijo no compartir "todos los conceptos y formas que se manifestaron" en la ONU.

Sin embargo, la esposa de Ortega, Rosario Murillo, dijo desde Estados Unidos que estaba orgullosa "de la política, del coraje y dignidad" del gobierno. "Tenemos un presidente que nos representa con honor, dignidad y valentía", resaltó.

Ya antes del discurso, amplios sectores debatían sobre las ventajas y perjuicios de una alianza diplomática de Nicaragua con Irán, en el contexto de las duras críticas que recibe ese país de parte de Estados Unidos y sus aliados occidentales que lo acusan de desarrollar un programa nuclear bélico. Teherán rechaza estos señalamientos.

Washington también acusa a Irán de apoyar a los insurgentes que combaten a sus tropas en Iraq.

Alberto Alemán, periodista y analista de relaciones internacionales, dijo a IPS antes del viaje de Ortega a la sede de la ONU en Nueva York que, si bien era positivo que Nicaragua tuviera relaciones con todos los países, no veía ganancias en el caso de Irán.

"Quizás en el plano de solidaridad entre dos miembros del Movimiento de No Alineados, la relación política tenga importancia, pero de allí en más no encuentro muchos beneficios políticos o económicos que justifique tanta amistad y nuestro apoyo a Teherán en sus posturas internacionales", afirmó.

Para Tunnerman, las estrechas relaciones entre Nicaragua e Irán son parte del pago que Ortega hace al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, por la ayuda que le brindó desde que asumió el cargo por segunda vez el 10 de enero.

Ortega integró la Junta de Reconstrucción Nacional desde 1979, cuando la guerrilla izquierdista del Frente Sandinista de Liberación Nacional derrocó la dictadura de Anastasio Somoza, y en 1985 ganó las elecciones con más de 63 por ciento de los votos para ejercer la presidencia por cinco años.

En ese lapso, Nicaragua fue atacada por las fuerzas derechistas integradas y dirigidas por quienes habían integrado el ejército de Somoza, apoyados con dinero, armas e infraestructura militar por el gobierno estadounidense de Ronald Reagan (1981-1989).

Cuando el Congreso de Estados Unidos bloqueó los pedidos de fondos para seguir asistiendo a la llamada contrarrevolución nicaragüense, más conocidos como Contras, el gobierno de Reagan intentó suplir esa falta con la venta ilegal de armas a Irán, para sortear el embargo internacional que pesaba sobre ese país.

El escándalo Irán-Contras casi le cuesta la presidencia. Nicaragua se alineó entonces con Cuba y se respaldó en la hoy disuelta Unión Soviética.

Según Alemán, Nicaragua puede cosechar más pérdidas que ganancias en su relación con Teherán. "A Irán le podríamos servir de tribuna antiimperialista en el patio trasero de Washington, para nada más. Los pleitos de Irán no son asunto nuestro pero la cercanía de Estados Unidos sí debe tomarse en cuenta", expresó.

Antes de que Ortega dijera que Estados Unidos es "la tiranía y la dictadura más gigantesca y más impresionante que ha existido a lo largo de la historia de la humanidad", se había reunido en dos ocasiones con el presidente iraní.

La primera vez en enero en Managua y luego en junio en Teherán. Posteriormente, una delegación iraní de alto nivel visitó Nicaragua en agosto para firmar acuerdos de cooperación por 350 millones de dólares, que incluyen la construcción de puertos de aguas profundas, aportes para proyectos de energía y construcción de viviendas populares para 10.000 familias.

La tercera reunión entre Ortega y Ahmadinejad fue esta semana en Nueva York, cuando acordaron la formación de un "frente de lucha en favor de la paz" para evitar una nueva guerra de "las naciones poderosas del mundo".

También decidieron la reapertura de embajadas en ambos países y establecer un sistema de libre visado para diplomáticos iraníes y nicaragüenses.

"Es un poco inquietante ese libre visado para iraníes. Que Ortega vocifere contra el imperialismo es una cosa, pero otra es la presencia de agentes de Teherán o la sospecha del desarrollo de operaciones que podrían ser vistas por Estados Unidos como amenazas para su seguridad nacional", según Alemán.

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