CINE-VENEZUELA: Leningrado es una postal

Una nueva película sobre el movimiento guerrillero de Venezuela de hace 30 y 40 años llega a la pantalla, pero esta vez no para contar combates, asaltos y debates entre adultos sino emociones de niños y niñas mientras sus padres hacían vida clandestina.

En "Postales de Leningrado", la realizadora Mariana Rondón recogió historias de hijos de quienes se sumaron a la guerrilla izquierdista, y se trocó en una niña que las narra, pero no de forma lineal sino como un archipiélago de recuerdos en los que hay menos hechos verosímiles que escenas propias de la imaginación infantil.

Así, van apareciendo los personajes, Teo, encarnado por William Cifuentes, un primo de ocho años y ayudante de la narradora con sus peripecias y expresiones, una abuela, interpretada por Haydeé Faverola, que lucha entre la locura y la tristeza, y la madre Marcela, a cargo de Greisy Mena, quien entre el valor y los miedos constantemente cambia el nombre de su hija.

El padre guerrillero, también llamado Teo e interpretado por Laureano Olivares, acaba transformado en el Hombre Rana y todos buscarán finalmente ser el Hombre Invisible, el que necesitan ser, para escapar de los peligros, las torturas y los miedos.

"No quería un filme histórico o verosímil. La línea narrativa de la película responde a la estructura de la memoria. No hice ninguna investigación. Nosotros no pensamos linealmente y el cine es el arte que mejor nos muestra esa complejidad", expuso Rondón en diálogo con IPS.

Mientras rodaba, en el poblado Mesa de los Indios en los Andes sudoccidentales, Rondón encontró que su equipo de producción crecía en número e interés de los colaboradores y muy pronto encontró la razón: muchos eran descendientes de ex guerrilleros, y el resultado fue el rodaje, en paralelo, del documental "Hijos de la guerrilla".

Para ellos resultó verosímil un aserto del pequeño Teo: "Leningrado es un lugar desde el que los padres nunca vuelven", porque cada vez que sus progenitores debían marchar u ocultarse más lejos le enviaban una tarjeta postal, verdadera de Leningrado, pero falsamente despachada desde esa ciudad rusa llamada hoy otra vez San Petersburgo, con amorosos mensajes para los pequeños.

La directora, hija del ex guerrillero y actual embajador de Venezuela en Colombia Pável Rondón, dijo que le impactó de niña una postal de Leningrado bajo la nieve. "Cuando mis padres me decían que iban a cambiar el mundo, yo pensaba que lo iban a hacer para que nevara más".

Entre Rondón y la productora Marité Ugás, ambas egresadas de la Escuela de San Antonio de los Baños en Cuba, se propusieron el filme con una mirada infantil, y también con la perspectiva de género de la niña, la madre y la abuela sobre jóvenes guerrilleros que "se fueron a salvar el mundo, y los estamos esperando".

"La autora no juzga, no valora, cuenta lo que se grabó en sus neuronas, como quien revive en el diván psicoanalítico y llora, ríe, ama y reconstruye sueños y mitos", señaló el crítico Fernando Rodríguez, ex director de la Cinemateca Nacional.

Para hacer posible este enfoque, un equipo dirigido por el argentino Ignacio Gorfinkiel, hijo de detenidos-desaparecidos, intervino en la post-producción con dibujos animados, elementos gráficos, pictóricos y collages diversos, "categorías visuales para meter al espectador en la imaginación de un niño", explicó Rondón.

"La cinta debía tener el tono de la época, los años 60. Debía tener a los guerrilleros, pero también al Submarino Amarillo (de The Beatles) y los cuadernos de comics", dijo la cineasta.

El tema musical es "Hasta siempre, comandante", homenaje del fallecido cantautor cubano Carlos Puebla al guerrillero de origen argentino Ernesto Che Guevara, pero a ritmo de rock e interpretado por Micky Huidobro y Paco Ayala, que integraron el grupo mexicano Molotov.

"Ninguna película venezolana ha sido construida con un léxico tan polifónico como ésta: ficción, documentales de época, personajes de comics, fotografías, dibujos animados e intervenciones pictóricas, algunas inéditas", reconoció Rodríguez.

Rondón insistió en "la línea emocional y lúdica —reflejada en los juegos de los niños que pueblan la película— seguida al escuchar todas las voces que necesitamos para retratarnos. Que las películas no se parezcan, sino que busquen la originalidad".

En 1999 Rondón, quien reparte su tiempo entre el cine y las artes plásticas, presentó como ópera prima "A la media noche y media", la historia de personajes que se rezagan del abandono de una ciudad amenazada por un maremoto.

"Postales de Leningrado" costó unos 700.000 dólares y recogió aportes de la firma estatal Petróleos de Venezuela y de la emisora de televisión sudamericana Telesur.

El preestreno fue una función organizada por la Asociación de la Prensa Extranjera en Venezuela y la organización de ayuda a la infancia Una Mano Amiga.

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