PENA DE MUERTE-IRAQ: Saddam sin juicio justo

La polémica y la espectacularidad rodean el juicio contra el depuesto presidente iraquí Saddam Hussein. La gran duda no es si será condenado a muerte por el asesinato en 1982 de 146 chiitas en Dujail, sino si el proceso es justo.

Otra pregunta que acompaña el juicio es si la eventual ejecución de Saddam Hussein ayudaría a Iraq a avanzar en su reconstrucción.

En el pasado, "el revólver era más poderoso que la ley en Iraq", escribió en el sitio web especializado en derecho The Jurist David Crane.

"El juicio a Saddam podría revertir esto, abrir un camino por el cual el pueblo iraquí comenzaría a respetar el estado de derecho. Pero con un proceso equivocado, la naciente democracia iraquí estará en problemas", agregó Crane.

De hecho, muchos iraquíes ven demasiadas similitudes entre el juicio a Saddam Hussein y el que afrontaron otros funcionarios de pasados regímenes: los aliados del ex primer ministro Nuri al-Said y del príncipe heredero Abdullah.
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En 1958, después de derrocar la monarquía, las fuerzas de Abdul Karim Qasem establecieron un tribunal para juzgar a ministros y a militares que colaboraron con Gran Bretaña y con la corona.

El denominado Tribunal Al-Mahdawi realizó procesos espectaculares que poco tenían que ver con la justicia, según abogados e historiadores.

"Fue una especie de comedia, una obra de teatro, pero al menos fue un tribunal nacional iraquí", dijo a IPS en Ammán un miembro de la Asociación de Abogados de Iraq que pidió reserva de su identidad para salvaguardar la seguridad de su familia.

El juicio a Saddam Hussein, así como los del Tribunal Al-Mahdawi, muestra más teatro que jurisprudencia, dijo a IPS el director de la red Derechos Humanos en Iraq, Muhammad Tareq.

"Estos dos tribunales fueron establecidos por enemigos del régimen anterior. No eran independientes. ¿Cuál es la diferencia? Mahdawi procuraba la ejecución, y lo mismo sucede ahora", dijo Tareq.

"Es necesario establecer un comité independiente para recoger toda la evidencia y avanzar hacia una democracia real", sostuvo.

La nueva Corte Penal Suprema de Iraq fue creada para juzgar a Saddam Hussein, y organizaciones de la sociedad civil consideran que existen similitudes perturbadoras con el Tribunal Al-Mahdawi, y todas ellas apuntan a la injusticia.

Dos de los delitos por los que se acusa al ex dictador "parecen tener su origen en el tribunal militar instalado tras la revolución de 1958 (…), que condujo juicios abiertamente políticos, más preocupados en desacreditar la monarquía que a establecer la culpabilidad o inocencia de los acusados", advirtió el año pasado la organización de derechos humanos Human Rights Watch (HRW).

Saleh Mutlaq, líder del Frente Iraquí para el Diálogo Nacional (el segundo partido sunita del país), también cuestionó el apego del tribunal con la verdad. Para él, Saddam Hussein debe ser juzgado por un cuerpo internacional.

"No creemos que este gobierno sea justo, ni que estos jueces y este tribunal sean justos. Lo mejor sería sacar a Saddam de Iraq e interrogarlo en un tribunal respetable, donde se le dé lo que merece. Interrogar a Saddam de este modo es un insulto para los iraquíes y para el derecho iraquí", dijo Mutlaq a IPS en Amman.

Mutlaq y otros dirigentes consideraron que el consejo de gobierno iraquí debió haber designado jueces no iraquíes con experiencia en este tipo de tribunales, como lo establecen las leyes nacionales.

Expertos ven difícil de entender cómo no se realizó una concesión tan pequeña como ésta para asignar mayor legitimidad al juicio ante la comunidad internacional.

Si se hubiera empleado a fiscales e investigadores iraquíes junto con jueces internacionalmente reconocidos, la imparcialidad del proceso habría sido mucho más difícil de cuestionar, según Mutlaq.

Iraquíes y árabes de todo Medio Oriente están pegados a las pantallas de televisión, aparatos de radio y hasta a computadoras en línea para apreciar los últimos detalles del juicio.

Ya desde el principio, Saddam Hussein y su hermanastro Barzan Ibrahim exhibieron reiterados desplantes, algunos de los cuales fueron destacados por la prensa internacional.

Buena parte de la espectacularidad del juicio se percibió sólo en el mundo árabe. Cuando cuatro testigos de la defensa aseguraron que al menos algunas de las 148 víctimas de Dujail estaban vivas, por ejemplo, el juez Raouf Abdel-Rahman ordenó arrestarlos.

Pero otras noticias llegaron a la prensa mundial. Hasta la fecha, tres abogados defensores fueron asesinados. Los restantes viven en Amman y viajan por avión a Bagdad para asistir a las audiencias.

El gobierno iraquí ni siquiera identificará por su nombre de pila al fiscal que presentará el alegato final.

Organizaciones no gubernamentales y opositoras a la pena de muerte, que se han manifestado en contra de la eventual condena de Saddam Hussein al máximo castigo, se concentraron en las cuestiones de principios.

El cardenal católico Paul Poupard solicitó a los jueces abstenerse de condenar a Saddam Hussein a muerte. "Nadie puede arrogarse la propiedad de la vida o la muerte de otra persona, excepto el Creador", dijo en un sitio web del Vaticano.

El europarlamentario socialista italiano Marco Cappato solicitó al gobierno iraquí que no ejecute a Saddam Hussein. "Los crímenes de los que se lo acusa son extremadamente serios. Pero la respuesta no es la pena capital", sostuvo.

"Aquellos que como Saddam Hussein, Slobodan Milosevic y Charles Taylor le niegan a su propio pueblo el derecho a existir tienen también derecho a un juicio justo, preferiblemente conducido bajo jurisdicción internacional, un proceso que respete plenamente el derecho de los acusados y que no recurra a la pena de muerte", declaró Cappato.

Mutlaq manifestó su desacuerdo. Si Saddam Hussein es hallado culpable, debe ser ejecutado, dijo. Pero sólo aceptaría tal sentencia de un tribunal legítimo.

El 10 de julio, la defensa presentará su alegato final. El mundo se está preparando para la sentencia.

Si Saddam Hussein es condenado a muerte, los líderes de Kurdistán esperan el aplazamiento de la sentencia para permitir su juzgamiento por crímenes cometidos en esa región del norte de Iraq. En ese caso, el espectáculo continuará en el mundo árabe.

Iraquíes como Abu Salih, cuyo hermano fue asesinado por el régimen de Saddam Hussein en 1992, esperan el día de la ejecución del dictador. "Quiero que muera tal como él mató a mi hermano. Será justicia, pues si un hombre mata a otro, ese hombre merece morir."

Tal vez muchos en el mundo crean que exista una tercera vía, por la cual pueda hacerse justicia sin sumar a Saddam Hussein a la lista de bajas fatales de las guerras iraquíes.

(*) Brian Conley informó desde Amman y Omar Abdullah desde Bagdad.

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