ELECCIONES-MÉXICO: Futuro gobierno tendrá escaso apoyo social

El presidente de México que surja de las elecciones generales del 2 de julio asumirá el cargo con el respaldo de un rango que apenas va de 32 a 40 por ciento de los votantes, como consecuencia del sistema comicial vigente.

Las encuestas que miden la intención de voto indican que la disputa estará entre Felipe Calderón, del gobernante y conservador Partido Acción Nacional (PAN), y Andrés López Obrador, del opositor e izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD), quienes navegan por ese margen porcentual en las consultas desde hace semanas.

Cualquiera de ellos superará al otro por uno o dos puntos porcentuales, coinciden en indicar los distintos sondeos.

La mayoría de los votos irán al candidato que logre el segundo lugar de esa dupla y a los otros tres en contienda, que son Roberto Macrazo, del histórico Partido Revolucionario Institucional (PRI), Patricia Mercado, de Alternativa, y Roberto Campa, de Nueva Alianza, todos con escasa posibilidades de triunfo según las encuestas.

Así, el próximo presidente de México comenzará "su mandato con escaso apoyo popular y con un triunfo que ante los ojos de muchos pudiera parecer arbitrario", advirtió Gabriel Negreo, investigador de la división de estudios políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).
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El experto añadió que podría haber un ganador en las elecciones "con escaso apoyo popular" y hasta "rechazado por las mayorías".

Es que el sistema electoral mexicano indica que para ser elegido presidente basta con obtener más votos que cualquier de los otros postulantes inscritos, sin importar el porcentaje que logre en las urnas.

Tal modelo difiere del de la mayoría de los países de América Latina, donde se contempla la realización de segundas vueltas presidenciales cuando en la primera ronda ningún candidato obtiene al menos 50 por ciento más un voto de adhesión de la ciudadana partícipe de los comicios. Con este esquema, se asegura que el postulante gané efectivamente por mayoría.

En México no sucederá eso en las elecciones en puerta, por lo que el nuevo presidente "llegará políticamente débil, al no contar con la legitimidad plena que da el voto mayoritario", dijo a IPS el politólogo Luis Ortiz.

Es hecho, "podría generar un esquema de difícil gobernabilidad, por lo cual el mandatario estará obligado a buscar alianzas", explicó este experto, que es asesor independiente en temas electorales

Además de presidente, en las elecciones del 2 de julio los poco más de 70 millones de mexicanos con derecho a votar escogerán también a 300 diputados, 128 senadores y a docenas de autoridades locales.

Igual que en la contienda presidencial, en las otras tampoco se espera que algún partido obtenga una mayoría absoluta.

En las últimas elecciones nacionales realizadas en 2000 en México, el hoy presidente Vicente Fox obtuvo 42,5 por ciento de los votos, seis puntos porcentuales más que su inmediato competidor, Francisco Labastida, del PRI.

En aquella ocasión, el triunfo de Fox tuvo gran resonancia local e internacional, pues representó el fin de los gobiernos del PRI, ejercidos sin interrupción desde 1929. Ese hecho arropó a Fox con una alta legitimidad política.

Además, la elección del presidente se produjo bajo un esquema de competencia en el que las autoridades electorales ya eran totalmente independientes del gobierno, lo que no sucedía hasta mediados de los años 90.

En la nueva coyuntura histórica, surgen voces que plantean la necesidad de modificar el sistema electoral e introducir la figura de la segunda vuelta.

"Ojalá se logré un acuerdo, pues con el sistema actual pueden darse resultados muy cuestionables, como seguramente va a suceder ahora en las elecciones presidenciales de julio", apuntó el politólogo Ortiz.

Legisladores de diferentes partidos vienen pidiendo desde hace varios años debatir la modificación del sistema electoral, pero hasta la fecha no hay un acuerdo sobre el tema.

La figura de una sola vuelta se mantiene en América Latina únicamente en Honduras, Panamá, México, Venezuela y Paraguay.

Según Negretto del Cide, "cuando la competencia se divide entre más de dos candidatos fuertes a la presidencia, como ocurre en casi todos los países en los que no existen ya partidos dominantes, la regla de mayoría relativa (de votos en las elecciones) es la que produce los peores resultados".

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