DESARME-IRÁN: Teherán también quiere pulsear

El anuncio de Irán de que no responderá sino hasta agosto a la oferta de Occidente para comenzar negociaciones formales sobre su programa nuclear fue una demostración de solidez, pero también una represalia por la lentitud europea en contestar a sus propuestas en 2005.

Al negarse a responder en el plazo exigido, que vence este jueves, Teherán deja en claro a Washington y al grupo de países europeos que negocian sobre la cuestión nuclear, integrado por Alemania, Francia y Gran Bretaña, conocido como UE-3, que no se intimida ante amenazas de sanciones internacionales.

Los tiempos propios de Irán también parecen destinados a demostrar a los europeos y a los estadounidenses que puede y está dispuesto a participar de la pulseada política demorando respuestas oficiales, como hizo el UE-3 el año pasado.

"Estudiaremos la oferta y, si Dios quiere, informaremos nuestra opinión a fines del (mes de) Mordad", dijo en un discurso la semana pasada el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad. Ese mes en el calendario iraní coincide con el occidental de agosto.

Teherán prorroga así su respuesta casi dos meses después del plazo establecido por las seis potencias, esto es, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) más Alemania.
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La firmeza iraní impacientó al presidente de Estados Unidos, George W. Bush. "No les debería tomar tanto tiempo analizar un acuerdo razonable", afirmó.

Washington esperaba contar con una contestación iraní para la reunión de cancilleres del Grupo de los Ocho (G-8) países más poderosos, prevista para este jueves en Moscú, según dijo a la agencia de noticias Associated Press un funcionario estadounidense.

Irán había ofrecido al UE-3 en marzo del año pasado iniciar negociaciones formales, pero el grupo europeo demoró también dos meses en responder.

Aunque ya mantenía una suspensión voluntaria de sus actividades de enriquecimiento de uranio, Irán propuso en aquella oportunidad al UE-3 una serie de "garantías técnicas" para asegurar que su programa nuclear no estaría destinado a la fabricación de armas atómicas, como temen las potencias de Occidente.

Teherán se comprometía así a producir sólo uranio levemente enriquecido y convertirlo en barras de combustible para uso en reactores, limitar el uso de los centrifugadores en la meridional central de Natanz por un relativamente largo período de tiempo y concederle a la Agencia Internacional de Energía Atómica presencia permanente en todos los sitios donde se trata el uranio.

La propuesta fue formalmente presentada por Irán en una reunión de expertos técnicos el 29 de abril de 2005. Un mes después, en un encuentro de ministros con el UE-3, Teherán solicitó una rápida respuesta.

Pero los ministros europeos sólo contestaron más de dos meses después con un paquete de medidas para implementar el llamado Acuerdo de París, de noviembre de 2004, por el cual Irán se había comprometido a detener el enriquecimiento de uranio.

La demora europea molestó a los líderes de Irán, que la interpretaron como una estrategia para esperar el resultado de las elecciones presidenciales en ese país el 24 de junio de 2005.

En círculos diplomáticos europeos y estadounidenses se esperaba que los comicios fueran ganados por el ex mandatario moderado Hashemi Rafsanjani (1989-1997), con quien era más factible lograr un acuerdo.

"Rafsanjani cooperará con los europeos para detener el enriquecimiento de uranio" si es electo, había adelantado uno de sus más cercanos consejeros, Mohammed Atrianfar, en una entrevista para el independiente Grupo Internacional de Crisis, con sede en Bruselas, el 27 de mayo.

Luego de que fuera elegido el conservador Ahmadinejad, el UE-3 ignoró la oferta de Teherán y respondió con una contrapropuesta: la suspensión definitiva de toda actividad de enriquecimiento de uranio, y no hizo concesiones reales a los intereses iraníes.

Pero la actual demora de Teherán también denota una creciente confianza en su postura ante la disputa con Washington. Los líderes iraníes tienen en cuenta que la administración Bush ha perdido apoyo interno por su política militarista en Medio Oriente.

También creen que Washington sabe de su vulnerabilidad ante posibles represalias iraníes a través de Iraq u otros lugares de Medio Oriente tras un eventual ataque estadounidense.

Una cuestión clave en la respuesta que dé Teherán a la oferta europea es si podrá contar con China y Rusia para bloquear los esfuerzos de Estados Unidos dentro del Consejo de Seguridad por la adopción de sanciones internacionales.

* Gareth Porter es historiador y experto en políticas de seguridad nacional de Estados Unidos. "Peligro de dominio: Desequilibrio de poder y el camino hacia la guerra en Vietnam", su último libro, fue publicado en junio de 2005

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