KENIA: Accidente aéreo se cobró mucho más que 14 vidas

El accidente aéreo que se cobró esta semana la vida de seis legisladores, un obispo y otras siete personas en el norte de Kenia, región a la que se dirigían para reclamar el cese de hostilidades entre clanes rivales, representa un retroceso en el proceso de paz.

El avión militar en que se trasladaban los fallecidos se precipitó el lunes cerca de la pista de aterrizaje de Marsabit, un distrito del árido norte keniata. Luego, chocó contra una ladera y se quebró en dos, antes de prenderse fuego.

Tres sobrevivientes sufrieron heridas serias, fracturas y quemaduras. El accidente fue atribuido al mal tiempo.

El viaje marcaba la primera misión parlamentaria para acabar con la violencia entre clanes del norte de Kenia.

"Necesitamos que la paz en la región sea duradera y que nuestra gente se sienta segura. Necesitamos que se tomen medidas antes de que ocurran más muertes", dijo a IPS Fatuma Gouyaye, cuya madre y dos hermanas murieron en un ataque en Marsabit el año pasado.

"Sin paz seguiremos sufriendo. Es importante que el gobierno ataque el problema de raíz", afirmó desde la casa de su tía en Nairobi.

La semana pasada, en el también septentrional distrito de Samburu, cuatro personas murieron en enfrentamientos que obligaron a numerosas personas a abandonar sus hogares.

Cinco de los seis parlamentarios fallecidos en el accidente, incluida la segunda figura de la oposición, Bonaya Godana, eran originarios del norte. El sexto, Mirugi Kariuki, del occidental distrito de Nakuru, participaba en la misión como asistente del Ministerio de Seguridad Interna.

Los enfrentamientos entre los clanes en el norte se deben a disputas por el acceso al agua y a las pasturas. Pero el conflicto adquirió dimensión política, según Abdullahi Abdi, director general de la organización no gubernamental Ayuda Norteña.

Las autoridades delimitaron nuevos distritos electorales en la región en medio de territorios dominados por clanes, acentuando la animosidad entre las comunidades que podrían haber compartido recursos como la tierra de pastoreo antes de la demarcación de límites políticos.

La magnitud de las tensiones se hizo evidente en julio pasado, en los enfrentamientos en Marsabit que dejaron 90 muertes, el peor episodio de violencia étnica desde que Kenia se independizó de Gran Bretaña en 1963.

Los asaltantes armados supuestamente miembros del grupo étnico borana atacaron poblados de la comunidad gabra en el área de Turbi, en Marsabit, en la frontera con Etiopía. Se estima que unas 6.000 personas abandonaron sus hogares después del incidente.

Observadores advierten que las hostilidades en el norte de Kenia están influidas por las tensiones en Etiopía.

"Tanto los gabra como los borana de la comunidad oromo en Etiopía están estrechamente relacionados con los gabra y borana de Kenia, y esa relación afectó la situación aquí", sostuvo Abdi.

Godana había acusado al insurgente Frente de Liberación Oromo, de Etiopía, por la masacre de Turbi, la cual atribuyó al resentimiento de la organización armada con los gabra por no apoyar su causa.

Ese grupo lanzó una ofensiva contra el gobierno etíope en 1993, en un intento por obtener autonomía para los pueblos oromo que viven en el sur del país, incluidos los gabra y los borana.

El antropólogo Paul Goldsmith, experto en grupos étnicos keniatas, sostuvo que los gabra de este país han sido acusados, además de las muertes en Turbi, de apoyar a las autoridades etíopes. Esto desató los ataques de los borana, desatando represalias que llevaron a los hechos de Turbi.

Las teorías de Goldsmith y de Godana fueron rechazadas por miembros del gobierno de Kenia y del Frente de Liberación Oromo.

Sin embargo, lo que pocos discuten es la gran afluencia de armas a la región. Las lanzas rudimentarias y los palos fueron reemplazados por rifles AK-47 y bazukas, amplificando el poder mortífero de los enfrentamientos.

"En un solo ataque perdimos, en el caso de la masacre de Marsabit, 90 keniatas. Antes, no morían ni la mitad", observó Abdi.

Las enormes carencias de la región agravan los problemas. No hay caminos asfaltados que unan Marsabit con el resto del país. Para colmo, las escasas clínicas y escuelas accesibles están muy lejos.

Las autoridades prometieron ahora remediar la situación. En un comunicado de prensa hecho público el miércoles, el vicepresidente Moody Awori señaló que el gobierno se dispondría a realizar de inmediato perforaciones en el área, para suavizar las peleas por los escasos recursos.

Poco antes de su muerte, Godana acusó al gobierno de demorar soluciones en el norte. Los esfuerzos anteriores de grupos civiles, líderes religiosos y funcionarios para apaciguar la región no tuvieron mucho éxito.

"Esto es porque no se ataca al problema de raíz. No debemos actuar como un servicio de emergencia", expresó Abdi, también ex presidente de un grupo de impulso a la paz creado después de las matanzas en Marsabit.

"Tenemos que encontrar soluciones duraderas que incluyan un mayor desarrollo del área".

El choque del avión militar esta semana representó un retroceso respecto de los esfuerzos tendientes a frenar la hostilidad entre clanes. Desde el día del accidente, las banderas han flameado a media asta en Kenia, y las sesiones del parlamento se interrumpieron hasta la próxima semana. (

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