R.D.CONGO: Soldados exiliados vuelven a casa

Tras ocho años de exilio, los ex soldados de República Democrática del Congo (RDC) regresaron a su país desde la vecina República del Congo, lo cual dejó alivio en los dos márgenes del río que da nombre a ambos países de África occidental.

Un convoy de 200 soldados, el último por ahora, llegó a Kinshasa, capital de RDC, el 6 de noviembre. Según una fuente de las fuerzas armadas, 500 soldados que estaban apostados en Impfondo, al norte de Brazzavile, se aprestan a regresar desde República del Congo.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones están facilitando el regreso de los soldados que sirvieron en el ejército durante la dictadura de Mobutu Sese Seko (1965-1997) hasta la guerra civil que le puso fin.

El gobierno de RDC desconfiaba de los soldados que solicitaban la repatriación. Según analistas políticos, Congo-Kinshasa temía que Congo-Brazzaville estuviera tejiendo un ardid para lanzar un ataque.

Es que todos los países vecinos participaron, de algún modo, en las postrimerías de la guerra civil.

La presencia de ex soldados en el puerto de Brazzaville también entorpeció el tráfico comercial a lo largo del río Congo, que corre entre las dos capitales. Congo-Brazaville importa la mitad de sus alimentos desde RDC.

Antes de ser repatriados, los ex soldados paralizaron el puerto, al rehusarse a volver a los campamentos de refugiados donde habían vivido durante ocho años. La presión funcionó: fueron repatriados en tres botes en el curso de una semana.

Los gobiernos de los dos países colaboraron para hallar una solución urgente a la crisis.

Militares de Kinshasa estuvieron en Brazzaville la semana pasada, tratando de identificar a 300 soldados y sus familias, que deseaban regresar a casa luego de estar confinados a Pointe Noire, el centro comercial del país.

Según analistas de RDC, el gobierno en Kinshasa está satisfecho por aventar lo que consideraba como una permanente amenaza del otro lado del río. Por eso fue que el ministro de Defensa, Adolphe Onusumba, estuvo presente el 1 de noviembre en el puerto para recibir a los primeros repatriados.

Semejante alivio, tal vez, explica la presencia en el puerto de Kinshasa, el 1 de noviembre, del ministro de Defensa, Adolphe Onusumba, mientras desembarcaban los militares exiliados que llegaban en el primer bote.

"Les damos la bienvenida como hermanos de armas, tal como hemos hecho con otros soldados que pertenecieron a diferentes grupos rebeldes y volvieron a unirse al ejército nacional", declaró Onusumba.

"La guerra terminó. Ahora necesitamos crear un nuevo ejército congoleño, reestructurado e integrado, en el cual todos los congoleños se sientan bienvenidos", agregó.

El coronel Joseph Kasongo, portavoz de las fuerzas armadas, dijo que las autoridades planean repatriar a otros soldados de capitales vecinas, tales como los 1.000 radicados en Bangui, en la República Centroafricana, y los 300 que viven en Luanda, capital de Angola.

Por el momento, unos 1.000 soldados de los 2.000 que residían en Brazzaville fueron repatriados. Unos 200, que no desean ser identificados como parte del ejército disuelto, optaron por quedarse en Brazzaville.

"Seguimos siendo un cuerpo militar y sólo negociaremos nuestro eventual regreso a Kinshasa sobre esta base", dijo el coronel Dondo Gere, de la ex división presidencial especial.

Esta división constituyó la guardia personal del fallecido dictador Mobutu Sese Seko (1965-1997), y estuvo integrada por miembros de su etnia nbgandi. El cuerpo fue el mejor armado y pagado del ejército, y es objeto de graves acusaciones de violación a los derechos humanos.

El ministro de Comunicaciones y portavoz del gobierno de Congo-Brazzaville, Alain Akoula, advirtió que "se expulsará a cualquier grupo de militares exiliados que intente envenenar las relaciones entre los dos países con pronunciamientos políticos".

Los soldados repatriados están felices de volver a su tierra natal. La duración de sus vidas en el exilio, la añoranza por el hogar y tal vez también la malas condiciones en que vivieron fuera del país conspiraron contra una resolución de la crisis.

Al bajar del bote, el capitán Ambroise Kusa hizo una emotiva confesión. "La vida en el exilio no es buena. Nunca obtuvimos el estatus de refugiados y sólo sobrevivimos gracias a los espíritus innovadores de nuestras esposas, que se las arreglaron para vender esto y aquello para alimentar a los niños", dijo Kusa a IPS.

"Soy un soldado. Estoy feliz de volver a mi patria. Continuaré sirviendo a mi país como militar. No sé ninguna otra profesión", agregó.

En el puerto de Kinshasa había una atmósfera de alegría y sentimientos encontrados. Algunos militares repatriados desembarcaron cantando, otros rezando. "Nunca creímos que algún día podríamos volver a casa", dijo a IPS una mujer con cuatro niños a cuestas.

En los muelles, muchos residentes de Kinshasa, entre lágrimas, también se habían reunido para presenciar la llegada de los exiliados.

La mayoría de ellos eran familiares que veían a sus hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas por primera vez desde que Mobutu Sese Seko fue derrocado por Laurent-Desire Kabila, padre del actual presidente, en 1997, cuando el país se llamaba Zaire.

Todos los soldados repatriados vestían de civil. La mayoría estaban cansados de las dos semanas que habían pasado viviendo a la intemperie, en el puerto de Brazzaville.

Con sus colchones de plástico y unos pocos utensilios de cocina, abordaron un autobús de la Comisión Nacional para la Movilización y la Reintegración (Conader) con destino a un centro de orientación establecido para ellos al sur de Kinshasa.

Ahora tendrán una semana para decidir si permanecen en el ejército o siguen una vida civil.

Según el coronel Aime Mbiato, coordinador de la Agencia Militar de Integración, a cargo de la reforma del ejército, la llegada de exiliados de Brazzaville tiene lugar en un buen momento, dado que las fuerzas armadas están en medio de una reestructura.

"La mayoría optaron por el ejército y serán enviados a un centro de entrenamiento durante 45 días. Tendrán la posibilitar de reaclimatarse al país y familiarizarse con otros soldados de otros orígenes", dijo Mbiato a IPS.

Conader vigilará el reasentamiento y la reintegración de quienes elijan la vida civil. Cada uno de ellos recibió 110 dólares para regresar a su región de origen, así como un equipo que incluye vestimenta, herramientas para la agricultura y utensilios de cocina.

Por el momento, los soldados que eligieron la vida civil no tienen dificultades en su reinserción en la sociedad. Sus familiares residentes en Kinshasa acordaron dar albergue a las mujeres y a los niños.

La mayoría de los exiliados son nativos de la provincia de Ecuador. "Nuestra provincia es esencialmente agrícola. Compraré azadas y fácilmente encontraré alguna tierra para cultivar", dijo a IPS Jean Ngatwa, ex teniente del ejército.

Otro ex soldado, Igor Engulu, es menos optimista. Se pregunta si su aldea, cerca del pueblo de Bumba, en la provincia de Ecuador, a lo largo del río Congo, todavía existe.

"En Brazzaville me enteré de que mi aldea fue bombardeada por soldados de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo (de Laurent-Desire Kabila)", dijo.

Engulu anunció que buscaría un socio para comenzar otra vida como pescador (

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