POLÍTICA-BOLIVIA: Un albañil construye su escalera al poder

René Joaquino es un obrero que cosecha alto respaldo popular desde la alcaldía de la histórica y hoy empobrecida Potosí, cargo al que llegó tras sortear algunos escollos violentos. Pero ahora quiere jugar en primera división y apuesta a la presidencia de Bolivia con la ayuda de sus pares de la zona.

De reconocida honestidad entre los potosinos y eficiencia que sus colegas envidian, Joaquino es el nuevo rostro de la política en este país andino acosado por una crisis de credibilidad que en los últimos dos años ya le cobró la factura a dos presidentes, Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa.

Los alcaldes de las más importantes ciudades del occidente boliviano Juan del Granado, de La Paz (sede del gobierno), Aideé Nava, de Sucre (capital constitucional de Bolivia), Gonzalo Terceros, de Cochabamba, Miguel Becerra, de Cobija, Edgar Bazán, de Oruro, y el propio Joaquino, de Potosí, conformaron el izquierdista Frente Amplio.

El punto de partida de la coalición fue la firma del documento Instrumento Nacional Patriótico, que propone sumar a pueblos indígenas junto a movimientos políticos y de la sociedad civil para constituirse en alternativa de los partidos tradicionales tras la figura del jefe de gobierno de Potosí, la antigua ciudad opulenta de la colonia española y hoy capital del departamento de igual nombre.

Las últimas encuestas con miras a las elecciones presidenciales de Bolivia ponen en primer lugar a Samuel Doria Medina, de Unidad Nacional, y al ex presidente Jorge Quiroga (2000-2001), aún sin partido, con 17 por ciento de adhesiones cada uno, seguidos del líder del Movimiento al Socialismo (MAS), el diputado Evo Morales, con 14 por ciento.

Las elecciones presidenciales y parlamentarias fueron adelantadas dos años y programadas para el 4 de diciembre tras la renuncia en junio del presidente Mesa, acosado por movilizaciones campesinas y el enfrentamiento social y empresarial entre el occidente y el oriente.

Mesa había sido designado por el Congreso legislativo tras la fuga del país de Sánchez de Lozada, quien abandonó la presidencia en octubre de 2003 en medio de protestas populares de la región occidental contra el plan de exportar gas natural a Estados Unidos y México y en reclamo de la nacionalización de los hidrocarburos.

Joaquino resume una ”vida de novela” por su modesta incursión en la agitada vida política de este país y su rápido ascenso en hombros de los habitantes de una ciudad donde 51,4 por ciento de ellos viven en la pobreza, al igual que 80 por ciento de la población del departamento, como explicó a IPS el jefe de redacción del periódico El Potosí, Juan José Toro Montoya.

Potosí forma parte del eje occidental de Bolivia, la zona con mayores problemas sociales en un país donde 70 por ciento de sus 9,2 millones de habitantes son pobres.

En la memoria de Toro Montoya aún está fresca la jornada de 1997, cuando el entonces concejal Joaquino fue perseguido por agentes de inteligencia del gobierno del derechista Hugo Banzer, fallecido en 2000, un año antes de finalizar su mandato de cuatro años ganado en las urnas.

Banzer, quien encabezó una dictadura de 1971 a 1978 cuando aún era general en actividad, había enviado a los agentes a capturar a Joaquino para evitar que fuera elegido alcalde, luego que una sucesión de renuncias había dejado debilitada a la comuna con una población cansada de echar a gobernantes corruptos.

Es que el ascenso de Joaquino no fue tarea fácil. Al advertir las posibilidades de este novato político de izquierda, que por entonces tenía 30 años, los servicios de inteligencia gubernamental diseñaron un plan para secuestrarlo.

El periodista recuerda que cuando Joaquino se dirigía a la alcaldía en un vehículo, otro inició una persecución propia de una película de acción. El todavía concejal intentó ingresar en el edificio de la comuna, ubicada frente a la plaza 10 de Noviembre de Potosí, pero la acción de los agentes comandados por una autoridad departamental le impidió concretar ese propósito.

Así, el vehículo de Joaquino siguió burlando al que tripulaba el grupo de inteligencia hasta quedar ambos girando en veloz persecución alrededor de la plaza principal, hasta que una multitud terminó por cerrarle violentamente el paso a los policías de civil.

Desde ese episodio hasta el presente, Joaquino ha gobernado con el apoyo mayoritario de una ciudadanía local que en muchas ocasiones estuvo dispuesto a defenderlo a fuerza de huelgas y vigilias.

”Creo que (Joaquino) no ha completado su labor como alcalde y no trabajó para construir un aparato electoral de carácter nacional”, opina Toro Montoya, al plantear dudas sobre sus posibilidades reales en la competencia presidencial de este año.

Aunque el periodista potosino le resta fortaleza al movimiento de alcaldes que respaldan a Joaquino, recuerda empero que en Bolivia las sorpresas políticas son la norma y le atribuye al jefe de la comuna de su ciudad el grado de ”experto” en esa materia.

Cercana está la experiencia de Morales, el líder del MAS y dirigente campesino que disputó en 2002 la presidencia de Bolivia frente a Sánchez de Lozada, quien en las urnas sólo le sacó 20.000 votos de ventaja y luego logró apoyo suficiente para quedarse con el cargo en el Congreso, el encargado de elegir al mandatario en caso de que no supere el 50 por ciento de los sufragios.

Las faldas del cerro Rico de Potosí, el antiguo centro de explotación de plata de la colonia española, ha visto crecer al político y su obra se expresa en calles pavimentadas con cemento liso, plazas y parques bien cuidados y edificios históricos restaurados para devolverle a la ciudad una cualidad turística.

Potosí, que en medio del su esplendor en 1553 había recibido el título de Villa Imperial de parte del entonces rey de España Carlos V, fue declarada en 1987 Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

Actualmente, continúa la explotación de minerales en el cerro, como el estaño y el zinc que gozan de buenos precios en el mercado internacional y abren las esperanzas de una recuperación económica para la región.

Pero la fortaleza de la autoridad municipal de Joaquino se forjó en los barrios pobres. Allí puso en práctica su viejo oficio de albañil y cada fin de semana organiza al vecindario y, vestido de overol, coloca piedras en las nuevas calles, construye aceras o aplica pintura en los ornamentos de parques.

La prédica con el ejemplo fue el secreto que inyectó nuevo vigor en familias humildes de tradición minera que comprendieron el mensaje y respondieron con el trabajo para alcanzar bienestar.

De vieja tradición rural y seguidor de los ideales del guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara, este alcalde de origen indígena quechua y de 38 años comienza su rutina todos los días a las 5 horas de la mañana, con lecturas que se prolongan por dos horas, y luego abandona su domicilio ubicado en la parte baja de la ciudad para dirigirse a inspeccionar obras.

Se declara partidario de una ”izquierda moderna”, sin profundizar demasiado en el alcance del concepto, y llegó a la alcaldía a la cabeza de la agrupación Alianza Social, que logró además 10 de los 11 concejales que conforman la junta local.

Desde la administración de Potosí mantiene buenas relaciones con gobiernos extranjeros de izquierda y también con España, Italia y Japón. Gran parte de su programa de inversiones tiene origen fuera de Bolivia.

A pesar de sus afinidades ideológicas y de igual origen campesino, el MAS resolvió este mes desechar un posible acuerdo con Joaquino y su Frente Amplio, porque cuestiona la conducta política de dos de los alcaldes impulsores de la fuera, Terceros y Nava.

Joaquino es un alcalde que pone el diálogo con los vecinos y obreros entre las prioridades, recoge opiniones en las primeras horas de cada día y luego se dedica a las tareas administrativas con largas audiencias en las que recibe a mujeres y hombres de pueblo que llevan a su despacho peticiones y reclamos.

Por la noche, visita a los habitantes organizados en juntas vecinales y asume el papel de profesor para explicar didácticamente los alcances de proyectos, obras en ejecución y, de ese modo, logra la adhesión de los vecinos que se expresa en trabajo comunitario.

Este método de trabajo le permite reducir los presupuestos de construcción de sistemas de alcantarillado y agua potable. Su administración no obtiene el dinero, pero a cambio obtiene el trabajo militante de los vecinos que contribuyen al progreso de sus barrios.

La transparencia es una de sus cualidades y comienza en el momento en que declara públicamente que sus ingresos mensuales alcanzan a un monto equivalente a 700 dólares. El salario mínimo nacional en Bolivia está en torno a los 50 dólares.

En una anterior entrevista, dijo a este corresponsal de IPS que en su administración no se tolera la corrupción ”ni de uno ni de 10 millones”. Sus allegados aseguran que ese principio se cumple al pie de la letra. (

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