CHINA-TAIWAN: Se acabó la tolerancia

China abandonó su tono tolerante de los últimos dos años hacia Taiwan y amenazó este miércoles con la guerra si la isla, que Beijing considera una provincia renegada, se declara independiente.

Por segundo día consecutivo, la prensa oficial china condenó los planes del presidente taiwanés Chen Shui-bian de celebrar un referendo de autodeterminación y crear el marco legislativo necesario para declarar a la isla como un estado separado de China.

La contención de la "cruzada" de Taiwan por la independencia es el centro de la política de Beijing hacia la isla, declaró Wang Zaixi, viceministro de la Oficina de Asuntos de Taiwan, citado por el diario China Daily. "Si la isla se declara independiente, estallará la guerra", amenazó.

"Si las autoridades taiwanesas se confabulan con las fuerzas separatistas para realizar abiertamente actividades proindependentistas y desafiar al continente y al principio de la China única, el uso de la fuerza será inevitable", advirtió Wang.

Taiwan tiene un gobierno separado del de China continental desde la guerra civil de 1949, cuando las fuerzas del partido nacionalista Kuomintang fueron derrotadas por el ejército comunista de Mao Zedong y huyeron a la isla.

Desde entonces, las autoridades chinas han criticado con virulencia a los líderes de la isla y amenazado con la guerra cada vez que Taiwan manifiestaba sus aspiraciones de independencia.

Sin embargo, en los últimos dos años, Beijing moderó su retórica vehemente, en reflejo de su creciente influencia regional y su confianza en que lograría la reunificación con la isla.

"China ha cambiado" desde fines de 2001, dijo Robert Ross, un experto en ciencia política de la facultad Boston College. "Conoce su poder y sabe que no precisa demostrar su fuerza ante Taiwan", agregó.

A pesar de algunas provocaciones de Taiwan en el verano boreal, Beijing contuvo sus reacciones.

Por ejemplo más de 50.000 personas se manifestaron en Taipei a principios de septiembre, exigiendo el cambio del nombre oficial de la isla, de República China al de Taiwan.

En ese entonces, las autoridades chinas calificaron las protestas como "una acción por la independencia", pero su reacción ni se comparó a las duras críticas dirigidas a los líderes taiwaneses en el pasado.

Pero la actitud de Beijing cambió a partir de una manifestación el mes pasado de más de 200.000 taiwaneses, en que Chen prometió impulsar una ley de referendo antes de las elecciones presidenciales de marzo de 2004, y luego, si es reelegido, celebrar un plebiscito antes de 2006 sobre una reforma a la Constitución de 1947.

"La nueva Constitución dirá que Taiwan es un estado soberano e independiente, no una provincia ni un distrito administrativo especial subordinado a otro país. Taiwan y China son dos países a ambos lados del estrecho de Taiwan", afirmó el presidente taiwanés.

La declaración de Chen contradijo su promesa, tras su elección en mayo de 2000, de no declarar la independencia, no modificar el nombre oficial de la isla ni impulsar un referendo de autodeterminación, aunque en ese entonces se negó a adherirse formalmente a la política de la "China única" de Beijing.

Tras la masiva manifestación por la independencia en octubre, Chen viajó este mes a Nueva York y Alaska, donde tuvo un acceso sin precedentes a los medios de prensa estadounidenses.

Además, fue recibido por el secretario de Estado (canciller) Colin Powell, en el contacto estadounidense-taiwanés de más alto rango desde que Washington cortó los vínculos diplomáticos con la isla, en 1972, y reconoció a China.

En 2000, el Partido Democrático Progresista de Chen obtuvo una abrumadora victoria sobre el Kuomintang, y Chen se transformó en el primer líder proindependentista de Taiwan.

Sin embargo, hasta mucho tiempo después de los comicios, Beijing le restó importancia, considerándolo un líder interino, y el ex canciller Tan Jiaxuan se refirió a él como "un mentiroso despreciable".

Si en las elecciones del año próximo, el Kuomintang recupera el control que tuvo durante 50 años sobre la isla, podría permitir los vuelos directos entre Taiwan y China continental y sentar las bases para la reunificación.

Pero si Chen es reelegido —una opción que Beijing teme pero no puede descartar—, podría convocar un referendo de autodeterminación y poner en peligro los planes de reunificación gradual del gobierno chino.

Por un lado, Beijing teme que, si endurece su discurso contra Chen, termine por apoyarlo en las próximas elecciones, como ocurrió en las anteriores.

Por otro lado, si las autoridades chinan guardan silencio ante las declaraciones independentistas, los taiwaneses podrían sentirse alentados a declarar la independencia formal.

El ex viceprimer ministro Qian Qichen advirtió la semana pasada en una visita a Washington que la falta de una política clara de Estados Unidos hacia las aspiraciones de independencia de Taiwan podriá poner en peligro la paz en el estrecho.

Se prevé que el primer ministro chino Wen Jiabao realice una advertencia similar cuando visite Estados Unidos el mes próximo. Probablemente, Wen presionará a Washington para que se adhiera a la política de la "China única" y reduzca su apoyo político y militar a Taiwan. (FIN/IPS/tra-en/ab/js/mlm/ip/03)

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