SERBIA: Democracia a prueba por muerte de Djindjic

El asesinato del primer ministro de Serbia, Zoran Djindjic, deja un vacío de poder y constituye el más grave obstáculo que debe sortear la frágil democracia de este país desde la caída del ex presidente Slobodan Milosevic (1989-2000).

Djindjic se había convertido en símbolo de una nueva era tras encabezar el movimiento popular que derrocó en octubre de 2000 a Milosevic y al iniciar, como primer ministro, una serie de reformas políticas y económicas.

”Esta es la primera gran prueba a la democracia desde que Milosevic fue derrocado. Las raíces de la democracia todavía son bastante débiles, y sería muy malo que la muerte de Djindjic las destruyera por completo”, señaló Vojin Dimitrijevic, profesor de leyes en la Universidad de Belgrado.

”La muerte de Djindjic hará que por un tiempo se detengan todas las reformas” económicas y democráticas, dijo a IPS Budimir Babovic, ex jefe de la oficina de Interpol en Belgrado.

Pero el analista político y editor de la agencia de noticias serbia VIP, Bratislav Grubacic, no cree que se vaya a producir un caos en el país.

”Los poderes políticos en Serbia son capaces de lograr el consenso para mantener el orden en el país y evitar las peores consecuencias”, dijo Grubacic a IPS.

Las autoridades de Serbia sospechan que las poderosas bandas del crimen organizado que prosperaron en tiempos de Milosevic están detrás del asesinato del miércoles.

La policía interrogaba este jueves a tres hombres que podrían estar vinculados al homicidio, mientras el Consejo Supremo de Defensa montaba un vasto operativo con militares y policías en busca de los asesinos y los conspiradores.

El gobierno además divulgó una lista de 20 sospechosos entre los que se destaca Milorad Lukovic, uno de los principales líderes del hampa, acusado también de haber intentado matar al primer ministro en febrero.

Djindjic se ganó muchos enemigos por su conducta política enérgica, pragmática e independiente. En 2001 permitió la detención y envío de Milosevic al tribunal internacional de La Haya, Holanda, para ser juzgado por crímenes de guerra y genocidio.

El primer ministro serbio también le había declarado la guerra al crimen organizado, que se dedicaba al contrabando de petróleo, cigarrillos, armas y drogas cuandio la ex Yugoslavia era sometida a sanciones económicas por la comunidad internacional.

El barrio Zemun de Belgrado es donde se sospecha que residen los principales cabecillas del crimen organizado, que operaban con total libertad durante el gobierno de Milosevic y tenían vínculos con policías corruptos.

La policía serbia sospecha que el asesinato de Djindjic fue organizado por el llamado Clan Zemun, acusado de decenas de secuestros, de cometer unos 50 asesinatos y de crear una gran red con otras bandas en todo el territorio de lo que fue Yugoslavia hasta 1991.

”El homicidio fue claramente una acción de aquellos que intentan detener el desarrollo y el proceso de democratización de Serbia para cambiar el curso de la historia, aislar el país y convertirlo en el reino del crimen organizado”, dijo el viceprimer ministro serbio Nebojsa Covic.

Cientos de serbios dejaron ofrendas florales y velas encendidas en la entrada de la casa de gobierno en Belgrado, donde Djindjic fue asesinado por francotiradores. Estas muestras de pesar popular no son habituales en Serbia.

El primer ministro, de 50 años, recibió un disparo en el estómago y otro en la espalda cuando salía de su automóvil en muletas, pues había sido lastimado jugando al fútbol. Fallleció pocas horas después en el Centro de Emergencias de Belgrado.

Natasa Micic asumió poco después como primera ministra interina y declaró tres días de luto.

La policía señaló que los disparos procedieron de un edificio cercano, donde fueron halladas dos armas y una frazada.

Djindjic ya había sido objeto de un intento de asesinato hace un mes, cuando una camioneta se cruzó en forma deliberada con la caravana de automóviles oficiales en la que viajaba.

El primer ministro minimizó entonces lo ocurrido y aseguró que ningún atentado detendría las reformas democráticas.

La mayoría de los serbios elogiaba la intransigencia del primer ministro contra la delincuencia, pero algunos criticaban su drástico cambio a la economía de mercado, que dejó a miles de desempleados y aumentó el índice de la pobreza.

Por primera vez en décadas, el gobierno serbio declaró el miércoles el estado de emergencia ”para evitar actos que puedan ir contra el orden constitucional y la seguridad del país”.

El estado de emergencia conlleva la suspensión temporal de algunos derechos básicos, como la privacidad. Las autoridades pueden acceder al correo personal y a otras formas de comunicación. Las marchas y huelgas están prohibidas. (

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