MERCOSUR-UNION EUROPEA: Un juego con pocas cartas en la mesa

La visita esta semana a Brasil del Comisario de Comercio de la Unión Europea (UE), Pascal Lamy, ayudó muy poco a superar las discrepancias que traban las negociaciones comerciales entre ese bloque regional y el Mercosur.

Lamy dialogó durante tres días con ministros, economistas y empresarios brasileños, y culminó su visita con una reunión el viernes con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

El objetivo era buscar caminos de acercamiento entre la UE y Brasil, éste como principal miembro del Mercosur (el Mercado Común del Sur, que también integran Argentina, Paraguay y Uruguay) y como actor importante en las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Los dos bloques negocian un acuerdo de libre comercio que debe ser finalizado en 2004, según un cronograma definido el año pasado, y que los europeos pretenden que sea de amplia cooperación, mas allá de su dimensión comercial.

Hasta ahora, sin embargo, sólo hubo quejas recíprocas sobre ofertas insatisfactorias de apertura de mercados.

La UE no está dispuesta a eliminar el proteccionismo y los subsidios agrícolas, principal interés sudamericano. Los europeos contrarrestan la acusación señalando que la propuesta inicial del Mercosur sólo prevé la desgravación de un tercio de los productos intercambiados, lejos del 90 por ciento pretendido por el bloque europeo.

Ambas partes deben presentar nuevas propuestas hasta el 28 de febrero, pero reclaman reciprocidades antes de ampliar sus ofertas, en un juego trabado hasta ahora.

El principal negociador brasileño, Clodoaldo Hugueney, prometió que el Mercosur presentará este mes una “oferta sustancial” de apertura de su mercado de bienes agrícolas e industriales, que podrá alcanzar 85 por ciento del comercio bilateral, mínimo para que la OMC reconozca una zona de libre comercio.

Pero a cambio, la UE tendrá que abrir su mercado agrícola y negociar su política de subsidios, advirtió.

Los subsidios a los agricultores europeos se mantendrán, porque “queremos que ellos permanezcan en el campo”, pero se busca modificarlos de manera que no distorsionen el comercio internacional, señaló Lamy en un seminario realizado el miércoles en Sao Paulo.

Esa es una cuestión que la UE, tal como Estados Unidos, sólo admite discutir en la rueda de negociaciones globales en el ámbito de la OMC, donde las ofertas en el área agrícola deben ser presentadas hasta el 31 de marzo. De los resultados en esa negociación depende, por tanto, un acuerdo con el Mercosur.

La propuesta aprobada por los 15 países de la UE el 27 de enero prevé una reducción de 45 por ciento en los subsidios a las exportaciones hasta 2012, de 55 por ciento en el apoyo doméstico a la producción y de 40 por ciento en los aranceles.

Esa oferta decepcionó a las autoridades brasileñas, porque excluye productos como tabaco y semillas oleaginosas, y la rebaja se hará sobre sumas máximas acordadas en la OMC y no en base a los subsidios efectivamente practicados. La reducción real será inferior a 25 por ciento, según técnicos de la cancillería brasileña.

En algún momento, la UE tendrá que hacer grandes concesiones comerciales, abriendo su mercado a los países en desarrollo, admitió Lamy, después de enfrentar duras críticas y presiones de ministros brasileños.

En el encuentro con el presidente Lula, el comisario europeo reconoció resistencias de la sociedad europea y algunos gobiernos a liberalizar el comercio agrícola. Por eso, propuso a Lula emplear su prestigio para convencer a los europeos de la necesidad de esa apertura y a la vez consolidar el Mercosur, condición también indispensable para un acuerdo.

Por ahora es “muy tímida” la oferta de la UE, calificó el ministro de Agricultura Roberto Rodrigues, en su encuentro con Lamy el viernes en Brasilia. El apoyo a los agricultores europeos sólo resulta comprensible si no causa un aumento de las exportaciones y por tanto una competencia desleal con productos no subsidiados de otros países como Brasil, destacó.

Lamy contraatacó diciendo que Brasil también emplea barreras no arancelarias sobre 90 por ciento de las importaciones de alimentos europeos, y citó como ejemplo exámenes “poco transparentes” de residuos de pesticidas.

Un acuerdo con el Mercosur dependerá de contrapartidas, y las concesiones europeas serán proporcionales a las recibidas en otros sectores, sentenció el Comisario.

El canciller brasileño, Celso Amorim, reconoció que la negociación es un camino de ida y vuelta, pero que le toca al “lado más fuerte” el liderazgo y la mayor generosidad. Las concesiones no tienen necesariamente que tener el mismo tamaño, sostuvo.

El ministro de Salud de Brasil, Humberto Costa, se quejó también de la posición europea sobre patentes de medicamentos.

La UE admite liberar la producción de medicamentos genéricos (aquellos que, sin las marcas que los encarecen, contienen su mismo principio activo) sin cobrar derechos de patentes, de acuerdo con una resolución de la OMC, pero fijando 22 enfermedades a combatir.

Cada país tiene soberanía para elegir las enfermedades endémicas que más afectan la salud pública local y para las cuales quiere producir o importar los medicamentos necesarios, sin el costo de las patentes, protestó Costa.

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