El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en la segunda vuelta presidencial del domingo en Brasil vuelve a legitimar a la izquierda como opción de gobierno en América Latina, en el marco de una difusa tendencia al progresismo que predomina en los últimos años en la región.
Lula y su coalición liderada por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) obtuvieron 52,8 millones de votos, casi 62 por ciento de los sufragios válidos (se exceptúan los anulados y en blanco), un hecho electoral calificado de histórico.
Su competidor, el oficialista y socialdemócrata José Serra, recogió 33,4 por ciento de los sufragios.
Esta es la primera vez en América Latina que un obrero y ex líder sindical como Lula alcanza el gobierno por el voto popular, una condición que es más destacada aún por darse en Brasil, un país caracterizado por la exclusión social.
La victoria del PT tiene como precedente electoral más cercano en la región la primera mayoría conquistada en la primera ronda presidencial de Ecuador, del 20 de este mes, por el coronel retirado Lucio Gutiérrez, un ex golpista que es apoyado por una coalición de movimientos indigenistas y de izquierda.
Otro ex militar golpista, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, pareció consolidarse en el poder esta semana con el apoyo de la Organización de Estados Americanos y de las Fuerzas Armadas de su país, que rechazaron la sublevación de 14 altos oficiales que intentaron derrocar el gobierno elegido democráticamente en 1998.
En un mensaje cargado de alusiones religiosas, Chávez felicitó al mandatario electo de Brasil. En su programa radial Aló Presidente, rogó a Dios por Lula, por Brasil y por la integración de nuestros pueblos, porque juntos estamos llamados a impulsar esperanzas.
Para Scott Mainwaring, un analista político estadounidense entrevistado este lunes por el diario Hoy, de Quito, mientras Chávez y Gutiérrez responden a un patrón más bien populista, Lula es más netamente un hombre de izquierda, que ahora ha mostrado un perfil de centroizquierda moderada.
Distinta es la visión de Granma, el diario oficial del gobernante Partido Comunista de Cuba, que en un comentario suscrito por Nidia Díaz aplaude este lunes el resultado electoral de Brasil y afirma que una fisura se ha abierto al neoliberalismo en América Latina.
Díaz añadió que en los 65 días que restan para que Lula reciba el mando presidencial de parte de Fernando Henrique Cardoso constituirán un periodo no exento de peligros y trapisondas (embrollos, agitaciones).
No faltarán quienes desde dentro y desde fuera intenten hacer inmanejable la situación interna de este Brasil sumido en una profunda crisis económica con el objetivo, como han adelantado algunos analistas, de 'condicionar y domesticar' a Lula, indicó Granma.
El comentario de Díaz subrayó también que el presidente electo de Brasil no se sonroja por ser amigo de Cuba y opositor del neoliberalismo.
Tenemos amistad y admiro su perseverancia. Es una excelente persona y tiene autoridad. Es un hombre bien preparado para ser presidente, dijo el presidente cubano, Fidel Castro, en la madrugada del domingo sobre Lula, anticipándose al triunfo electoral del político brasileño.
Lula recibió igualmente felicitaciones del gobernante de Estados Unidos, George W. Bush, quien dijo que espera trabajar de manera fecunda junto con (el próximo gobierno de) Brasil, según comentó su secretario de prensa, Ari Fleischer, a bordo del avión presidencial de regreso de México.
Bush viajó a la noroccidental localidad mexicana de Los Cabos para asistir a la cumbre de líderes del foro de Cooperación Económica Asia Pacífico, donde se reunió con otros gobernantes americanos integrantes de ese foro, como el anfitrión, Vicente Fox, el chileno Ricardo Lagos y el peruano Alejandro Toledo.
Es una buena señal que ambos candidatos (presidenciales brasileños) estén planteando una política fiscal rigurosa. También es una buena noticia que Lula tenga el sentido de la responsabilidad de lo que significa la economía brasileña para América Latina, dijo Lagos en México, antes de conocerse los resultados de la votación.
Las declaraciones de Lagos y el comentario de Granma grafican el amplio abanico de expectativas que se abren en torno al ex líder sindical brasileño que desde el 1 de enero gobernará a la mayor economía de América Latina, que es a la vez el país de mayor desigualdad entre ricos y pobres en la región.
Más allá de los niveles de moderación o radicalismo que se atribuyan a este obrero metalúrgico de 57 años, lo cierto es que su victoria electoral introduce un cambio sustantivo de cara a las relaciones de América latina con Estados Unidos.
El diario argentino Página 12 destacó este lunes que el presidente de Francia, Jacques Chirac, y el canciller (jefe de gobierno), de Alemania, Gerhard Schroeder, se anticiparon a Bush para felicitar a Lula, evidenciando así el interés de la Unión Europea en apoyar contrapesos, aún parciales, a la hegemonía de Washington en América latina.
Una fuerte relación con Europa ayudará a Brasil en su proyecto de encabezar las negociaciones sobre el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) en condiciones de mayor dureza que ahora, dijo el diario argentino, en un despacho de su enviado especial a Sao Paulo, Martín Granovsky.
También desde Argentina, el entusiasmo de la izquierda por el triunfo del PT puso el acento en la ansiada revitalización del Mercado Común del Sur (Mercosur), en un esquema de reactivación económica y de ampliación del bloque formado también por Paraguay y Uruguay, hacia sus dos asociados externos, Bolivia y Chile.
El diputado del partido Argentinos para una República de Iguales (ARI), Ariel Basteiro, dijo en Buenos Aires que la victoria de Lula tiene la misma trascendencia histórica que la Revolución Cubana de 1959 o el triunfo en las elecciones presidenciales de 1970 en Chile del socialista Salvador Allende.
Para la izquierda latinoamericana, el resultado en Brasil demuestra que para ese sector es posible ganar el gobierno por el voto, construyendo amplias alianzas, para desde ahí levantar modelos alternativos al neoliberalismo y reorientar los procesos de integración, con una postura más independiente frente a Washington.
Ni los izquierdistas más radicales se plantean hoy reeditar el entusiasmo en torno a una revolución pacífica, con profundos cambios estructurales de corte socialista, que abrió en 1970 el triunfo en Chile de Allende, un hombre que, al igual que Lula, fue derrotado en tres elecciones presidenciales antes de alcanzar el gobierno.
Los vientos del progresismo, más allá de la experiencia de Chávez y del eventual triunfo de Gutiérrez en la segunda vuelta de noviembre en Ecuador, abren también posibilidades de triunfo de la izquierda en otros países latinoamericanos.
Es el caso del propio ARI, liderado por la diputada Elisa Carrió, en las elecciones de marzo de 2003 en Argentina, y del Encuentro Progresita-Frente Amplio, encabezado por Tabaré Vázquez, en los comicios de 2004 de Uruguay.
Sólo Chile aparace en el Cono Sur de América al margen de esta tendencia, ya que las encuestas continúan favoreciendo, aunque con una cierta declinación, al líder derechista Joaquín Lavín. Pero cualquier pronóstico es arriesgado, por el tiempo que resta aún para las elecciones presidenciales de diciembre de 2005.
En cualquier caso, los expertos se ponen a buen recaudo y actúan con cautela a la hora de marcar tendencias regionales, porque la volatilidad es otro rasgo distintivo de la política latinoamericana.
A comienzos de 2000, con el triunfo de Lagos en Chile, antecedido de la victoria de Fernando de la Rúa en Argentina y la presencia de Cardoso en Brasil, hubo quienes vieron el nacimiento de un tridente socialdemócrata que marcaría tendencias para el resto de la región.
Sin embargo, De la Rúa, como se sabe, renunció en diciembre de 2001, arrollado por el colapso económico y social, con mucha pena y sin ninguna gloria, y Cardoso no logró dar continuidad a su proyecto socialdemócrata en la persona de su delfín José Serra. (FIN/IPS/ggr/dm/ip/02


