La persecución oficial a los escritores disidentes continúa en Rusia, un retroceso respecto de la política de glasnost (transparencia) que, entre 1985 y 1991, permitió la publicación de miles de libros prohibidos por el pasado régimen comunista.
La policía rusa registró este mes la oficina de la editorial Ad Marginem y se incautó de cinco copias de la novela de Vladimir Sorokin Goluboye Salo (Grasa de cerdo azul), que describe actos homosexuales entre líderes de la Unión Soviética, disuelta en 1991.
Un mes antes, el líder de la organización juvenil oficialista Idushchie Vmeste (Juntos Adelante) y ex colaborador del presidente Vladimir Putin, Vasily Yakimenko, había impreso algunos pasajes de obras de Sorokin a las que prendió fuego cerca del teatro Bolshoi, en Moscú.
Idushchie Vmeste, que afirma contar con 50.000 integrantes, acusó a Sorokin de pornografía, denuncia que derivó en la intervención policial.
A su vez, el escritor y la editorial acusaron a Yakimenko de violar las leyes sobre derechos de autor al imprimir las octavillas que terminaron en el fuego, pero la justicia de Moscú desestimó la demanda.
La persecución de los escritores es un escándalo, advirtió el novelista Viktor Yerofeyev en una carta abierta al presidente Putin. Libros de grandes escritores como el irlandés James Joyce y el ruso Vladimir Nabokov fueron alguna vez prohibidos por supuesta pornografía, agregó.
Nadie sino usted podrá poner fin a esta atrocidad, escribió Yerofeyev a Putin.
Por su parte, el presidente minimizó el problema. Sus seguidores y los escritores atacados deberán arreglar sus diferencias entre ellos, dijo.
Idushchie Vmeste, fundada en 2001, elaboró una lista de libros y autores, entre los que figuran Sorokin, Yerofeyev, el novelista Viktor Pelevin, la escritora de narraciones de detective Polina Dashkova y el filósofo alemán Karl Marx, cuyas obras, según Yakemenko, pueden dañar el espíritu ruso.
Para purificar la literatura rusa, la organización juvenil ofreció a los lectores el canje de los libros cuestionados por otros que alientan el nacionalismo, entre ellos descripciones de batallas del Ejército Rojo en la segunda guerra mundial (1939- 1945).
El grupo oficialista asegura que no destruye los libros dañinos que obtiene por esa vía.
Por otra parte, Idushchie Vmeste recomienda a sus integrantes, la mayoría adolescentes, leer seis obras clásicas rusas, les gusten o no, y visitar cada año el sitio de una batalla en que las tropas nacionales hayan resultado victoriosas.
Idushchie Vmeste no tiene vínculos oficiales con el Kremlin, pero el hecho de que los integrantes de la organización juvenil suelan lucir camisetas con el retrato de Putin causa inquietud entre los escritores.
Pero las autoridades prohibieron a la revista del radical Partido Bolchevique Nacional, Limonka (cuyo nombre significa granada de mano), publicar pasajes del libro Drugaya Rosiya (Rusia diferente), uno de los siete escritos en prisión por su líder, Eduard Limónov, novelista de éxito en Occidente.
El escritor ha cumplido 14 meses en la cárcel, acusado junto con otros seis integrantes de su partido de planificar actos terroristas y de acumular armas para levantarse contra el gobierno. La acusación se basa sobre el testimonio de dos adolescentes que intentaron comprar armas en febrero de 2001.
Los miles de seguidores de Limónov aseguran que es inocente y dicen que se trata del único artista ruso perseguido tanto por la KGB, la poderosa central de inteligencia de la Unión Soviética, y, 30 años después, por su sucesora, la FSB.
Limónov vivió exiliado entre 1974 y 1991 en Nueva York y en París, donde obtuvo la ciudadanía francesa, y publicó allí 17 libros, el primero de ellos titulado Eto ya, Edichka (Yo, Edichka).
El escritor, que podría ser condenado a 20 años de prisión, calificó el régimen de Putin de extraña mezcla de fascismo soviético con favoritismo hacia sus queridos oligarcas.
El Partido Bolchevique Nacional promueve la estatización de las empresas y bienes privatizados y el boicot de mercancías occidentales. La mayoría de sus integrantes son adolescentes, y tiene gran predicamento entre jóvenes artistas y escritores.
Con los antecedentes de Sorokin y Limónov, algunos escritores rusos perciben que el gobierno pretende establecer una censura desembozada, a pesar de que el régimen comunista (1917-1991) fracasó en su intención de silenciar a los disidentes.
En esos siete decenios, proliferaron revistas y libros clandestinos (samizdat), que incluso cruzaban la frontera hacia el exterior. Los opositores a Putin advierten que los intentos por acallar a los escritores no funcionarán.
La disolución de la Unión Soviética en 1991 permitió la apertura de cientos de editoriales independientes. La persecución de algunos escritores está poniendo a prueba los límites de la libertad de expresión a la que el gobierno de Putin dice respetar. (FIN/IPS/tra-eng/sb/ss/mj/cr hd/02


