La visita a China del presidente estadounidense George W. Bush, en el 30 aniversario de la que realizó al mismo país otro mandatario, Richard Nixon, fue un amargo revés para Beijing en relación con la cuestión de Taiwán.
Beijing esperaba que la visita de Bush, el 21 y el 22 de febrero, acotara el compromiso de Washington con Taipei, pero el visitante afirmó en forma expresa que su país defendería a la isla si es atacada, como China ha prometido que ocurrirá si Taiwán declara de modo formal su independencia.
El Comunicado de Shanghai, firmado el 28 de febrero de 1972 por Nixon y el entonces primer ministro chino, Zhou Enlai, marcó el reconocimiento por parte de Washington de que Taiwán es parte de China, pero en términos de deliberada ambigüedad
En 1949, las fuerzas del derechista partido chino Kuomintang, derrotadas por los comunistas, huyeron a Taiwán y proclamaron allí, con apoyo de Washington, que eran el gobierno legítimo de toda China. Desde entonces, Beijing sostiene que la isla es una provincia renegada y no un Estado.
Tras firmar el documento de 1972, Washington cortó sus relaciones diplomáticas con Taipei, pero luego ha instado en reiteradas ocasiones a la resolución pacífica del problema, sin amenazas ni actos de violencia por parte de China.
El antecesor de Bush, Bill Clinton (1993-2001), siempre se había referido en términos ambiguos a la forma en que su país podría responder ante un ataque chino contra Taiwán.
Cuando Clinton visitó China en 1998, asumió compromisos mucho más coincidentes con los intereses de Beijing que los establecidos por Nixon, e incluso respaldó en forma explícita la «Doctrina de los Tres No» definida por China en relación con Taiwán.
Esa doctrina rechaza la independencia de la isla, la tesis de que hay dos Chinas y la integración de Taiwán a cualquier organización internacional de Estados.
Tras la posición asumida por Clinton en 1998, Beijing asumió que Estados Unidos no arriesgaría vidas de sus soldados para defender a Taipei.
«La reunificación de China y Taiwán es uno de los intereses prioritarios de Beijing, y la protección de la isla no puede ser considerada una cuestión importante para Washington», dijo al popular semanario Southern Weekend el investigador Ye Zicheng, del Instituto de Estudios Internacionales.
«Taiwán ocupa un lugar marginal en la agenda del gobierno estadounidense», aseguró Ye, cuyas declaraciones fueron publicadas poco antes de la visita de Bush.
Pero el presidente estadounidense dio a entender con claridad ante estudiantes de la Universidad de Qinghua, el 22, que su país está dispuesto a un conflicto militar con China para defender a Taipei de un ataque, en honor del compromiso asumido en la vigente Ley de Relaciones con Taiwán.
Esa ley no sólo autorizó a Washington a vender armas a Taiwán, sino que también declaró que el gobierno consideraría un ataque militar contra la isla por parte de Beijing como una cuestión muy grave.
Las palabras de Bush en Qinghua, transmitidas en directo por la televisión china, causaron un profundo impacto en el gobierno y la población del país.
Un día después de que Bush abandonara Beijing, Washington anunció que consideraba la posibilidad de otorgar una visa al ministro de Defensa de Taiwán, Tang Yao-ming, para que pueda asistir este mes a una reunión militar en el sudoriental estado estadounidense de Florida.
Según informes provenientes de Taiwán, en esa reunión se discutirán las nuevas necesidades de la isla en materia de defensa, y la compra a Estados Unidos de armas avanzadas.
Beijing objeta visitas de funcionarios taiwaneses a cualquier país, y en especial a Estados Unidos, y Washington no autoriza desde hace años visitas de representantes de Taipei, aunque en los últimos meses concedió visas de tránsito al presidente de Taiwán, Chen Shui-bian, y a la vicepresidenta Annette Lu.
La concesión de una visa a Tang, para que sea el primer ministro de Defensa taiwanés en visitar Estados Unidos desde 1979, sería considerada por Beijing una grave provocación, al igual que un aumento en cantidad o calidad de la cooperación militar de Washington con Taiwán, cuya disminución demanda China.
El gobierno estadounidense anunció en abril su mayor venta de armas a Taiwán desde 1992, que incluye buques de guerra, submarinos y aviones de combate diseñados para localizar y atacar a submarinos, tras una revisión de las fuerzas aéreas y marítimas taiwanesas por parte de Washington que duró dos años.
Ese anuncio enfureció a Beijing, aunque la molestia ante el giro de la política estadounidense sobre Taiwán no fue expresada por el presidente chino, Jiang Zemin, al intercambiar saludos con Bush por el aniversario del Comunicado de Shanghai.
Ambos mandatarios elogiaron a aquel documento, al cual consideraron la piedra angular de la normalización de relaciones bilaterales tras décadas de hostilidad.
Sin embargo, China envió esta semana a Taiwán una ominosa advertencia de que se abstenga de provocaciones, luego de que las autoridades taiwanesas anunciaran que cambiarían el nombre de las cuatro oficinas de enlace que mantiene en Estados Unidos.
El Ministro de Relaciones Exteriores de la isla confirmó informes periodísticos en los cuales se indicó que las actuales oficinas «económicas y culturales de Taipei» pasarán a llamarse oficinas «de representación de Taiwán».
Ese cambio de nombre indicaría la voluntad taiwanesa de «avanzar en forma gradual hacia la independencia», que «sólo puede aumentar la tensión entre ambas partes», y Taipei «pagará por eso», dijo el martes el protavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Kong Quan. (FIN/IPS/tra-eng/ab/js/mp/ip/02


