Una débil esperanza de paz empieza a manifestarse en el escenario de violencia de Medio Oriente, pese a los renovados incidentes de este lunes entre israelíes y palestinos, aseguraron analistas en Washington.
Tanto en Israel como en Palestina es creciente la comprensión sobre la urgencia de detener el baño de sangre, a medida que se hace más evidente que el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, es incapaz de cumplir con la promesa de seguridad que efectuó a sus conciudadanos en la campaña electoral.
Dos israelíes y dos palestinos murieron este lunes en diferentes incidentes en Cisjordania, mientras otros diez israelíes fueron heridos por francotiradores palestinos en Jerusalén.
En las últimas semanas pareció revivir el movimiento pacifista israelí, encabezado por decenas de oficiales reservistas que se negaron a cumplir funciones en los territorios palestinos ocupados de Cisjordania y Gaza.
La popularidad de Sharon cayó en las últimas encuestas de opinión, sobre todo después del discurso que dirigió a la nación la semana pasada, la más sangrienta para palestinos e israelíes desde que se inició, en septiembre de 2000, la actual intifada (levantamiento palestino) contra la ocupación.
Unas 50 personas murieron en los primeros cuatro días de la semana, enmarcando las duras palabras de Sharon, en los que prometió establecer un cerco total a los territorios palestinos.
Las mismas encuestas señalan el creciente respaldo a una intervención internacional en el conflicto y a la reanudación del diálogo de paz, y un menor respaldo a la política de asentamientos judíos en territorios ocupados, particularmente en Gaza.
Simultáneamente, los palestinos encuestados en estudios similares se inclinan cada vez más por el diálogo y en respaldo del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat, quien se encuentra desde hace dos meses en un virtual arresto domiciliario en la ciudad cisjordana de Ramallá.
Por otra parte, un sector del gobierno de Estados Unidos, que ha respaldado casi sin reservas a Sharon, abriga esperanzas ante una nueva iniciativa de paz concebida por el príncipe heredero de Arabia Saudita, Abdullah, ostensiblemente promovida por el diario estadounidense The New York Times.
Finalmente, la aparente determinación de Washington de ampliar la guerra contra el terrorismo a Iraq, probablemente este mismo año, y la necesidad de utilizar para ello la base aérea del Príncipe Sultán, en Arabia Saudita, puede obligar a Estados Unidos a tomar más en serio el enojo árabe con las políticas de Sharon.
El vicepresidente Dick Cheney, uno de los más fervientes defensores del ala derechista del gobernante Partido Likud, visitará en marzo Medio Oriente en busca del respaldo de los aliados para la guerra contra Iraq.
«Si el propósito de Cheney es conseguir apoyo a la operación contra Iraq, lo último que necesita mientras recorre los países árabes es violencia y caos en Gaza y Cisjordania», arguyó el ex integrante del Consejo de Seguridad Nacional y especialista en Medio Oriente del Centro Nixon, Geoffrey Kemp.
«Desde una perspectiva estratégica de corto alcance, Estados Unidos debe hacer todo lo posible para evitar esas condiciones durante la visita de Cheney», dijo Kemp a la Public Broadcasting Corporation (PBS).
El viaje del vicepresidente precederá la Cumbre de Países Arabes en Beirut, a fines de marzo, durante la cual el príncipe Abdullah procurará respaldo para su amplia propuesta árabe de paz con Israel.
La misma comprende una completa normalización de relaciones con Israel, a cambio de una total retirada de los territorios ocupados y la creación de un estado palestino.
La iniciativa, que dio a conocer el columnista del New York Times Thomas Friedman como una vía para romper el estancamiento del conflicto, ya había sido delineada por Abudllah cuando Thomas lo entrevistó en Riyadh a comienzos de mes.
El propio secretario de Estado (canciller) de Estados Unidos, Colin Powell, la consideró este lunes un «paso importante» y subrayó que había hablado el domingo con Abdullah sobre la misma.
La iniciativa también será discutida entre el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y su par de Egipto, Hosni Mubarak, que visitará Washington esta semana y ya anunció su respaldo general a la propuesta.
El plan también fue promovido desde la columna de otro analista del diario neoyorquino, el influyente líder judío Henry Siegman, ex asesor sobre Medio Oriente del ex presidente Bill Clinton (1993- 2001).
Según Siegman, Riyadh está dispuesta a reconocer la soberanía israelí sobre algunos sectores de Jerusalén oriental, como la Muralla Occidental, y no objetaría la transferencia de algunas pequeñas áreas de Cisjordania a Israel, a cambio de territorio comparable transferido a Palestina.
Esto constituye «un cambio significativo de Arabia Saudita ante Israel y ofrece nuevas bases para la labor diplomática», sostuvo Siegman.
Si Sharon rechaza tal oferta, quedará claro para Bush y sus asesores que el líder israelí no está interesado en un arreglo fundado en el principio de paz por territorios, sostuvo Siegman.
No obstante, algunos analistas estadounidenses cercanos a la derecha israelí rechazan la propuesta saudita.
La oferta de Abdullah «no es relevante en el actual contexto geopolítico», sostuvo la semana pasada Robert Satloff, director del Instituto Washington sobre Política de Medio Oriente, un grupo de estudios proisraelí.
Sin embargo, Satloff reconoció que un anuncio público del plan por parte de Abdullah podría iniciar un debate de largo alcance sobre la resolución del conflicto dentro del mundo árabe.
El analista William Safire, amigo personal de Sharon, calificó de «crédulo» a Siegman y consideró que la propuesta de Abdullah no es más que una «actuación» destinada a contrarrestar las críticas sin precedentes de los políticos estadounidenses hacia la monarquía saudita. (FIN/IPS/tra-eng/jl/dc/ip/02


