La pequeña ciudad bíblica de Belén, donde nació Jesucristo, debía ser esta Navidad escenario de una gran celebración, con niños y niñas marchando por la Plaza Manger entre luces centellantes y representaciones del pesebre, pero no fue así.
Los cielos se abrieron y se desató la lluvia sobre los peregrinos y palestinos que llegaron en Noche Buena a Belén, pocos kilómetros al sur de Jerusalén, donde se pensaba celebrar la fiesta de Navidad más grande del milenio.
La Plaza Manger quedó oscura y silenciosa, el escenario instalado en ella permaneció vacío y las sillas fueron apiladas en un rincón. La lluvia arrunió la fiesta y magnificó la tragedia que viven los habitantes de la ciudad.
«Esto es deprimente», dijo Nabil Kassis, coordinador del Proyecto Belén 2000, organizador de las celebraciones de este año. «La lluvia se sumó a la apatía de los palestinos por los bombardeos de Israel y por los severos controles en la frontera», señaló.
Tres meses de violencia en la zona han hundido a los palestinos de Belén en una profunda desesperación.
«Así como la primera Navidad fue arruinada por la masacre del rey Herodes contra niños inocentes, esta Navidad fue arruinada por el asesinato de cientos de palestinos ¿Cómo podemos celebrar?», se preguntó Naim Ateekm, del Centro Ecuménico Sabeel.
Una cuarta parte de los 345 palestinos muertos en ataques israelíes eran menores de 17 años.
La violencia determinó a empresas turísticas israelíes a abandonar sus programas de visita al lugar donde nació Jesucristo. Esta decisión podría significar el colapso del turismo en esta ciudad, que reorganizó su infraestructura especialmente para los actos del milenio.
Belén recibió un promedio de 88.000 turistas por mes desde diciembre de 1999 a julio de 2000, mientras que en octubre llegaron sólo 27.000, y para breves visitas.
«Tenímos grandes planes para Navidad, pero la mayoría de los actos fueron cancelados. Se esperaba a varios coros y orquestas de todo el mundo, aunque pero desistieron por considerar a la ciudad demasiado peligrosa», dijo Joumana Abbas, directora de Relaciones Públicas del Proyecto Belén 2000.
Sólo tres grupos internacionales participaron en Noche Buena de las festividades. Uno de ellos fue un coro de 25 jóvenes del movimiento cristiano pacifista Bruderhof, que tiene comunidades en Australia, Estados Unidos y Gran Bretaña.
«Cuando oímos que la violencia estaba por arruniar el 2000 aniversario del nacimiento de Jesús, nos dimos cuenta que teníamos que venir. Quisimos traer un mensaje de esperanza a este pueblo», declaró Kent Wright, de 20 años, miembro del coro.
El escenario, luego de que la lluvia inundara las calles, debió instalarse en el edificio del Centro de la Paz, frente a la plaza y a la Iglesia de la Natividad, donde se presume nació Jesús. El Centro nunca llegó a llenarse a más media capacidad.
Las niñas de Bruderhof, vestidas con camisas azules, largas faldas y con pañuelos blancos, mantuvieron entretenida a la audencia, acompañadas por guitarras y cantando en armonía con los jóvenes.
El coro viajó a la Tierra Santa para mostrar solidaridad con el pueblo, según su director, Félix Maendel.
«Admiramos su valentía y estamos aquí para acompañarlos. Espero que nuestras canciones los fortalezcan, a pesar de sus sufrimientos», dijo Maendel a la pequeña audiencia.
Aún en esos momentos, los nervios de los palestinos estaban puestos a prueba, pues mientras Maendel hablaba, en el puesto de control del límite de Belén, los soldados israelíes detenían automóviles e interrogaban a los conductores.
Esta estricta vigilancia era parte de un plan especial para Noche Buena, destinado a permitir «sólo el ingreso a los cristianos que quieran rezar en Belén», de acuerdo con autoridades israelíes. La mayoría de la población de Belén es musulmana.
Los controles en Cisjordania con motivo de Navidad provocaron gran malestar a los palestinos, pues entorpecieron el transporte y por tanto afectaron varios negocios.
Pero estas no fueron las primeras celebraciones de Navidad frustradas en Belén. Israel ocupó la ciudad en 1967 y, durante los 25 años siguientes, la tensión reinó en la zona, en especial durante el primer levantamiento popular palestino (1987-1992).
En 1995 volvió la esperanza, cuando se celebró la Navidad por primera vez bajo administración palestina.
«A nuestros niños les han robado la celebarción de la Navidad. Su felicidad ha sido frustrada por la violencia», afirmó Lydia Al- Araj, de la Sociedad para el Cuidado del Niño.
Pero también los adultos palestinos se sintieron frustrados este año, como Samir Zedan, de 36 años, que llegó desde Canadá con su hijo de dos años para celebrar la Navidad en Belén.
«No tengo recuerdos de una Navidad en Belén. Yo esperaba que mi hijo formara parte de estas celebraciones, pero nuestras casas ahora están cerradas y nuestro pueblo atemorizado. Israel nos robó la Navidad una vez más», comentó Zedan. (FIN/IPS/CR/IP/vq/da/rp- ff/cr/00


