La violencia entre israelíes y palestinos, que causó más de 140 muertos en Cisjordania y Franja de Gaza en el último mes, acabó con el incipiente turismo en los territorios palestinos.
Una de las víctimas es el Hotel Jacir Palace de Belén que, con sus modernas instalaciones para reuniones empresariales y su proximidad a la concurrida Iglesia de la Natividad, prometía la prosperidad del turismo palestino cuando abrió en mayo con la presencia del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat.
Pero el conflicto actual causó la crisis económica del hotel y de Belén. El turismo también decayó dentro de Israel, siendo la ciudad de Nazaret la más perjudicada. Salvo los fieles más fervientes, la mayoría de los peregrinos se mantienen alejados de Galilea.
El hotel de 250 habitaciones, el mayor de Cisjordania, tiene todo lo que se pueda imaginar, salvo huéspedes. El negocio funcionó hasta fines de septiembre, cuando se desataron los enfrentamientos.
Entonces Ariel Sharon, dirigente del partido israelí de derecha Likud, visitó un sitio sagrado en Jerusalén, despertando la ira de los musulmanes y provocando enfrentamientos que se propagaron por los territorios palestinos.
Soldados israelíes mataron este martes a un joven palestino de 17 años en la frontera entre Israel y Franja de Gaza, lo que elevó la cifra de muertos desde fines de septiembre a 149, la mayoría de ellos palestinos o árabes israelíes.
Las cancelaciones arreciaron en todos los hoteles de la zona de Belén, y la ocupación de habitaciones y la llegada de turistas descendió más de 90 por ciento en el últimos mes.
Gran Bretaña recomendó a sus ciudadanos que eviten viajar a Cisjordania y Franja de Gaza, específicamente a Belén, mientras Estados Unidos advirtió a sus habitantes que tampoco viajen a Israel.
Todo esto ocurrió cuando Belén disfrutaba de un año récord en turismo, motivado principalmente por el proyecto de restauración Belén 2000, financiado en gran medida por la Unión Europea. La visita del papa Juan Pablo II a Belén, en marzo, también ayudó al auge turístico.
«Recibíamos hasta 150 autobuses por día llenos de turistas. Ahora ni siquiera llega uno», dijo un funcionario de la alcaldía de Belén, Jamal Salman.
A la capacidad hotelera de la ciudad se le agregaron 1.000 plazas, pero ahora están vacías, agregó.
En el Jacir Palace se percibe el olor a gases lacrimógenos y se escuchan los tiros en el exterior, mientras jóvenes a pocos pasos de la entrada se refugiaban detrás de bloques de concreto.
El hotel sigue abierto, pero sin huéspedes. Por la noche se escuchan los tiroteos entre la localidad árabe de Beit Jala, al norte del hotel, y el asentamiento judío de Gilo, en Jerusalén.
En ocasiones se escucha la explosión de misiles israelíes que dan blanco en Beit Jala. «Es muy seguro aquí. Claro que hay combates afuera, pero eso no tiene nada que ver con nosotros», asegura el director de ventas del hotel Iyad Tabaileh.
El hotel se encuentra próximo al campamento de refugiados Aisa, algunos de cuyos habitantes trabajan en el restaurante del hotel. Ellos también pagan el precio de la batalla entre los manifestantes palestinos y los soldados israelíes.
Otros palestinos que trabajan en tiendas de restaurantes, madera de olivo y nácar también padecen la situación. «Miles de familias están afectadas», dijo Salman.
Así mismo, miles de personas que se trasladaban diariamente a sus puestos de trabajo en Israel ya no pueden hacerlo, debido al cierre de las fronteras que impide el ingreso de palestinos al estado judío, explicó.
Las autoridades israelíes señalan que el turismo descendió 50 por ciento y que los hoteles cerraron en Nazaret y Tiberias, lugares de recientes enfrentamientos. Se espera que Israel pierda medio millón de turistas en el último trimestre del año debido a la violencia.
El ministro de Turismo israelí, Amnon Lipkin Shahak, dijo a la prensa el domingo que «es muy difícil vender a Israel», mientras los telespectadores del mundo observan imágenes de tanques israelíes en la Franja de Gaza.
«Nos estamos preparando para cuando esta crisis termine y así poder atraer a los turistas lo antes posible a Israel. Es un gran golpe ahora y así seguirá hasta el año próximo», advirtió. (FIN/IPS/tra-en/bl/sm/aq/ip-if/00


