El informe de Brasil sobre el progreso alcanzado en la apertura de su economía mereció la aprobación de la mayoría de los países de la Organización Mundial del Comercio (OMC), con excepción de Estados Unidos.
Brasil superó con éxito esta semana el examen de sus políticas comerciales, que la OMC realiza en forma periódica con todos sus miembros. El mayor reconocimiento correspondió a con que el país se recuperó de la crisis financiera de 1997 y 1998.
Esa resistencia se debió en gran medida a sanas políticas macroeconómicas y a la liberalización aplicada durante toda la década, dictaminó la OMC.
En ese proceso, el subsecretario de Integración y Comercio Exterior de Brasil, José de Graça Lima, destacó la privatización de 24 empresas entre 1996 y 1999.
Estados Unidos observó que el gobierno brasileño todavía domina ciertos sectores de la economía, y reclamó información sobre los planes de privatización de esas áreas, en particular el petróleo y la energía.
La representación estadounidense reconoció que Brasil ha liberado las telecomunicaciones, pero criticó la persistencia de ciertas limitaciones sobre la propiedad extranjera en ese sector.
Los miembros de la OMS reconocen que Brasil ha abandonado de forma inequívoca el modelo de industrialización basada en la substitución de importaciones, según el informe.
En ese punto se registró otra de las discrepancias de Estados Unidos, que se quejó por las dificultades para hacer negocios que todavía subsisten en Brasil como herencia de esas políticas nacionalistas y de substitución de importaciones.
Brasil y Estados Unidos ostentan las dos mayores economías del hemisferio occidental, con un intercambio bilateral de 24.000 millones de dólares en 1999, e inversiones estadounidenses en Brasil por 35.000 millones de dólares en los últimos cinco años.
La delegación estadounidense observó que los aranceles de Brasil se mantienen elevados y ocasionan aumentos marcados de los precios de insumos y productos terminados.
Pero también existen otras formas de barrera al acceso a los mercados. Las importaciones y exportaciones se mueven con lentitud a través de las aduanas y sacrifican así la productividad lograda a través del comercio electrónico, lamentó Estados Unidos.
El problema crece debido a la deficiente aplicación de las medidas de control de importaciones.
Esos factores desalientan el comercio y las inversiones, pero también conspiran contra la competitividad de Brasil y limitan el acceso de los brasileños a los productos más ventajosos y a la tecnología avanzada, dijo la representación estadounidense.
El clima en que se desarrollan los negocios en Brasil no es lo que debería ser, afirmaron los estadounidenses.
La crítica se concentró en la falta de transparencia en los procedimientos administrativos y en la aplicación arbitraria de determinadas normas, una situación que «crea incertidumbre».
Otros miembros de la OMC expresaron una preocupación parecida respecto de la dispersión y proliferación de normas comerciales en Brasil.
En ese campo, la apelación frecuente al recurso de disposiciones provisorias, como los decretos, constituye una de las dificultades principales.
El Mercosur, un proyecto de unión aduanera que Brasil integra con Argentina, Paraguay y Uruguay, mereció también observaciones durante los tres días de debate en el Organo de Examen de Políticas Comerciales de la OMC.
Varias delegaciones solicitaron información más detallada del régimen comercial en ese bloque sudamericano. Hong Kong expresó preocupación por supuestas distorsiones comerciales que acarrearía el funcionamiento de ese acuerdo.
De Graça Lima confirmó que el Mercosur eliminará a fines de este año el aumento del tres por ciento introducido en forma temporal en su arancel externo común, desde el 1 de enero de 1998.
La medida, que despertó críticas de los socios comerciales ajenos al bloque sudamericano, fue dictada con la intención de paliar los efectos de las crisis externas de 1997 y 1998 sobre las economías del Mercosur, recordó el diplomático brasileño.
El informe de la OMC aceptó que el apoyo del Estado brasileño a la agricultura es modesto, en especial cuando se lo compara con los niveles de asistencia que prestan gobiernos en otras regiones.
Sin embargo, aunque reducido, ese apoyo podría llegar a afectar a los mercados mundiales en los que Brasil figura entre los principales abastecedores, como ocurre en los rubros de azúcar y alcohol, previno la institución multilateral. (FIN/IPS/pc/mj/if/00


