Las dos cumbres que se habrán celebrado en Egipto al cabo de esta semana determinarán el curso futuro del proceso de paz en Medio Oriente, marcado por 23 días de violencia en los territorios palestinos que llegaron hoy a un punto culminante.
No se prevé que la cumbre árabe que comenzará este sábado en El Cairo determine la ruptura de todo vínculo con Israel, como proponen algunos países, pero determinará la eventual constitución de un frente unido contra el estado judío.
Este viernes en la tarde concluyó el plazo de 48 horas impuesto por los israelíes a los palestinos para poner fin a la violencia imperante desde el 28 de septiembre, pero los enfrentamientos continuaron aun después de las oraciones musulmanas más importantes de la semana.
El llamado a acabar con la violencia emitido en la cumbre de Sharm el-Sheik no fue respetado.
Los últimos choques aumentan las muertes a 124, ocho de ellas del campo judío, desde que el legislador conservador israelí Ariel Sharon detonó la violencia al visitar el 28 de septiembre la Explanada de las Mezquitas, el lugar más sagrado de Jerusalén para los musulmanes y el tercero de todo el Islam.
En Cisjordania, Gaza y Jerusalén, los choques de este viernes terminaron con al menos nueve muertos palestinos, dos de ellos de 13 años, y siete militares israelíes heridos. El jueves, un palestino y un colono israelí murieron en un enfrentamiento.
En Sharm el-Sheik, balneario sobre el mar Rojo, se reunieron el lunes y martes el primer ministro israelí Ehud Barak y los presidentes Yasser Arafat, de Palestina, Hosni Mubarak, de Egipto, y Bill Clinton, de Estados Unidos, así como el rey de Jordania, Abdullah II.
También participaron en la cumbre el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, Kofi Annan, y el principal responsable de Política Exterior y Seguridad de la Unión Europea, Javier Solana.
El fracaso de la cumbre en Sharm el-Sheik no fue sorpresivo para la región. La mayoría vio en la reunón un intento de garantizar la seguridad de los israelíes sin tomar en cuenta los reclamos palestinos.
Esta instancia se produjo después de dos semanas de violencia que inflamaron el espíritu palestino y árabe, con la muerte de un centenar de manifestantes, en un clima que dificultaba una distensión.
Marwan Barghuti, dirigente del partido Al Fatah que lidera el presidente palestino Yasser Arafat, afirmó luego de la cumbre que sería difícil dictaminar el comportamiento de la gente en las calles.
La cumbre fue también rechazada por todas las partes en Líbano. «Dijimos antes y reiteramos ahora que la solución de los problemas en Palestina no son medidas de seguridad sino poner fin a las medidas de seguridad. La cuestión es, más bien, el derecho de la gente a la vida», dijo el primer ministro Selim Hoss.
En Siria, luego de un periodo de relativo silencio, la prensa estatal proclamó su opinión contraria a la cumbre en Sharm el- Sheik y a favor del mantenimiento del levantamiento palestino (intifada).
El editorial del diario Al-Baath, portavoz del partido gobernante Baath, la cumbre en Sharm el-Sheik fue un intento de abortar cualquier posibilidad de éxito de la intifada palestina en cuanto a la retirada de las tropas israelíes de ocupación.
«El resultado final correrá a favor de los intereses israelíes», había anticipado el periódico.
El gobierno de Emiratos Arabes Unidos, uno de los más persistentes en reclamar una cumbre árabe para respaldar a los palestinos, propondrá en la cumbre la convocatoria a un boicot económico contra Israel así como el cese de los vínculos políticos.
Todavía no puede predecirse el ganador de la puja en caso de que persista la escalada de violencia.
Barak llamó a las fuerzas de seguridad israelíes a prepararse para días de tiroteos y combates. No se sabe si estos anuncios tienen solo la intención de presionar a los palestinos, pero los militares israelíes tienen capacidad para ingresar en un conflicto armado.
Algunos predicen un conflicto abierto en Medio Oriente, pero otros se preguntan qué países árabes se sumergirían en una guerra.
«No hay país árabe que pueda afrontar una guerra contra Israel», dijo Farid el Jazen, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Americana de Beirut.
«Ningún país árabe pasará a la ofensiva a menos que Israel lo provoque. Por el momento, todos están a la defensiva», agregó. De todos modos, sostuvo, lo único que originaría una fuerte reacción árabe sería una eventual reocupación israelí de los territorios hoy bajo control de la Autoridad Nacional Palestina.
Más allá de la guerra y la paz, lo que falta ahora en el mundo árabe es unidad. La principal herramienta de presión en sus manos es el petróleo, pero Arabia Saudita, el principal exportador mundial, descartó cualquier recorte del suministro o incremento del precio.
Pero en una extraña actitud, los sauditas adoptaron una posición fuerte en respaldo de Arafat y de los palestinos y reclaman «medidas decisivas contra Israel» a las que no especifica.
La cumbre árabe, que se celebrará en El Cairo este fin de semana, es la primera en 10 años que cuenta con la presencia de todos los países luego de la realizada en 1990, previo a la guerra del Golfo de 1991. El mundo árabe se dividió entonces en dos, el campo proiraquí y los aliados de Estados Unidos.
En 1996, Egipto fue sede de otra cumbre árabe a la que Iraq no fue invitada.
«El momento en que se celebra la cumbre árabe en El Cairo es muy importante, dada la cercanía con la fracasada cumbre de Sharm el-Sheik», dijo el primer ministro Hoss.
«Líbano quiere que los árabes adopten medidas fuertes contra Israel para allanar el camino a una paz justa y honorable en el área», concluyó.
Por el momento, los asistentes se dividen en tres campos. Siria y Líbano encabezan a quienes aspiran a cortar todo vínculo con Israel, mientras Egipto y Jordania son los países que ya firmaron acuerdos de paz con el estado judío. Arabia Saudita, entre otros, se ubican en una postura intermedia. (FIN/IPS/tra- en/kg/sm/mj/ip/00


