PAKISTAN: El próspero zumbido de las balas

El sonido de las balas es sinónimo de prosperidad en esta localidad de Pakistán, uno de los mayores centros clandestinos de producción de armas en Asia, ya que las armas y las municiones son la principal fuente de ingresos de sus habitantes.

Shafik Khan probó un fusil fuera de su comercio de venta de armas y Pervaiz, un niño de 10 años, se apresuró a recoger del suelo las cápsulas vacías.

Esa es una escena diaria en Darra Adamjel, donde los integrantes de 10 tribus se ganan la vida fabricando armas y municiones en pequeños talleres montados en sus casas.

Pervaiz venderá las cápsulas de balas a comercios donde serán pulidas a nuevo. La ciudad de Darra Adamkhel vive desde hace casi un siglo gracias a las armas y municiones, y se dice que la localidad es el mayor centro clandestino de fabricación de armas en Asia.

Un forastero que llega por primera vez a la población puede creer que llega a una zona de guerra. Sin embargo, para los lugareños que viven en casas fortificadas, los disparos esporádicos suenan a prosperidad.

"El ruido de las armas nos hace felices porque es señal de buenos negocios", aseguró Munawar Khan Afridi, un habitante de Darra.

Los fabricantes de armas pueden producir revólveres y pistolas, fusiles de varios tipos, incluso el Kalashnikov, granadas de mano y minas en unos 360 talleres caseros. La mayoría son réplicas de marcas reconocidas.

Sin embargo, el humor imperante en Darra en estos días es sombrío. Hace dos años, el derrocado gobierno del primer ministro Nawaz Sharif decidió regularizar la manufactura de armas en esta población y pidió a la estatal Fábrica de Pertrechos de Guerra de Pakistán (POF) que preparara un informe.

El informe, entregado el año pasado, contenía un plan detallado para acabar con la manufactura ilegal de armas. La entidad recomendó la ayuda oficial para que los fabricantes de Darra produjeran armas deportivas para exportación.

El gobierno de Sharif no duró para llevar a cabo la recomendación, y el actual régimen militar prohibió la concesión de permisos de fabricación y la venta de cierta categoría de armas.

"Los negocios van mal debido a la prohibición de los permisos. Yo tenía entre 10 y 15 personas trabajando en mi fábrica, ahora hay trabajo sólo para cuatro", se quejó Hameed Khan, de 40 años y propietario de un taller.

Durante una visita al pueblo, el director de la POF, teniente general Abdul Qayyum, ofreció ayuda a los fabricantes para producir armas de mejor calidad y exportarlas. Según Quayyum, el gobierno quiere que los artesanos de Darra trabajen con la POF para producir tipos de armas específicos.

Esas armas serán exportadas por la POF con su marca. "Queremos que Darra haga productos que sean legales y vendibles en lugar de fabricar armas prohibidas", dijo.

La POF entrena actualmente a 10 fabricantes de armas de Darra para trabajar con maquinarias modernas en sus talleres. Otro grupo será enviado en breve a la fábrica de armas de la POF.

Las autoridades planean instalar una fábrica de armas automáticas en la Provincia de la Frontera Noroccidental para absorber a más artesanos de Darra.

Sin embargo, la mayoría de los fabricantes aquí desconfían de las intenciones del gobierno. Su mayor temor sobre la regularización es que los obligará a mantener registros contables de sus negocios, cosa que jamás hicieron.

"No iré a la POF a trabajar. Tendré graves pérdidas. Yo ganaba más cuando las licencias no estaban prohibidas. El gobierno debería levantar inmediatamente esa prohibición", dijo Hameed Khan.

Una delegación de fabricantes de armas de Darra, liderada por un ex legislador, tiene el propósito de conversar con autoridades de la POF a fines de este mes para expresarles sus temores.

La portación de armas ha sido siempre un símbolo social entre los tribeños en esta región. Los primeros talleres se instalaron en Darra a comienzos del siglo pasado.

En 1911 había sólo media docena de talleres en Darra, cuando los artesanos comenzaron a reparar armas averiadas descartadas por el ejército británico. Gradualmente, aprendieron a copiar armas de fabricación extranjera.

El negocio tuvo gran impulso con la guerra civil en la vecina Afganistán. Gran cantidad de armas occidentales proporcionadas a los grupos de mujaidines afganos que luchaban contra las tropas de la ex Unión Soviética, fueron introducidas en Pakistán.

Fusiles de asalto Kalashnikov, lanzadores de cohetes, armas antiaéreas, ametralladoras livianas y distintos tipos de explosivos se podían obtener en el mercado de Darra en aquella época.

Los lugareños recuerdan cómo los artesanos incluso vendieron misiles usados a Estados Unidos, cuando las tropas soviéticas abandonaron Agfanistán y Washington trató de recuperar los misiles "Stinger" provistos a los mujaidin.

Las carcazas de Stinger usados fueron compradas a los afganos y reconstruidas para hacer copias exactas de misiles sin uso. Sin embargo, en los últimos años, la imposición de fuertes multas por la tenencia y venta de armas pesadas confinó aquí la fabricación a las armas automáticas. (FIN/IPS/tra-en/ny/mu/ego/aq/if/00

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