TRABAJO-ARGENTINA: Desempleo, cada cual atiende su drama

El alto desempleo es la principal preocupación de los habitantes de Argentina y afecta por igual a los distintos sectores, pero cada uno de ellos cree que su situación es la más grave.

Así, las mujeres creen estar peor que los hombres, las personas mayores de 40 años se sienten en desventaja respecto de los jóvenes, y éstos se ven débiles por no poder ofrecer experiencia laboral.

Un ejemplo de ello es lo que le ocurre a Marín Elías, un redactor publicitario de 36 años que acaba de quedar sin trabajo, quien comentó a IPS que la mayor preocupación que tiene es la edad.

Elías está convencido de que en el negocio de la publicidad los privilegiados son las personas que tienen entre 20 y 30 años que, porque su creatividad juvenil desplaza a los mayores con experiencia.

Sin embargo, las estadísticas indican que quienes buscan trabajo por primera vez están aún peor y muchos aceptan hacerlo gratis con tal de aprender.

"En una agencia de publicidad echaron al redactor y se quedaron con un cadete que mostró cierto talento para escribir" y al que le pagan el mismo sueldo de su función anterior, narró Elías.

La visión sobre las dificultades laborales que encuentra cada sector se alimenta con el alto desempleo, que en mayo alcanzó a 15,4 por ciento, mientras que la subocupación afecta a 14,7 por ciento de la población económicamente activa.

Una tercera categoría, que aún no se mide, es la que constituyen los llamados "desalentados", personas que abandonan la búsqueda cansadas de no encontrar trabajo.

Las cifras oficiales señalan que casi 50 por ciento de los desocupados en Argentina tiene menos de 25 años.

"Sin experiencia es imposible empezar una carrera" laboral, repiten muchos de los jóvenes en busca de empleo que, en el mejor de los casos, se inscriben en un curso de formación tras otro si cuentan con apoyo financiero de sus padres.

Las encuestas también revelan que 64 por ciento de los desempleados no finalizó los estudios secundarios.

No obstante, tampoco están en mejor situación al parecer los que cuentan con estudios terciarios o universitarios, ya que 36 por ciento de los profesionales desocupados se ubican entre las personas que más tiempo permanecen sin encontrar una oportunidad de trabajo.

En ese marco, Argentina es el país de América Latina con más cantidad de científicos radicados en el exterior.

Esa estadística se incrementó a raíz del recorte salarial de los funcionarios públicos, que incluye a los investigadores de organismos y universidades estatales, dispuesto por el gobierno en julio en un intento por abatir el alto déficit fiscal.

La visión particular sobre la gravedad de la desocupación también se da por sexo. Algunos hombres creen que la irrupción femenina en el mercado laboral los desplazó, mientras ellas protestan porque son mayoría en los puestos más precarios y menos pagos.

Aún se considera en este país que las mujeres aportan "una ayuda" económica al ingreso del hombre, pese a que cada año crece el porcentaje de las jefas de hogar, que aportan el único o principal ingreso familiar.

Una encuesta divulgada el domingo por la firma Gallup revela que 47 por ciento de los argentinos cree que el principal problema del país es la desocupación, seguida de la corrupción con apenas 15 por ciento de los consultados.

La falta de trabajo es, además, el primero en la lista de preocupaciones particulares de los entrevistados y de sus familias.

La directora de Gallup Argentina, Marita Carballo, explicó el lunes que hace apenas dos años el desempleo preocupaba a 30 por ciento de los consultados, en 1999 a 40 por ciento y ahora a 47 por ciento. "Nada preocupa tanto a los argentinos hoy como el desempleo, aún a los que están ocupados", comentó.

Un indicador social que sirve para medir esta desesperación es la multitud que se convoca cada 7 de agosto en torno a la parroquia de San Cayetano, patrono del trabajo, en Buenos Aires.

El lunes se estimó la concurrencia en unas 40.000 personas, algunas de las cuales esperaron por dos semanas hasta llegar al templo católico para pedir por un puesto de trabajo.

"Cada año hay más gente, y cada vez la gente manifiesta tener más fe", dijo el párroco Fernando Maletti. Entre misa y misa, que se celebraron cada una hora, la fila de creyentes que quería apenas tocar la imagen del santo se movía en forma lenta ya que muchos insistieron en ingresar de rodillas.

Un abogado, que formó parte de la fila para rezar por empleo, coincidió en que hay un aumento de la fe, aunque precisó que ese incremento de la mística corre paralelo con la falta de trabajo y la falta de respuesta del Estado al problema. "Lo que no hace el gobierno, la gente lo espera de Dios", sostuvo el profesional.

El gobierno de Fernando de la Rúa, que asumió el 10 de diciembre, promete que en unos meses se instalará un círculo virtuoso de confianza, inversiones, crecimiento y empleo.

Sin embargo, algunos de sus ministros temen no lograr esta meta. "Si no bajamos el desempleo, habremos fracasado", se atajan ya algunos de ellos.

A pesar de lo extendido del fenómeno del desempleo, que data de comienzos de los años 90, la vivencia es aún muy individual.

El psicólogo social Alfredo Moffatt, fundador de la organización de ayuda terapéutica "El Bancadero", dijo a IPS que la pérdida de empleo produce una "salida de la realidad".

"La realidad de las personas está estructurada en torno al trabajo y a la familia, pero si se pierde el trabajo es muy difícil evitar una crisis de vacío, de pérdida de realidad, de falta de proyecto, que a mediano plazo termina afectando también las relaciones intrafamiliares", comentó.

Moffatt explicó que la falta de empleo hoy tiene una consecuencia social que es más grave que la falta misma del salario y es la pérdida de sentido de la vida.

"El desempleado se siente como un desaparecido social", advirtió.

La falta de visualización de este problema como una cuestión social está asociada a las características del comportamiento del individuo que pierde el empleo y comienza a peregrinar en una búsqueda que se prolonga por meses, años, y hasta se hace crónica, agregó.

Las mujeres sin trabajo, incluso las profesionales, devienen en amas de casa a la fuerza y madres a tiempo completo, y van perdiendo contacto social con el mundo.

Algo parecido sucede con los hombres, con la circunstancia agravante de que no hay una tradición que asocie al varón al hogar como es el caso de las mujeres, explicó.

"Yo, al principio evitaba decir que estaba sin trabajo", reconoció Elías". Para Moffat, esta "negación" es característica de quienes creen que el problema es producto de su propia incapacidad, y no del sistema que lo expulsa y no le da revancha.

Sin ánimo ya para buscar, y en los peores casos sin dinero para salir de la casa y tomar un ómnibus para ir a una entrevista, hombres y mujeres pasan horas frente al televisor, deprimidos y viviendo vidas ajenas, la de los personajes de teleteatros, películas o de la farándula en general.

Moffatt recomienda a la gente que afronta este problema a no quedarse en su casa, a hacer trabajos comunitarios, unirse con otros que estén en la misma situación o pensar soluciones conjuntas, porque suelen ser de gran ayuda.

También aconseja hablar del problema con otros, aún cuando no se avizora una solución. "Compartir un dolor es como darle una parte pequeña de ese dolor a cada uno de los otros", y quizás hablando muchos reconocen que no están tan solos como creían, señaló. (FIN/IPS/mv/dm/lb/00

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