(Arte y Cultura) VENEZUELA: "Manuscrito sonoro" a concierto

El Ensamble Gurrufío, cuatro virtuosos de la música tradicional, produce un nuevo "manuscrito sonoro" de Venezuela y, para celebrar sus 15 años, se "arriesgará" a presentarlo en dos conciertos de fin de semana en el principal teatro de esta capital.

Cualquiera sea el género que interpreten, los de Gurrufío basan su trabajo en la improvisación para destacar, sobre la estructura de una pieza (vals, pasodoble, merengue o joropo), el timbre de un instrumento particular.

"Nos arriesgamos. La improvisación, propia del jazz, siempre ha estado implícita en la música venezolana, en la bandolina oriental (muy empleada en el este de Venezuela), en el bordoneo del arpa llanera, en el canto y en el zapateo", explica Asdrúbal Hurtado, quien toca cuatro, guitarra y bandola.

Le acompañan Luis Toro (flauta), David Peña (contrabajo) y Ernesto Laya (maracas). Desde su creación en 1984 trabajaron instrumentos distintos al arpa, guía del joropo, el género base del contrapunteo de cantores rivales, emblemático de las llanuras de Venezuela.

El grupo "ha propuesto una manera de hacer música en la que los instrumentistas creen profundamente", definida por una especie de diálogo de los instrumentos, explica Toro. "Es un intercambio de imaginarios entre creadores, ejecutantes y público", escribió el crítico Arnoldo Barroso.

"Siempre empezamos a ejecutar lentamente las piezas y terminamos a gran velocidad, es cuestión de temperamento", dijo Toro. El público "al final, tras escucharlos, queda como sin aliento, como al correr 100 metros planos", indica la periodista especializada Zayira Arenas.

Según el escritor Leonardo Padrón, las interpretaciones de Ensamble Gurrufío, en las que sobre los sonidos convencionales se desata el acento de cualquiera de los cuatro instrumentos, "sencillamente son un manuscrito sonoro de Venezuela".

Estas propuestas fueron muy marcadas cuando hace dos años el grupo produjo "El trabadedos", disco en el que las lenguas trabadas en un canto lleno de palabrerío, un "trabatema", eran seguidas por los dedos trabados sobre instrumentos explotados a la vez por el virtuosismo y la velocidad.

Ahora llegan con las producciones "Gurrufío en vivo" y, junto a la orquesta Gran Mariscal de Ayacucho, se lanzan con "Gurrufío y orquesta", para incrustar el sonido de sus instrumentos entre los orquestales: a su solo anuncio ya se frotan las manos los melómanos.

En los conciertos de aniversario, el Ensamble será acompañado por ex integrantes como Cristóbal Soto (fue su mandolinista, y por considerarlo insustituible Gurrufío suprimió la mandolina cuando se produjo el retiro), la agrupación Serenata Guayanesa y Simón Díaz, el autor de "Caballo Viejo".

Como otros grupos, Gurrufío empezó en 1984 "por puro placer" y afición de ratos libres de jóvenes músicos académicos, indica Toro. Rápidamente, sin embargo, "nos lo tomamos en serio", y el resultado fueron giras y conciertos desde el Lejano Oriente hasta el Carnegie Hall de Nueva York.

Gurrufío es el nombre de un juguete que se elaboran los niños de Venezuela: una tapa aplanada de bebida gaseosa, con dos agujeros en el centro, da paso a una doble cuerda que al ser torcida y tensada con las manos hace girar y vibrar el pequeño disco.

Los músicos académicos menospreciaban la música tradicional y popular venezolana, pero esto cambió a partir de la creación del Ensamble Garrufío, la de grupos como Los Anauco y El Cuarteto, y varios solistas.

"Ahora es al revés. Es motivo de admiración que un instrumentista de formación académica se desenvuelva en la música tradicional venezolana. Inclusive, es casi como un requisito para subir en un escalafón", comentó Toro. "Pero si no lo fuese, al diablo con los músicos académicos", remató. (FIN/IPS/jz/eg/ag/cr/99

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