(Arte y Cultura) CHINA: Teatro Nacional de Beijing será realidad para el 2002

El orgullo y las ambiciones de la China moderna están representados por dos grandes proyectos de naturaleza muy distinta: uno de ellos es la inmensa represa de Tres Gargantas, y el otro, la apertura del Gran Teatro Nacional.

La represa hidroeléctrica, que será la más grande del mundo, deberá mostrar a China como una superpotencia económica y tecnológica, mientras que la sala de teatro, proyectada en las cercanías de la plaza Tiananmen, está destinada a destacar que este país es también un baluarte de la cultura.

Pese a sus diferencias, los dos proyectos tienen algo en común: una historia plagada de obstáculos, controversias, propuestas y contrapropuestas, además de injerencias políticas. Después de 50 años de debates, la hidroeléctrica ya comenzó a construirse.

Pero el proyecto del Teatro Nacional había quedado atrapado en la maraña burocrática. Y no fue hasta abril cuando los residentes de Beijing pudieron respirar aliviados, tras el anuncio del gobierno de que haría realidad el sueño del fallecido primer ministro Zhou Enlai, de construir un recinto para ópera y teatro cerca de Tiananmen.

El lugar elegido para la construcción está justo enfrente del Gran Salón del Pueblo y muy cerca del complejo de Zhongnanhai, donde trabajan y viven los dirigentes chinos. Se trata de un terreno que ha permanecido vacío y desolado durante 40 años.

El sitio fue elegido por Zhou en 1958, y la construcción del Teatro Nacional quedó aprobada por el parlamento al año siguiente e incorporada a la lista de 10 grandes proyectos elegidos para celebrar, en ese entonces, los 10 años de la China comunista.

Pero el proyecto no despegó nunca. La hambruna se apoderó de China en la época del Gran Paso Adelante (1958-1960), en vísperas del llamado de Mao Zedong para iniciar el camino hacia una rápida industrialización, que anuló la inversión en las artes.

La Revolución Cultural (1966-1976) fue otra época de agitación y caos, lo que nuevamente postergó el proyecto del Teatro. El fanatismo liderado por la esposa de Mao, la actriz Jiang Qing, y sus asociados de la Banda de los Cuatro, canceló todas las representaciones artísticas, salvo las de ópera revolucionaria.

Durante el liderazgo del pragmático líder chino Deng Xiaoping (1978-1997), el Teatro Nacional no tuvo mejor suerte. El proyecto incluso peligró cuando el Congreso Nacional del Pueblo, el parlamento chino, quiso construir su sede en el terreno baldío.

Y hubo que esperar hasta el último abril, con 40 años de retraso, a que las autoridades anunciaran un concurso público para el diseño del Teatro Nacional. El plan contempla iniciar las obras en febrero de 1999.

El presupuesto previsto es de 400 millones de dólares, y el Teatro debería estar concluido para el 2002.

La construcción del Teatro no es un tema trivial para Beijing, que se precia de ser el centro cultural de China. En los últimos años, sin embargo, debió contemplar con envidia cómo la bullente Shanghai construía su Gran Teatro de ópera, un museo de categoría mundial y una de las bibliotecas más grandes de Asia.

«En muchos países los teatros nacionales son considerados como símbolo de la imagen, el gusto, la dignidad y la riqueza nacional», dijo el vicepresidente del comité propietario de la sala proyectada en Beijing, Yao Bing.

«El Gran Teatro Nacional de China será escenario de actividades diplomáticas y de intercambios culturales internacionales», añadió.

El proyecto incluye una sala de ópera con 2.700 butacas, un salón de música con 2.000 asientos y dos teatros más pequeños. Su realización será objeto de una competencia internacional, que por primera vez confrontará a arquitectos chinos y extranjeros en el marco de un proyecto cultural en este país.

Entre tanto, las normas sobre las características del teatro emitidas por el comité de asignaciones fueron consideradas demasiado conservadoras, en su intento porque el edificio combine y no opaque las estructuras tradicionales circundantes en la zona de Tiananmen.

«Con tantos edificios tradicionales en esa zona, lo ideal sería que el teatro fuera completamente distinto», opinó Li, una residente de Beijing.

Ya Yanfang, investigador de la Academia China de Ciencias Sociales, está de acuerdo con la necesidad de utilizar un estilo contrastante. «Recuerden la Opera de Sydney: no parece un teatro y, por cierto, no emula ningún modelo australiano».

«Creo que el Gran Teatro debería ser hermoso, agradable a la vista y contemporáneo», dijo.

La decisión sobre el diseño que se elegirá para el Teatro depende de un jurado de 11 miembros que incluye un experto de Hong Kong y tres extranjeros. Deberán evaluar 44 proyectos, de los cuales sólo la mitad serán de origen chino.

Hay rumores sobre presiones del gobierno para que la lista de finalistas considere un número equitativo de propuestas chinas y extranjeras. La cantidad de finalistas fue ampliada de tres a nueve, y consideraría cuatro de otros países y cinco locales.

Cuatro proyectos chinos que habían sido descartados debieron reincorporarse para lograr el equilibrio requerido, informó el periódico China Business Times.

«¿Cuál es el objeto de realizar una competencia internacional si el gobierno ya decidió de antemano que el proyecto será entregado a una empresa local?», preguntó el diario.

Todo parece indicar que pasará algún tiempo más antes que el telón del Gran Teatro Nacional pueda, finalmente, alzarse para comenzar la función. (FIN/IPS/tra-en/ab/js/lc-ml/cr/98

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