La designación de la médica Mousume Ebtekar como vicepresidenta de Irán marca un antes y un después en la República Islámica hoy presidida por Muhammad Jatami, un moderado en lo político y liberal en materia social y religiosa.
Jatami asumió la presidencia a principios de mes tras obtener una abrumadora mayoría en las elecciones de mayo, 18 años después del triunfo de la revolución islámica iniciada por el ayatollah Ruollah Jomeini. El voto femenino fue fundamental para su triunfo.
Este fin de semana, el presidente hizo una fuerte apuesta al nombrar a Ebtekar como una de sus cinco vicepresidentes, lo que contrarrestó la desilusión femenina cuando constituyó su gabinete de 22 ministros sólo con varones.
El cargo más alto que había ocupado antes una mujer en el gobierno islámico había sido el de viceministra.
Ebtekar, de 37 años, tiene un doctorado en Inmunología y presidió la delegación iraní a la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de las Naciones Unidas celebrada en 1994 en Beijing.
La actual vicepresidenta dirige el Comité Central de Organizaciones No Gubernamentales Femeninas del país y es editora de una revista dedicada a los derechos de las mujeres.
Antes, Ebtekar había integrado la junta editorial de Kahyan International, el diario más prestigioso de Irán, que se publica en inglés y en persa.
El primer parlamento islámico (majlis) elegido en 1980 contaba apenas con cuatro diputadas en un total de 270 escaños. En las elecciones de 1996, ese número se elevó a 12, menos de medio por ciento.
El gobierno de Irán tiene en Occidente fama de oprimir a las mujeres, sobre todo por la presunción de que es obligatorio el uso del "chador" (vestido que cubre el cabello, los brazos y las piernas).
Al mismo tiempo, circulan historias sobre la rudeza con que agentes armados del Comité Revolucionario Islámico, la policía religiosa, obligan a cumplir esta disposición a mujeres iraníes y extranjeras.
En estos 18 años, los grados de severidad en la aplicación de las normas sobre vestido fue la medida con que se percibía en Irán la ecuación de fuerzas entre las facciones moderada y radical del gobierno.
La realidad iraní no tiene una coincidencia plena con la imagen del país en el exterior.
Hoy, 95 por ciento de las niñas asisten a la escuela primaria. Este avance obedece, por paradoja, a la segregación. No existen centros de enseñanza mixtos, y los tradicionalistas padres de las áreas rurales, donde vive casi la mitad de la población de Irán, ya no se oponen a que sus hijas estudien.
Cuarenta por ciento de los estudiantes universitarios de Irán son mujeres, un porcentaje mayor al de la mayoría de los países de Europa, como Gran Bretaña, donde se reduce a 35 por ciento.
En Teherán y su zona metropolitana, donde vive casi un quinto de la población, abundan las trabajadoras en bancos, tiendas e incluso en puestos de gerencia. Es común encontrar funcionarias de inmigración, aduanas y en puestos de cambio de monedas en el aeropuerto capitalino.
Durante la guerra con Iraq (1980-1988), numerosas mujeres desfilaban en chador blanco con sus ametralladoras al hombro, una imagen muy difundida en Occidente.
El gobierno iraní patrocinó en 1994 la primera edición del Torneo Internacional Islámico de Deportes Femeninos, al cual, sin embargo, se prohibió la presencia de espectadores masculinos.
El gobierno islámico ha criticado en reiteradas ocasiones las reivindicaciones de derechos femeninos, pero eso no impidió que tuviera un papel activo en foros como la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995) o la Conferencia de Naciones Unidas sobre Población en El Cairo (1994).
En contraste, Arabia Saudita, por ejemplo, boicoteó la reunión en la capital egipcia.
El código islámico sobre vestido femenino deriva de un solo versículo del Corán.
"Digan a las creyentes que bajen la mirada y cubran sus partes privadas y sus pechos y no revelen sus adornos excepto a sus maridos, sus padres, sus suegros, sus hijos, los de su marido, sus hermanos, sus cuñados, sus sobrinos", reza el libro sagrado musulmán.
El parlamento iraní aprobó la Ley Islámica sobre Vestido, que dispone una pena máxima de un año de cárcel en caso de contravención. La ley establece la obligatoriedad de vestir ropas holgadas y ocultar el cabello, los brazos y las piernas y prohíbe el uso de modelos occidentales.
Por lo tanto, las mujeres deben, al menos, cubrir la cabeza con un pañuelo, lucir una blusa holgada de manga larga y un vestido que llegue no muy por debajo de las rodillas, con el resto de las piernas cubiertas por medias.
No es obligatorio que las mujeres cubran todo su cuerpo con un chador, como lo hacen por propia iniciativa la amplia mayoría de las obreras y trabajadoras rurales.
Durante la dinastía Pahlevi, que precedió a la revolución islámica, las mujeres tenían la posibilidad de elegir ropas de corte occidental. La emperatriz Farah, esposa del último shah, Muhammad Rezah Pahlevi, usaba siempre falda y blusa.
Sin embargo, las que vestían a la moda occidental eran entonces una minoría constituida por mujeres trabajadoras residentes en las ciudades. (FIN/IPS/tra-en/dh/rj/mj/ip pr/97