La oposición organizada de los inmigrantes en Estados Unidos es un resultado que pocos previeron cuando hace un año el Congreso de mayoría republicana votó duras medidas contra ellos.
Un año después, no obstante, el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) está inundado de nuevas solicitudes de ciudadanía de inmigrantes recientes, y este año se espera un total de 1,8 millones de pedidos formales.
Irónicamente para los republicanos, los inmigrantes recientemente naturalizados tienen un perfil distinto. Son activos en política, se preocupan por la salud y la educación y a menudo son demócratas.
En Nueva York, uno de los cinco mayores centros urbanos y hogar de 75 por ciento de los nuevos ciudadanos -los otros cuatro son Los Angeles, San Francisco, Chicago y Miami-, varios grupos de nuevos inmigrantes instan a votar a los recién naturalizados.
Uno de ellos, el New Americans Democratic Club, fue lanzado la semana pasada como un desafío explícito a lo que considera políticas anti-inmigrantes de la dirigencia republicana en el Congreso.
"Vemos un gran potencial electoral en el creciente número de nuevos estadounidenses en nuestra área", dijo el vicepresidente del grupo, Arthur Rojas, residente del barrio Queens en Nueva York, y originario de Colombia.
El Partido Demócrata puede brindar un hogar político para ellos, especialmente ante "la intolereancia y la animosidad hacia los inmigrantes de otras fuerzas políticas", destacó.
"Los demócratas están más involucrados en los asuntos de los inmigrantes", dijo Morshed Alam, bengalí-estadounidense y presidente del grupo.
En una gama más amplia de temas, incluyendo educación, salud y bienestar social, la mayoría de los nuevos ciudadanos se encuentra más cercana a los demócratas que los republicanos más conservadores.
Alam dijo a IPS que su grupo recién comenzó, pero ya inició la organización de los votantes entre comunidades de Nueva York, entre ellas asiáticos del sur, chinos, latinoamericanos e incluso puertorriqueños, quienes como ciudadanos de una colonia de Estados Unidos no son inmigrantes pero se sienten atraídos por las recientes medidas.
Si todos estos grupos se vuelcan hacia el Partido Demócrata, el Partido Republiclano sufriría un golpe significativo, ya que logró parte de su fortuna electoral en 1994 y 1996 apelando a sentimientos nacionalistas.
La dirigencia republicana respaldó medidas para negar servicios de educación y salud a inmigrantes ilegales con la Proposición 187 de California, aprobada por amplia mayoría en 1994. Además, presiónó por un INS reforzado y nuevos fondos para la guardia fronteriza, durante las reformas inmigratorias de septiembre.
En septiembre del año pasado el Congreso decidió asimismo reforzar las guardias en la frontera con México y reducir los beneficios sociales para migrantes legales.
Roseann Micallef, directora ejecutiva del Centro para Derechos de los Inmigrantes de Nueva York, dijo que los nuevos votantes se movilizarían contra cualquier medida más dura contra los inmigrantes, como recortes de los beneficios sociales, los cuales "equilibraron el prespuesto sobre la espalda de los inmigrantes".
Micallef, abogada defensora de inmigrantes, alegó que la movilización política entre las comunidades de inmigrantes apenas comienza. Hay una ola de "un interés mucho más fuerte en temas políticos" desde la aprobación de las medidas el año pasado.
Como resultado, "la gente pobre, de la clase trabajadora tiende a votar en filas demócratas", por lo cual el nuevo ímpetu organizador podría otorgar al partido ganar varios centros urbanos clave.
Pero las autoridades no repararon en cambios dramáticos en el aumento de naturalizaciones desde 1992, cuando comenzó a aumentar el número de solicitudes de ciudadanía, dijo Rob Koon, portavoz de INS.
Unos 300.000 inmigrantes solicitaron la ciudadanía en 1992, y el índice de solicitudes se duplicó a menudo anualmente a partir de esa fecha. El año pasado, más de 1,2 millones de personas solicitaron la ciudadanía, un número que según previsiones aumentará 50 por ciento a fin de este año, agregó Koon.
Este aumento constante se debe a muchos factores, dijo el portavoz de INS, incluyendo una decisión de 1989 para obligar a portadores de la "tarjeta verde" de residencia renovar su permiso para residir y trabajar en Estados Unidos cada 10 años.
Después que el límite fuera impuesto, dijo Koon, muchos inmigrantes que tenían ciudadanía extranjera podrían encontrar conveniente pagar 95 dólares una sola vez para solicitar la naturalización, en lugar de pagar la renovación de la tarjeta verde cada década.
Además, las restricciones a los inmigrantes del año pasado también podrían haber "persuadido a la gente de que llegó el momento de naturalizarse".
Pocos políticos parecen preocupados ante nuevas alianzas resultantes de la repentina emergencia de votantes potenciales. Ciudades como Nueva York y Los Angeles tienen mayoría demócrata.
La principal comunidad de inmigrantes de Miami, los cubanoamericanos, siempre ha sido políticamente poderosa y republicana.
Micallef reconoció que algunos flujos de inmigrantes, en general los cubanos y los asiáticos del sudeste, van contra la tendencia, al ser políticamente conservadores.
El alcalde republicano de Nueva York, Rudolph Guiliani, no está preocupado. Giuliani se mantuvo al margen de su partido el año pasado al atacar la legislación de inmigración, y este año apeló al gobierno federal para que restaure al menos parte del dinero que recortó de la asistencia a inmigrantes legales.
Esta semana el presidente Bill Clinton y el Congreso llegaron a un acuerdo presupuestal para restaurar los fondos federales de discapacidad para inmigrantes, uno de los cortes más provocativos del año pasado. (FIN/IPS/tra-en/fah/aa/lp/pr-ip/97


