Transformaciones que antes se realizaban "a la velocidad del automóvil" e insumían décadas ahora se hacen a la de las comunicaciones, en apenas cinco años.
Con esa comparación René Dreifuss, investigador de las empresas transnacionales y cuestiones estratégicas internacionales, definió la gestación de una nueva sociedad que tiene como centro dinámico a las telecomunicaciones, la computación, la información y la electrónica.
La ola de transformaciones "asusta" y afecta al sistema productivo, las formas de comunicarse, la gestión, el control, la investigación y la enseñanza, según este profesor de la Universidad Federal Fluminense, ubicada en la ciudad brasileña de Niteroi, vecina a Rio de Janeiro.
"Esto está cambiando a toda la sociedad, transforma la cabeza de las personas y fatalmente modificará a todo el sistema político, instaurando una discusión sobre el espacio de lo público y lo privado", prevé el cientista político.
La explosiva expansión de la telefonía es una de las puntas visibles de esa rápida evolución.
Las líneas telefónicas fijas en el mundo aumentaron de 519,4 millones en 1990 a 745 millones en 1996 y aún quedan 35 millones de personas esperando que su solicutud sea satisfecha, de acuerdo a estimaciones de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT).
Pero el gran salto se produjo en la telefonía celular, que de los escasos 11 millones de usuarios que tenía en 1990 pasó a 135 millones el año pasado, con un crecimiento de 60 por ciento anual entre 1995 y 1996.
La UIT estima que los servicios y equipos de telecomunicaciones compondrán un mercado de un billón de dólares el próximo año, contra 788.000 millones en 1995.
El tráfico internacional de llamadas, que en 1990 era de 33 billones de minutos, trepó a 68 billones en 1996, una expansión de 15 por ciento al año.
Las exportaciones de equipos también se duplicaron entre 1990 y 1995, llegando a 58.000 millones de dólares.
Países como China y Brasil parecen haber descubierto ahora las maravillas de la comunicación a distancia.
En el gigante asiático se está instalando la mayor cantidad de teléfonos fijos. Las líneas aumentaron en un promedio anual de 41,5 por ciento en esta década.
Los brasileños tienen el récord de utilización de teléfonos móviles, unos 110 minutos al mes en promedio, contra 90 en Estados Unidos. Y se espera que antes del 2003 el país triplique la cantidad de teléfonos celulares de que fispone actualmente.
Ello constituye un factor adicional para el interés existente entre las empresas privadas por la desestatización del sector de las telecomunicaciones en Brasil.
Un consorcio pagó por la concesión del servicio en Sao Paulo 4,4 veces el valor fijado por el gobierno, unos 2.450 millones de dólares.
Los brasileños "aumentarán el tiempo de uso en el futuro, al mejorar el servicio y ampliarse el número de abonados", pronosticó Roberto Peón, representante de la Bell South, empresa estadounidense que encabeza el consorcio que efectuó la oferta considerada una exageración para asegurarse el negocio.
En todo el mundo se está gastando 12 por ciento más cada año en el sector de las telecomunicaciones. El 1995 el promedio por usuario llegó a 905 dólares, 100 dólares más que el año anterior.
Las telecomunicaciones se unen a la informática para componer el eje que lleva a la sociedad de la información. Juntas facturaron 1,37 billones de dólares en 1995, según la UIT.
Esta es la "época de las perplejidades", afirmó Dreifuss en el título de su nuevo libro, en el que aborda los desafíos de la globalización en un mundo cuyo centro está ocupado por las ideas y ya no por los objetos.
La "producción a distancia", que supone elaborar partes de un producto en diferentes países para ensamblarlas en otro, conduce a la constitución de redes de corporaciones que buscan complementar la gran necesidad de tecnologías, capital humano y capacidad operativa con múltiples asociaciones entre empresas.
Ese sistema productivo exige mucha información, comunicaciones que la tecnología actual permite ofrecer con mayor perfección y costos cada dia más bajos.
Pero también conduce a "profundizar el proceso democrático, a demandas de participación en las decisiones gubernamentales en tiempo real", observó Dreifuss.
El sistema de representación política deberá en consecuencia sufrir grandes modificaciones.
Los cambios "interfieren incluso en la forma de oír música, de ver un filme", señaló como modo de ejemplificar los efectos sociales -y psiclógicos- cada vez más acelerados que se están produciendo.
Antes un invento producía transformaciones "30 o 40 años después, ahora lo hace en diez a 20 años", concluyó el investigador brasileño. (FIN/IPS/mo/dg/ct-cr/97


