REPUBLICA CHECA: Cazuela de callos para un nuevo rico

Fidelis Schlee posee cinco caballos de carrera y un par de Rolls Royces (uno de ellos comprado a Mick Jagger), adquiere su ropa en París y Milán, fuma cigarrillos Dunhill importados y nunca deja salir a su hija sin su guardaespaldas.

Aunque aún le gusta la cazuela de callos, ya no tiene que satisfacer sus gustos en uno de los decadentes restaurantes de la era comunista de Praga. Ahora su plato preferido es gentilmente preparado para él a pedido en el selecto restaurante "Golden Pear", a la sombra del Castillo de Praga.

Personas como Schlee constituyen cinco por ciento de la población checa y son llamados "los nuevos ricos" por el restante 95 por ciento, que aún lucha por salir adelante en medio de las reformas económicas.

"Los nuevos ricos" son los pocos afortunados en el país de 10,3 millones de habitantes que han tomado la riqueza del libre mercado con ambas manos; en el caso de Schlee, mediante la edición de periódicos. El diario Lidove Demokracie y el vespertino Vecernik Praha son de su propiedad.

Schlee no menciona cifras, pero admite ser un millonario, supuestamente por azar. "Me encontré en el lugar y el momento justos con la idea adecuada, e invertí en la prensa", manifestó.

Los vagabundos que llenaban las calles de Praga antes de la caída del antiguo régimen, en 1989, casi han desaparecido, y los pobres en general fueron gradualmente desplazados hacia las afueras de la ciudad, donde se encuentran los complejos habitacionales.

El centro de la ciudad, preservado en su esplendor imperial por el régimen comunista, se transformó en los últimos años en una jungla de neón con tiendas y clubes exclusivos, transitada por costosos Mercedes.

La calle Parizka, donde vivían los judíos ricos antes de su exterminación durante la ocupación alemana en la segunda guerra mundial, es ahora el más lujoso centro comercial de Praga.

Tiendas de diseñadores como Chanel, Christian Dior, Nina Ricci y suntuosas joyerías llenan los espléndidos edificios, y una antigua sinagoga fue transformada en una moderna cafetería.

La creación de esta clase rica y arrogante, sedienta de dinero y poder, llevó sólo siete años. Su hábitat natural es la ópera o el ballet, exhibiendo joyas y pieles y codeándose con la aristocracia de Austria o Alemania.

Los que no pertenecen a ese círculo hacen sentir su presencia de otras formas. "Lo difícil es entrar sin ser el blanco de un huevo o un tomate podrido", manifestó Soja Bartosova, esposa de un próspero empresario.

Más de cincuenta guardias de seguridad fueron contratados "para ayudar a los invitados a evitar a los envidiosos", como explicó uno de ellos mientras cumplía funciones en el vestíbulo de la Casa de Operas de Praga.

Pero el estilo de vida que llevan no es suficiente para los nuevos ricos. Muchos de ellos están avergonzados por la forma en que obtuvieron su riqueza y envidian a la clase que posee el privilegio heredado de la verdadera aristocracia.

Mientras, un trabajador común no puede aspirar a ganar más que 300 dólares por mes, y un médico o un abogado poco más que eso. Esta mayoría es cada vez más escéptica con respecto a los supuestos beneficios de la economía de libre mercado.

La paradoja de la nueva sociedad checa consiste en que gran parte de la nueva élite capitalista no es más que la antigua élite comunista, que ha cambiado sus chaquetas de cuatro botones de Alemania oriental por sacos cruzados italianos.

Los hábitos de los nuevos ricos produjeron un efecto negativo a nivel macroeconómico aumentando notoriamente las importaciones, por lo que la balanza comercial, que en 1993 tuvo un pequeño superávit, alcanzará este diciembre un déficit de unos 5.000 millones de dólares, según previsiones del Banco Comercial Checo.

El aumento del gasto doméstico en bienes de consumo importados provoca la salida de divisas y el debilitamiento de las reservas. Del equivalente a 760 millones de dólares invertido en 1995 en maquinaria importada, 200 millones se gastaron en automóviles.

Todo esto, combinado con un enlentecido influjo de divisas, pone en riesgo la tasa de crecimiento del producto interno bruto, situada en cinco por ciento el año pasado.

Pero a los nuevos ricos esto parece no importarles. "Estamos viviendo una era idílica, el comienzo del capitalismo, donde todo puede comprarse y todo es posible", manifestó Martin Kratochvil, quien se hizo millonario vendiendo discos compactos. (FIN/IPS/tra-en/js/rj/ml/if/96

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