La Confederación de Estados de América, la alianza esclavista que enfrentó al presidente Abraham Lincoln en la sangrienta guerra de Secesión (1861-1865), vuelve al sur de Estados Unidos 131 años después de su derrota.
La bandera confederada, incorporada a la del estado de Georgia, flameó en los Juegos Olímpicos celebrados en Atlanta en junio. Uno de los equipos de fútbol estadounidense locales, Georgia Tech, ingresa siempre al campo de juego al compás del himno de la Confederación.
La última viuda de un soldado confederado fue homenajeada con una larga ovación hace pocas semanas por la asamblea estatal de Alabama.
Estos son síntomas que reconocen, entre otras causas, la existencia de grupos como el movimiento de revisión histórica Legado Sureño, que presenta habitualmente un punto de vista favorable a la Confederación y atrae a muchos políticos estadounidenses de primera línea.
Entre esos dirigentes figuran el ex aspirante a la candidatura presidencial por el Partido Republicano Pat Buchanan y varios senadores del Sur.
La lista de suscriptores a la revista Southern Partisan ("combatiente sureño"), que publica homenajes a los "niños mártires de la Confederación y al jefe del ejército de esa alianza, general Robert E. Lee, incluye los nombres de los principales dirigentes derechistas del Sur de Estados Unidos.
Buchanan, los senadores Phil Gramm (Texas) y Jesse Helms (Carolina del Norte), la activista antiabortista Phyllis Schlafley y el sucesor del candidato presidencial republicano, Bob Dole, como líder de la mayoría del Senado, Trent Lott, figuran entre los contribuyentes de la publicación.
Buchanan y Lott son, además, columnistas de Citizen Informer, que se promociona como revista construida en base al "orgullo blanco y el trabajo duro".
Citizen Informer preguntó a sus lectores si las banderas confederadas y otros símbolos y estatuas del Sur debían ser removidos, y 97 por ciento de las respuestas fueron negativas.
Los neoconfederados "atribuyen la derrota de la Confederación a los males de la sociedad moderna y postulan la resurrección de la alianza como solución" a los problemas actuales, escribió Emil Greenhalgh Prague en la publicación antirracista Turning the Tide.
Prague recordó que los simpatizantes de la Confederación de este fin de siglo se oponen a muchas iniciativas del gobierno federal en materia de derechos civiles y femeninos, impuestos y bienestar social.
Organizaciones que vigilan a grupos intolerantes y racistas como el Ku Klux Klan (KKK) afirman que la actividad de estas organizaciones es insultante, en especial hacia la población de origen africano.
Los activistas negros acotan que estos grupos están más comprometidos con la supremacía blanca que con la preservación de su versión de la historia, pero acotan que no representan ningún riesgo de violencia o secesión.
"No los consideramos una amenaza. Ellos no postulan la insurrección. Se dedican, básicamente, a las lecciones de historia", dijo la activista Tawanda Shaw, de KlanWatch, grupo perteneciente al Centro Jurídico sobre Pobreza en el Sur.
"Muchos de esos grupos solo rememoran la Confederación, a la que consideran los tiempos patrióticos. Apelan a las imágenes y a un aparente amor hacia esa época, que, según ellos, define los errores de hoy", afirmó Noah Chandler, director del Centro para la Renovación Democrática, de Georgia.
"No existe un movimiento secesionista serio en el Sur", sostuvo Chandler. Sin embargo, el analista se manifestó preocupado por la contribución de los grupos neoconfederados a la retórica divisionista envuelta en la reivindicación al "derecho de los estados" que componen Estados Unidos.
Políticos del Sur esgrimieron esa misma doctrina en la guerra de Secesión y, decenios más tarde, para atacar a los movimientos de defensa de los derechos civiles de los negros durante las décadas del 50 y el 60.
Muchos de los grupos neoconfederados se oponen con fiereza a la cuarta enmienda de la Constitución de Estados Unidos, que garantiza igual trato ante la ley a las personas pertenecientes a todas las razas y credos religiosos.
Esa enmienda fue utilizada por la Suprema Corte de Justicia para la resolución de casos referidos a derechos civiles en los cuales se declaró la inconstitucionalidad de la segregación racial debido a que hunde sus raíces en la esclavitud.
"La segregación en las escuelas es aún hoy un problema importante, y los grupos de legado expresan un abierto racismo al respecto", manifestó Chandler.
La Liga del Sur, que tiene su sede, paradójicamente, en el estado septentrional de Illinois, se cuenta entre las organizaciones estadounidenses que expresan públicamente su admiración hacia movimientos secesionistas de otros países, como la italiana Liga Norte.
Chronicles, publicación de la Liga del Sur, publicó un trabajo del ex editor de Southern Partisan Thomas Fleming que elogia la actividad desarrollada por la Liga Norte para declarar la independencia de la República de la Padania y se refiere, de paso, al caso estadounidense.
"Este imperio continental que nunca fue una nación real debe descentralizar la toma de decisiones y restaurar la autoridad de antiguas instituciones como pueblo, estado y país o se embarcará en una guerra civil de negros contra hispanos contra blancos contra negros contra judíos", escribió Fleming.
Esta discurso responde más a un debate intelectual que a una exhortación a la insurrección, dijo Shaw.
"Organizaciones como la Liga del Sur, que es, realmente, un grupo de profesores e intelectuales, defienden la historia y la cultura del Sur", sostuvo la activista, quien no percibe en ellos una contribución hacia movimientos más radicales y violentos como el KKK o las milicias.
A pesar de la derrota de 1865, los sureños gozan de gran poder en el gobierno federal de Estados Unidos.
El presidente Bill Clinton y el vicepresidente Al Gore son ambos demócratas y del Sur, uno de Arkansas y otro de Tennessee, al igual que los republicanos Newt Gingrich, de Georgia, portavoz de la Cámara de Representantes, y Lott, el del Senado.
Tanto el Partido Demócrata como el Republicano han apelado en las últimas campañas electorales conquistar el voto de los blancos del Sur a través de medidas como el recorte del presupuesto dirigido a la seguridad social, que confiere mayor poder a los gobiernos estatales.
El movimiento neoconfederado, a pesar de su retórica, "no es realmente confederado", según Chandler, "pero recurren a ese viejo baúl lleno de trucos". (FIN/IPS/tra-en/fah/jl/mj/ip pr/96


