La Organización Mundial de Comercio (OMC) abrirá una batalla por sumar a sus potestades regulatorias el control de la inversión global, durante la próxima Conferencia Ministerial, a celebrarse en diciembre en Singapur.
La reunión de Singapur deberá autorizar la responsabilidad del organismo sobre cuestiones de comercio e inversión, sostuvo esta semana Renato Ruggiero, director de la OMC, ante la Junta de Comercio y Desarrollo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
Ruggiero trasladó el debate sobre el control de las inversiones mundiales a la UNCTAD, la cual cuenta entre sus miembros a fuertes opositores de que estas sean reaguladas por la OMC.
Su afirmación se produjo en momentos en que varias economías emergentes hicieron un llamado a excluir el tema de la agenda de la OMC en Singapur.
Muchos países en desarrollo se oponen a dar a la OMC mayor autoridad sobre las inversiones, temiendo que sus reglas los lleven a aceptar políticas que limitarían su capacidad de proteger sus industrias de las presiones de los mercados mundiales.
India, Malasia y Pakistán lideran a gobiernos de economías emergentes que resisten la inclusión del control sobre las inversiones bajo las potestades de la OMC. Egipto y Cuba también tienen claras reservas sobre el tema.
Pero otros gobiernos de Asia y América Latina están dispuestos al menos a abrir las discusiones en Singapur.
El argumento de Ruggiero se basa en que, en un mundo donde la producción es móvil, el capital "golondrina" y la tecnología difusa, y donde todos los países, industrializados y en desarrollo, compiten por las mismas inversiones y los mismos mercados, "la globalización es un gran equilibrador".
Pero la UNCTAD no está tan segura. Rubens Ricupero, secretario general del organismo, comparó los beneficios de la globalización con los efectos devastadores del desempleo y la "pérdida de la esperanza" entre los trabajadores del mundo en desarrollo e industrializado.
El último informe anual sobre inversión extranjera directa de la UNCTAD reveló que esta creció 40 por ciento en los países industrializados y en desarrollo, alcanzando 315.000 millones de dólares, pero de estos sólo 100.000 millones fueron para las economías emergentes, y a un puñado de países.
Pero Ruggiero fue respaldado por la acción de Canadá y Japón, los cuales propusieron una decisión en un borrador informal sobre el tema en la reunión de Singapur.
El borrador plantearía que los ministros se pongan de acuerdo sobre un programa de trabajo que inicie estudios y discusiones sobre la cuestión de la inversión e informe a la próxima Conferencia Ministerial.
La Unión Europea respalda la posición de Ruggiero. Originalmente, el bloque europeo inició negociaciones sobre un acuerdo de inversión multilateral permitiendo el derecho al establecimiento de un tratamiento nacional a los inversores extranjeros.
Tácticamente, no obstante, la ejecutiva Comisión Europea dejó la medida en manos de Canadá y Japón.
Aunque Japón y Canadá afirman que la propuesta no implicará negociaciones, incluso una discusión sobre un debate implica un proceso de diálogo en la OMC.
Ruggiero presentó su propio borrador para una Declaración Ministerial, con referencias a un futuro programa de trabajo con una lista de varios temas, incluyendo la inversión.
La decisión sobre cuál organismo tratará el tema en cuestión, entre los cuales se sugirió a la UNCTAD y la OMC, debe tener en cuenta, dijo Ruggiero, que varios aspectos de la inversión "son predominantes en los acuerdos de la OMC, en especial las TRIM (medidas de inversión relacionadas al comercio)".
La próxima reunión informal de Jefes de Delegación de la OMC se realizará en la primera semana de noviembre, pero antes Ruggiero se entrevistará personalmente con enviados individuales de los países en duda, en un intento de que acepten el inicio de un "proceso de estudio" en Singapur.
La OMC define el "consenso" como la ausencia de oposición de cualquier miembro en una reunión que trata la decisión sobre un tema, y Ruggiero y quienes presionan por el temas de las inversiones esperan que el proceso aislará a los pocos países que se oponen.
Pero la táctica podría conducir a la confrontación, en momentos en que la visión del "libre comercio" y la "globalización" plantean fuertes preocupaciones entre el público del Norte y el Sur, y la comunidad empresarial del Sur.
El propio Ruggiero reconoció que un cuarto del mundo aún vive en la pobreza, 1.200 millones de personas sin agua potable, 2.000 millones sin acceso a la electricidad, y que tales desigualdades son inhumanas y necesariamente tienen un impacto mundial negativo.
No obstante, mantuvo que los países industrializados y en desarrollo reconocen el hecho de que sus intereses económicos descansan en la globalización y no en la búsqueda de la ventaja nacional.
La creciente participación de los países en desarrollo en el sistema mundial de comercio se basa en el "puro poder económico", sostuvo Ruggiero, y dijo que, de continuar las actuales tendencias, la porción de los países en desarrollo en el comercio mundial alcanzaría 40 por ciento en el 2010, y más de la mitad en el 2020.
En respuesta a las declaraciones de Ruggiero sobre el crecimiento económico en los países en desarrollo en base al intercambio comercial entre ellos, Ricupero dijo que esta es "una verdad relativa".
Las crecientes importaciones del mundo en desarrollo, indicó Ricupero, dependen del futuro del sistema multilateral de comercio, y sólo se mantendrán si aumenta el acceso a los mercados de los países industrializados.
En sus comentarios sobre las declaraciones de Ruggiero, Egipto recordó que el tema se encara desde el punto de vista de los derechos del inversor, y no de sus obligaciones.
Según Egipto, temas como migración e impuestos deben ser tenidos en cuenta y mejor estudiados en la UNCTAD antes de decidir si su regulación corresponde a la OMC.
Estados Unidos reserva su posición en el debate, escogiendo centrarse en un acuerdo de inversión con la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), con sede en París.
Cuba preguntó qué efecto podrían tener el proceso de la OCDE y sus propios acuerdos multilaterales de inversión sobre la OMC, y destacó que el número de aquellos a quienes se niegan los beneficios de la globalización es alarmante.
Ruggiero contestó con una sugerencia de que el Grupo de los Siete (G-7) países más industrializados levanten las barreras a las exportaciones de los países menos desarrollados.
Pero analistas señalan que el G-7 ha rechazado la sugerencia, indicando que sólo estarían dispuestos a hacerlo mediante un Sistema Generalizado de Preferencias para las naciones más pobres de Africa, las cuales no representan una amenaza a la competitividad del Norte. (FIN/IPS-TWN/cr/rj/lp/if/96


