BURUNDI: Alejarse de la capital se paga con muerte y mutilación

Bigirumwami Deo, oficial del ejército de Burundi, es uno entre decenas de miles de mutilados por el conflicto étnico que sufre su país. Aún no puede hablar muy bien y tiene una prótesis en lugar del brazo derecho.

Una bala enemiga le destrozó el costado derecho de la boca y otra le provocó heridas irreparables en el brazo. Ocurrió en una emboscada en los peligrosos caminos de este pequeño y densamente poblado país centroafricano. Deo acaba de llegar de Bruselas, donde le practicaron una gran operación.

"Perdí 20 dientes y un brazo", dijo a IPS este militar de poco más de 30 años de edad. Pero admite que es afortunado. Aún vive. Más de 150.000 personas murieron en este país de 6,6 millones de habitantes desde que estalló la violencia en 1993.

El primer presidente electo de Burundi, Melchior Ndadaye, fue asesinado en octubre de ese año a manos de militares renegados. La raíz del conflicto es étnica. Rebeldes hutu combaten contra la minoría tutsi, que ha dominado tradicionalmente el ejército y el gobierno.

La mayoría de los muertos y mutilados a causa de la guerra civil en los últimos tres años fueron civiles.

El portavoz de la presidencia Jean Luc Ndizeye dijo a IPS que la seguridad de la población del país ha mejorado desde que el mayor Pierre Buyoya se hizo cargo del gobierno hace dos meses tras derrocar a Sylvestere Ntibantunganya.

"Ahora nadie escucha noticias de masacres con 100, 200 o 300 muertos, como era habitual antes del cambio de presidente", afirmó.

Pero viajar a través de Burundi es todavía sumamente peligroso.

"Es riesgoso aun alejarse un kilómetro de Bujumbura", dijo un funcionario de Naciones Unidas en Burundi. Antes de la crisis, recordó, era común que los pobladores viajaran por todo el país para concurrir a fiestas familiares. "Ahora, no lo hacen más", sostuvo.

El ejército suministra escolta en viajes dentro de este pequeño país de apenas 27.834 kilómetros cuadrados. La mayoría de la población prefiere viajar en convoyes para minimizar el riesgo de sufrir una emboscada.

Cuarenta funcionarios de organismos humanitarios se negaron a inicios de mes a regresar por carretera a sus puestos en el interior de Burundi y permanecieron en Bujumbura, la capital, hasta que un avión del Programa Mundial de Naciones Unidas para la Alimentación regresó de un viaje de rutina en Sudáfrica.

Tropas del gobierno hallaron en septiembre el cuerpo acribillado del arzobispo católico Joachim Ruhuna. Tanto el ejército como los rebeldes hutu negaron ser responsables del asesinato del líder espiritual de 80 por ciento de la población de Burundi.

El extrovertido prelado, célebre en este país por sus críticas a los antagonistas de la violencia imperante, había rechazado la escolta ofrecida por el ejército.

Los periodistas extranjeros también sufrieron el acoso de los bandos en pugna en los viajes por territorio de Burundi.

Los gobiernos de Camerún, Etiopía, Kenia, Ruanda, Tanzania, Uganda y Zaire impusieron sanciones sobre Burundi el 31 de julio para obligar a Buyoya a restaurar el gobierno civil.

Estos países cortaron su contacto aéreo, carretero y marítimo con este territorio mediterráneo en el corazón de Africa. Apenas permiten el ingreso de ayuda humantaria, y, desde inicios de mes, de periodistas.

El comité intergubernamental que supervisa las sanciones a Burundi decidió permitir los viajes de periodistas en los vuelos que transportan alimento y medicinas a cargo de Naciones Unidas, pero no a través de aviones arrendados.

La decisión fue tomada luego de que cuando Nicholas Kotch, presidente de la Asociación de Corresponsales Extranjeros de Africa Oriental, se quejó de los riesgos que debían enfrentar los periodistas cuando viajaban a Bujumbura por carretera.

El único camino habilitado para ello atraviesa la frontera con Ruanda, donde "ataques y emboscadas son frecuentes", según Kotch.

"Un periodista extranjero fue asesinado y otro herido de gravedad en una embscada. No podemos entrar a Burundi desde Zaire porque la frontera está cerrada", agregó.

Un vuelo de 15 minutos desde la frontera de Ruanda hacia Bujumbura reveló a inicios de mes a un grupo de periodistas la magnitud de la destrucción ocasionada por la guerra en zonas rurales.

"Esas casas sin techo fueron destruidas por esos que se llaman rebeldes. Sus residentes huyeron a campos de desplazados y viven como mendigos", dijo el piloto.

Setenta por ciento de los 400.000 desplazados por culpa del conflicto étnico son mujeres y niños, según el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

"Algunos de los rebeldes se ocultan aquí, en Kibira", agregó. Se trata de la selva ubicada en la frontera triple entre Ruanda, Zaire y Burundi.

Los insurgentes amenazaron con abatir cualquier avión que vuele hacia Bujumbura sin su permiso. "Esa amenaza es inútil. No tienen armas para hacerlo", sostuvo el piloto. Pero sí para atacar a quienes transitan por los caminos. (FIN/IPS/tra-en/mn/jm/pm/mj/ip pr/96

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