Las duras restricciones impuestas a las mujeres de Afganistán por las milicias islámicas Talibán obedece a la intención de controlar la población civil mayoritariamente femenina del país, según observadores en Pakistán.
La represión a las mujeres ha sido la carta de presentación del nuevo régimen, que demuestra así su fervor islámico, pero las características de la compleja sociedad paquistaní no le permitirá continuar mucho tiempo por la misma senda, agregaron los analistas.
Los habitantes de Kabul, la capital del país, relativamente más liberales que los del resto del país, debieron aceptar impotentes estas normas mientras Talibán se hizo cargo del control de dos tercios del territorio afgano.
A pocos días de la caída de Kabul, los nuevos gobernantes restauraron la más medieval y estricta de las interpretaciones de la "sharia" (ley islámica), especialmente en lo que refiere a las mujeres de este país asolado por la guerra civil.
Estas reglas no atañen solo al vestido, que debe cubrir todo el cuerpo y el rostro de las mujeres. También prohíben el trabajo femenino y el acceso de las niñas a las escuelas.
"Esta es la forma más simple y rápida de demostrar en los hechos las credenciales islámicas de un movimiento político o un gobierno. Además, es gratis", comentó un observador político en Islamabad.
"Mientras la 'sharia' contribuye a reducir el bandidaje en la vida civil, esta versión del Islam viola principios religiosos básicos como la justicia, la tolerancia y la adaptabilidad", agregó el informante.
Tras capturar Kabul y asumir el control sobre 20 de las 32 provincias afganas, las milicias Talibán intentan avanzar sobre los tres valles aún controlados por sus rivales en el norte del país antes de que comience el invierno, particularmente crudo en esta región.
El avance de los talibanes fue frenado en el valle de Panjsher, controlado por la guerrilla de la etnia tajika conducida por Ahmed Shah Masood, y el túnel de Salang, en manos del poderoso uzbeko Abdul Rashid Dostum, quien controla seis provincias septentrionales.
Dostum selló esta semana una alianza militar con el desplazado presidente de Afganistán, Burhanuddin Rabbani.
En los últimos seis años, facciones rivales "mujahiddines", combatientes contra la ocupación soviética que transcurrió entre 1979 y 1989 y el régimen comunista que se prolongó hasta 1992, se disputan el control de Kabul, tras desplazar el gobierno.
Pero el Talibán es un recién llegado a la guerra civil, pues emergió hace apenas dos años en los que lograron inusitadas victorias militares.
Estas milicias nuclean a ex estudiantes de universidades religiosas en el norte de Pakistán, hijos de exiliados afganos durante la ocupación soviética.
El 27 de septiembre, Talibán se convirtió en la principal fuerza política y militar de Afganistán, cuando derrocó a Rabbani y puso fin al sin precedentes gobierno hegemonizado por la etnia tajik. La milicia estudiantil está compuesta, fundamentalmente, por patanes.
La capital afgana escapó casi ilesa de los primeros combates entre mujahiddines después de la muerte de cientos de miles de personas y del desalojo del gobierno comunista. Ahora, el frente de batalla se trasladó hacia el norte.
Los jóvenes combatientes talibanes necesitarán adquirir tanta destreza en política y administración como la que han demostrado en cuestiones militares para permanecer en el poder.
Las milicias deberán comprobar que pueden restaurar la paz política y social en el resto de Afganistán, donde los reclamos más urgentes son de servicios básicos como el suministro de agua potable, salud y educación.
"Un gobierno islámico no es únicamente aquél que asegura a través de palos y piedras una forma de vestirse para hombres y mujeres. También existen ciertas reglas de decencia definidas por la cultura predominante en una sociedad", explicó un observador político paquistaní.
Es fácil reprimir un pueblo, especialmente a sus mujeres, que constituyen el sector más vulnerable de una sociedad. Pero no pasará mucho hasta que Talibán se dé cuenta de que lo que aprendieron en los seminarios no será suficiente para gobernar un país tan complejo como Afganistán.
Buena parte de la población educada de Kabul es femenina, por lo cual "el envío de las trabajadoras a sus casas y la prohibición de la educación escolar a las niñas son, sin dudas, imposiciones que tendrán poca vida", pronosticó el informante.
"Esto no pasará de esta etapa de transición. Después, Talibán deberá aceptar normas islámicas que disponen el trato a las mujeres como seres humanos", agregó.
Pero el mullah (clérigo) Amir Khan Mutaqi, ministro de Información y Cultura del consejo de gobierno de Talibán, descartó la posibilidad de atenuar la estricta sharia.
"No hay posibilidades de un cambio en los principios islámicos, que no han cambiado en los últimos 1.400 años. Estos principios son eternos", dijo Mutaqi.
El secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Boutros Boutros-Ghali, anunció que las restricciones a la actividad femenina tendrán "serias consecuencias" que afectarán el financiamiento de los programas de alivio y reconstrucción de Afganistán.
Muchos programas de la ONU y de otras agencias de ayuda humanitaria en favor de Afganistán son desarrollados por mujeres. Varios de ellos alientan las visitas a clínicas prenatales durante el embarazo y la alfabetización femenina.
El Fondo de ONU para la Infancia (Unicef) decidió suspender sus programas de educación hasta nuevo aviso. (FIN/IPS/tra- en/nz/an/mj/ip pr/96


