(Artes y Espectáculos) CUBA: El teatro del fin de la utopía

El teatro cubano, sumido en crisis permanente desde principios de esta década, se convierte, sin embargo, en el espacio artístico por excelencia para el diálogo social y la reflexión crítica.

Disidente para unos, oportunista para otros y nostálgico para muchos, el teatro incluye de todo en Cuba, desde grandes obras de arte hasta mediocridades que sólo buscan satisfacer exigencias del público para asegurarse el éxito.

Para Orlando Vigil, dramaturgo y especialista en cultura comunitaria, más que una manifestación "oportunista", el teatro de los 90 es la confirmación de una lucha artística por preservar sueños nacidos con la revolución de 1959, que muchos creen "en peligro".

El llamado "fin de las utopías" llegó a la isla con la caída del muro de Berlín, la desaparición de la Unión Soviética y la peor crisis nacional de la segunda mitad de este siglo, que afectó a todos los sectores de la economía y también a la cultura.

La programación teatral se redujo a los fines de semana, el precio de las entradas se multiplicó por cuatro, actrices y actores buscaron contratos en otros países y, por primera vez en más de tres décadas, el arte tuvo que pensar en términos comerciales en busca del autofinanciamiento.

Los 50 proyectos escénicos aprobados y subsidiados por el Ministerio de Cultura en la capital encuentran dificultades para sostenerse en una ciudad de dos millones de habitantes con algo más de 10 salas de teatro de horario restringido y todo tipo de carencias.

Así y todo, según la especialista Vivian Martínez, los artistas cubanos conquistaron para el teatro el derecho de proponer a la sociedad "una reflexión humana, social, ética y filosófica sobre sus contradicciones".

"Una añoranza de vida mejor, y no precisamente el nihilismo o la total desesperanza, emerge obsesivamente en los escenarios", observó la investigadora teatral Magaly Muguercia .

En agosto de 1994, la escena habanera asistió al estreno de "Parece Blanca", una obra en que Abelardo Estorino, el mayor de los dramaturgos cubanos vivos, ofreció una versión personal de la novela de Cirilo Villaverde "Cecilia Valdés o la Loma del Angel", sin duda un mito nacional.

El público de esos días, que vivía a diario el éxodo de los "balseros" hacia Estados Unidos, de inmediato encontró referencias a la crisis actual en esa versión de una obra del siglo pasado.

Casi dos años después, el teatro cubano parece revivir, al punto de actualizarse una frase del crítico Rine Leal, que en su libro "En primera persona" calificaba el movimiento escénico de los años 60 como la más importante y vital de las manifestaciones artísticas de la época.

Para el dramaturgo y crítico Amado del Pino "no hay suficientes elementos para afirmar algo así, pero lo teatral es de las expresiones culturales que más motiva e inquieta como consecuencia, sobre todo, de su imprescindible vocación de diálogo con el público".

Sin embargo, Del Pino agrega que "las limitaciones editoriales y de prensa existentes en el país desde 1990" han impedido suficiente divulgación de "la constante atmósfera de polémica que rodea la escena".

Según el crítico de arte Rufo Caballero, "no deja de ser curioso que una manifestación como el teatro esté ocupando hoy el espacio de reverberación crítica asumido durante los años 80 básicamente por la plástica".

Todavía se recuerda con nostalgia las exposiciones de la llamada generación de los 80 y de sus seguidores más jóvenes que, en la década pasada, movilizaron a la opinión pública nacional con una propuesta reflexiva y crítica de la sociedad.

Abel Prieto, presidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, dijo a principios de este año que en el país "hay cada día una mayor madurez para entender el papel crítico del arte".

En entrevista con la revista Revolución y Cultura, publicación mensual del Ministerio de Cultura, Prieto reconoció, sim embargo, que han subsistido "incidentes y tensiones".

Esos problemas parecen tener origen en las popularmente llamadas "puyas" y que no es más que abordar las cuestiones más más acuciantes de la sociedad de forma indirecta, con sentido del humor o con las "frases de doble sentido"

Para los expertos, lo preocupante no está en la crítica que se hace sino cómo se hace pues, a decir del actor y actual funcionario de gobierno Sergio Corrieri, "una obra no tiene ninguna efectividad en el debate político o social si no tiene un lenguaje artístico eficaz".

"Shakespeare y Molière fueron fecundos productores de 'puyas", dijo Muguercia en defensa de un recurso expresivo que, a su juicio, no representa una forma de disidencia, sino la continuidad de una tradición universal del teatro.

Por lo pronto, el panorama artístico lleva a muchos expertos a descartar la palabra crisis, que tanto se ha aplicado al ámbito teatral pese a que es posible presenciar algunos espectáculos notables.

Hombres de teatro consagrados, como Alberto Pedro, y otros, noveles, como Víctor Varela y Carlos Díaz, prueban con su trabajo la vigencia de un movimiento que mantiene su multiplicidad expresiva y logra insertarse en circuitos y festivales de importancia en el mundo.

En cuanto al público, tras los primeros años de una crisis económica que llevó a los cubanos a confinarse en el hogar, comienza a regresar a las salas.

En opinión de Vivian Martínez, el espectador cubano de hoy busca en el teatro el sitio donde "compartir sus preocupaciones cotidianas", algo que no encuentra ni en la televisión ni en la prensa. (FIN/IPS/da/ff/cr/96

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