DROGAS/BOLIVIA: La guerra sin fin en su peor momento

La presencia en la capital de Bolivia de mas de un centenar de mujeres cocaleras, que llegaron tras una marcha de 30 dias y este lunes cumplen una semana de huelga de hambre, reactualizo el conflicto de una guerra anti drogas que no convence y esta en su momento mas dramatico.

Ni totalmente inocentes ni plenamente culpables, los campesinos cocaleros -hombres y mujeres- se mueven en el filo de la linea divisoria entre lo legal y lo ilegal en un territorio minado por la violencia, de la que con frecuencia son sus victimas preferidas.

Sobre las mujeres cocaleras del Chapare -region productora de coca y cocaina- caen con mas fuerza los abusos y violaciones de derechos humanos de los efectivos policiales, al amparo de una severa ley antidroga contraria incluso a principios universales como la presuncion de inocencia.

Por eso llegaron a La Paz, para pedir el respeto de sus derechos ciudadanos, pero tambien para oponerse a los planes de erradicacion de sus cultivos, que el gobierno aplica cada vez con mas severidad ante la presion sin contemplaciones de Estados Unidos, que amenaza a este pais con la "descertificacion".

Sin embargo, el duro sacrificio de la caminata por senderos entre montanas y rios, y ahora del ayuno voluntario, parecen caer en saco roto por la indiferencia del gobierno, dispuesto a continuar con la misma estrategia en una guerra que ya lleva mas de un decenio sin demostrar eficacia ni utilidad.

Las marchistas-huelguistas que llegaron a La Paz son apenas un punado representativo de las mas de 35.000 familias asentadas en el Chapare, aquella tierra prodigiosa que esconde con facilidad el negocio de los narcotraficantes tanto como favorece la produccion de los campesinos cocaleros.

Ya para nadie -ni siquiera para los propios campesinos- es desconocido que mas de 90 por ciento de los cultivos de coca del Chapare se destinan al narcotrafico, que en esa region produce unas 180 toneladas de cocaina por ano, segun calculos gubernamentales.

Tan contundente como esa verdad es la certeza de que la tozuda decision de los campesinos de cultivar coca en el Chapare es producto de la aguda pobreza rural -la mayor del continente- y la falta de oportunidades de trabajo en las ciudades.

"Las mujeres cocaleras postulan la inocencia basica que reviste toda actividad dictada por el imperio de la necesidad y la supervivencia, por el afan de alimentar a la familia y aspirar a una vida mejor, sin la angustia del hambre o la inseguridad de mercados laborales cada vez mas mezquinos y degradantes".

Asi definio el tema del conflicto de las cocaleras en La Paz la sociologa y docente universitaria Silvia Rivera, para quien el problema planteado por las mujeres cocaleras no tiene nada que ver con la definicion "aprioristica y moral" de la coca como cocaina de las campanas del gobierno.

Una gran parte de los campesinos cocaleros ahora asentados en el Chapare eran hasta hace 10 anos mineros de los socavones estatales, cuya combatividad les prestigio en toda America Latina.

La abrupta caida de los precios internacionales del estano en 1985 obligo al gobierno de entonces -cuando el actual presidente, Gonzalo Sanchez de Lozada, era ministro de Planeamiento- a despedir a la mayoria de los empleados de la estatal Corporacion Minera de Bolivia.

El gobierno de entonces, liderado por el cuatro veces presidente Victor Paz Estenssoro, invento para ellos el eufemistico termino "relocalizados", en lugar de "despedidos", sin saber la ironia que se escondio en esa tactica.

Meses despues, los ex mineros se ocuparian de cultivos de coca de alta competitividad economica.

Persuadidos de que el problema del narcotrafico es esencialmente un problema economico, tres sucesivos gobiernos intentaron enfrentar este conflicto con el desarrollo alternativo, una propuesta atractiva y muy logica en teoria, pero que en la practica ha demostrado muchas dificultades.

La no competitividad de otros cultivos frente a la coca, la falta de mercados para los productos alternativos, la falta de apoyo con creditos y la escasa participacion de los campesinos en la formulacion de esos planes han hecho del desarrollo alternativo un fracaso.

Incluso los criticos reconocen sin embargo que los cerca de 200 millones de dolares invertidos en proyectos de desarrollo alternativo en el Chapare en los ultimos 10 anos permitieron un mejoramiento de la infraestructura en esa region en materia de electrificacion, camineria, alcantarillado y agua potable.

Ahora, como un triste corolario de este panorama, el gobierno anuncio que a partir de este ano, la compensacion economica que se paga a los campesinos por la reduccion voluntaria de cultivos de coca la tendran que pagar los propios bolivianos con sus impuestos.

Hasta 1995, esos fondos (unos 12 millones de dolares consignados para la erradicacion de 5.400 hectareas de coca por ano) provenian de la cooperacion internacional, principalmente de Estados Unidos, que desde 1994 viene reduciendo gradualmente su apoyo financiero.

Entretanto, las mujeres cocaleras reafirmaron su voluntad de llegar hasta donde sea necesario en su confrontacion con el gobierno, y han ratificado que de La Paz no se iran con las manos vacias. (FIN/IPS/jcr/jc/ip/96)

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